Central nuclear de Zaporizhzhya, en el sureste de Ucrania
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Bloomberg Opinión — Hace dos décadas, estuve más de dos años durmiendo a unas cuantas cubiertas por encima de ocho reactores nucleares a bordo del Enterprise, el portaaviones de propulsión nuclear más antiguo de la Armada de Estados Unidos. En aquel entonces yo era el contralmirante al mando del grupo de ataque del Enterprise, y “rompí mi bandera” y navegué hacia un largo despliegue de combate en Medio Oriente para apoyar en las guerras de Irak y Afganistán.

No me quitaba el sueño pensar en esos reactores porque sabía lo profesional y meticulosa que era la Marina en su manejo: Todos los submarinos y portaaviones estadounidenses utilizan propulsión nuclear. Dediqué bastante tiempo a nuestros ingenieros y aprendí mucho sobre las ventajas y los peligros de la energía nuclear.

Hoy en día me quita el sueño la situación en Ucrania, donde las tropas del presidente ruso Vladimir Putin están ocupando la mayor central nuclear de Europa, en Zaporiyia. El presidente ruso está jugando con fuego, y gran parte de Europa (y también Rusia) corren un riesgo importante de sufrir un incidente nuclear con terribles consecuencias a largo plazo. En este escenario: ¿Qué debe hacer la comunidad internacional?

Zaporizhzhia representa alrededor del 20% de la electricidad del paísdfd

Los rusos han capturado todo el complejo nuclear del sureste de Ucrania y se aferran a él por tres razones principales. En primer lugar, Putin considera que el emplazamiento estratégicamente situado, cerca del foco de las esperadas operaciones ofensivas ucranianas centradas en la región de Kherson, es una especie de santuario desde el que sus fuerzas pueden realizar ataques. Cree que los ucranianos no bombardearán el lugar por el riesgo de que se libere radiación.

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En segundo lugar, Putin está utilizando la situación para intimidar a los europeos, amenazando esencialmente con una catástrofe nuclear como la crisis de Chernóbil en 1986. Por último, quiere poder cortar la red eléctrica de Ucrania, ya que Zaporiyia suministra un asombroso 20% de la electricidad del país.

No tenemos que imaginar cómo podría ser una liberación de radiación. Basta con recordar el caso de Chernóbil, que se debió a fallos estructurales y de formación. Los efectos se sintieron más directamente en Ucrania, pero una importante cantidad de radiación acabó en Bielorrusia, al norte, y en la propia Rusia. Es difícil predecir las muertes atribuidas a un evento de radiación de este tipo, pero la mayoría de las fuentes creen que miles de personas acabaron muertas o con graves consecuencias para la salud, especialmente cánceres. Los costos de reparación se aproximaron a los 100.000 millones de dólares, con más de 330.000 evacuados.

Más recientemente, en 2011, un terremoto y un tsunami golpearon la central nuclear de Fukushima Daiichi en Japón. El fallo del reactor y la liberación nuclear recibieron la calificación más severa del Organismo Internacional de Energía Atómica, el nivel 7, sólo igualado por Chernóbil. A pesar de la masiva respuesta civil y de la abundante ayuda internacional (incluidos los equipos de la Marina de Estados Unidos), miles de personas se vieron afectadas y más de 150.000 fueron evacuadas.

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Ahora imagine que hubiera habido una guerra en Chernóbil en 1986 o en Fukushima en 2011. El número de muertos y los costos materiales habrían sido mucho más elevados dada la dificultad adicional de llevar fuerzas de socorro y soluciones de mitigación de la radiación a las centrales.

En el caso de Zaporiyia, hay varios caminos hacia el desastre. El primero sería un fallo en el funcionamiento seguro de la planta. Los trabajadores ucranianos están manteniendo heroicamente la planta en funcionamiento bajo las armas de los ocupantes rusos. Un error por su parte -poco probable dadas las presiones en el lugar- podría provocar una crisis de refrigeración que llevara a una fusión.

Otra preocupación obvia, que estuvo a punto de producirse hace unos días, sería un combate que dejara fuera de servicio el sistema de refrigeración, que requiere electricidad, y destruyera los generadores diesel de reserva (que también podrían quedarse sin combustible).

Por último, el fuego de artillería podría alcanzar los contenedores de uranio gastado en el emplazamiento, creando una liberación de radiación más localizada, pero aún peligrosa. Aunque se nos asegura que no podría producirse una detonación nuclear completa, los riesgos a largo plazo para las personas y las infraestructuras son evidentes. Zaporiyia es realmente una bomba de relojería.

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¿Qué se puede hacer para evitar una catástrofe como la de Chernóbil? Lo más importante es que la comunidad internacional insista en una inspección exhaustiva del reactor. Esta es una misión para el OIEA, hábilmente dirigido por el diplomático argentino Rafael Grossi, que tiene un equipo en camino al sitio esta semana.

(Con menos urgencia, este tipo de misión debería considerarse en otros lugares: hay más de 440 centrales nucleares en todo el mundo, algunas en regiones políticamente inestables o vulnerables a los desastres naturales).

El siguiente paso es complicado pero crítico: desmilitarizar la planta de Zaporiyia y sus alrededores. Cualquier operación nuclear en una zona de combate debe ser considerada por el derecho internacional de forma similar a una instalación médica o un centro religioso: una zona de no ataque/no ocupación. Hay que presionar a Rusia para que entregue la central a una misión internacional dirigida por las Naciones Unidas y dotada de personal del OIEA. El apoyo logístico podría ser proporcionado por un país neutral, tal vez la India, que opera más de 20 reactores.

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Convencer a Rusia de que lo haga será difícil, pero podría ejercerse una presión adicional mediante una nueva condena en la Asamblea General de la ONU; si la Organización del Tratado del Atlántico Norte volviera a la idea de una zona de exclusión aérea, al menos limitada a la zona que rodea la central nuclear; o mediante un mayor castigo económico, incluyendo sanciones secundarias globales sobre las ventas energéticas rusas.

Las recientes negociaciones entre Rusia y Ucrania, organizadas por Turquía y la ONU, reanudaron los envíos de grano desde los puertos ucranianos del Mar Negro para contribuir a que la escasez de alimentos no provocara disturbios a nivel mundial. Evitar la posible catástrofe de una liberación masiva de radiación nuclear es al menos igual de importante.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.