Un tanque ruso destruido en Ucrania
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Bloomberg Opinión — Las fuerzas de Ucrania han recuperado más de 3.000 kilómetros cuadrados de su territorio en la última semana, lo que supone más que el territorio que Rusia había añadido a su ocupación en el transcurso de estos seis meses desde el inicio de la guerra. Desde entonces, la bandera de Ucrania se ha vuelto a enarbolar en múltiples pueblos y aldeas, y sus ofensivas, tanto en el noreste como en el sur, han hecho retroceder al ejército ruso. En las carreteras hay tanques y camiones de Rusia abandonados. ¿Acaso se trata de un momento decisivo en la guerra? ¿Cuál es la próxima jugada de Vladimir Putin?

Desde el punto de vista táctico, los avances en el campo de batalla son esenciales, pero no concluyentes. Aunque los ucranianos se han movilizado rápidamente para ensangrentar la nariz de Rusia, los rusos sencillamente pueden replegarse a posiciones defensivas, afianzar sus fuerzas y defender sus conquistas en el Donbás y el vital puente terrestre hacia Crimea que atraviesa Mariúpol. A medida que los rusos abandonen la ofensiva y pasen a la defensa, su posición militar se afianzará; en la jerga militar, “la defensa es al ataque como tres contra uno”.

Desde el punto de vista operativo, estos progresos en la región de Kharkiv son también importantes, pero todavía no suponen un auténtico giro en la guerra. En la ofensiva en curso, Ucrania ha hecho gala de dos cualidades vitales. La primera es la habilidad para realizar operaciones ofensivas en un conjunto pluripolar de ejes, al controlar al mismo tiempo desplazamientos de combate significativos en el norte, el este y el sur, algo que los rusos no han logrado. Además, han conseguido llevar a cabo excelentes acciones de armas combinadas, lo que implica que han coordinado sus tropas sobre el terreno, la artillería, los tanques y la aviación de apoyo cercana. Una vez más, los errores rusos en este ámbito son notables.

En términos de estrategia y psicología, las reconquistas supondrán un impacto relevante para el país y sus aliados. En primer lugar, servirán para que Kiev reivindique su habilidad para expulsar a los rusos de todos los territorios ucranianos, incluso de Crimea. Si bien las posibilidades de cumplir plenamente un objetivo tan ambicioso son elevadas, la finalidad será más verosímil a la luz de estas operaciones. Los triunfos obtenidos también motivarán a Europa a mantener el ritmo de las sanciones contra Rusia ante la posibilidad de una recesión y desabasto energético este invierno. Por su parte, en Estados Unidos, fortalecerán las promesas de la administración Biden de una estrategia muy exitosa para frenar la invasión rusa.

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Pero en Rusia, acercarán a Putin a una serie de contramedidas más dramáticas, todas las cuales harán que esta situación ya inestable sea aún más peligrosa.

El presidente ruso aún tiene cartas por jugar. Habiendo forzado ahora el reactor nuclear de Zaporiyia a un apagado en frío (disminuyendo la electricidad ucraniana en un 20%), continuará utilizando ese importante terreno estratégico para lanzar ataques contra los ucranianos y defender los accesos a Crimea. Es posible que se avecinen más ataques para disminuir la infraestructura crítica (electricidad, gasolina, agua, internet). Podría aumentar los esfuerzos de la fuerza aérea rusa para simplemente bombardear Ucrania y desmoralizar a la población, como lo hizo en Siria, destruyendo virtualmente una ciudad tras otra.

Putin puede decidir que es hora de usar armas químicas (especialmente si puede crear un escenario de “bandera falsa” y culpar a Estados Unidos y Ucrania). Además, podría retirarse del acuerdo que permite los envíos de granos, elaborado tan trabajosamente entre Rusia, Ucrania, Turquía y la Organización Marítima Internacional de la ONU.

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Su mayor problema será la cantidad de tropas. Las estimaciones creíbles de sus pérdidas, tanto muertos como gravemente heridos, superan los 80.000. En algún momento cercano, especialmente dados los informes de desmoronamiento de la moral entre las unidades en Ucrania, puede verse obligado a reclutar más tropas, una medida que será muy impopular en Rusia, donde es un crimen incluso llamar al conflicto “una guerra”.

Aunque los ucranianos deberían estar orgullosos de su habilidad operativa, determinación y destreza en el combate, sus éxitos recientes, irónicamente, aumentarán el potencial de expansión de la guerra. En el extremo oscuro del espectro, no se puede descartar el uso de armas nucleares tácticas, aunque es muy poco probable, y probablemente llevaría a la OTAN al conflicto con la creación de una zona de exclusión aérea.

Nuestro trabajo en Occidente es poner las armas adecuadas en manos de los ucranianos para que puedan lograr los mejores resultados en el campo de batalla y la posición más sólida en la mesa de negociaciones, para lo que probablemente todavía falten meses. Pero el peligro de un conflicto cada vez mayor está aumentando, y claramente tendremos un otoño boreal peligroso por delante.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

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