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Consulta popular en Ecuador: ¿por qué y para qué?

El Gobierno llega con su propuesta de consulta popular justo cuando sus niveles de aprobación son bajos y el ecuatoriano se muestra pesimista

Foto referencial de la consulta popular de 2018.
14 de septiembre, 2022 | 09:10 AM
Tiempo de lectura: 4 minutos

QUITO — Guillermo Lasso apuesta por una consulta popular justo cuando su popularidad es muy baja. Al menos así lo muestran las últimas cifras de la encuestadora Perfiles de Opinión, donde el mandatario registra apenas 17% de aprobación. A decir de Lasso, la consulta responde a una necesidad de la ciudadanía a expresarse, ¿pero será la estrategia más adecuada considerando el actual ambiente político?

Para el analista político Pedro Donoso, Lasso apuesta por el referendo como una respuesta al bloqueo político de la Asamblea, por ello, la premisa es: “Como la Asamblea no me deja hacer las cosas, pues lo hago a través de consulta popular”.

Sin embargo, una de las preocupaciones recae en que las ocho preguntas presentadas no plantean soluciones estructurales a los problemas que la población identifica, especialmente a la falta de empleo y la reactivación económica.

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Tres escenarios posibles

A esto hay que sumarle que el proceso normativo no es tan sencillo y que el panorama político es adverso. Para Donoso existen tres escenarios posibles:

El primero es la derrota antes de jugar. Es decir, que la propuesta no pase el control de la Corte Constitucional.

El segundo escenario es que la pérdida llegue en las urnas y la población desapruebe lo planteado por el presidente, pues cabe recordar que históricamente el resultado de las consultas populares ha sido directamente proporcional a la aprobación del mandatario de turno.

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El tercer escenario es una ganancia para el Ejecutivo, que no necesariamente sería una victoria, pues esto significaría que el Gobierno deberá cumplir con lo aprobado y no es tan fácil tampoco.

El desánimo y la desconfianza

Además de estos escenarios, Donoso considera que existe un obstáculo aún más importante y es el desánimo de la gente. Según la misma encuesta de Perfiles de Opinión, nueve de cada 10 ecuatorianos son pesimistas respecto al presente y aquello tiene que ver con la desconfianza que ha sembrado el propio Estado. “Por lo tanto, si el convocante es el Estado y yo no creo en sus tesis, es bastante lógico que mi reacción sea votar por el ‘no’”, apunta Donoso.

Es así que el mayor problema de la consulta es que la gente “no cree en el Gobierno, no cree en la Asamblea, no cree en nadie…”.

Preguntas pendientes

Respecto a las preguntas también hay varias resistencias, especialmente porque se esperaba que el Gobierno consulte sobre temas económicos, que son de alta preocupación ciudadana; sin embargo no fue así.

La consulta, que hasta el momento en realidad sería un referendo porque trata únicamente cambios a la Constitución, se enmarca en temas de seguridad, institucionalidad y medio ambiente. En el siguiente enlace puede revisar las preguntas:

Estas son las ocho preguntas planteadas por el Gobierno

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¿Qué otro camino pudo tomar el Gobierno?

Donoso cree que antes de una consulta popular, una estrategia más clara e idónea era “plantear puentes con el Legislativo para aprobar esas reformas”, a pesar de lo compleja que es la relación con el parlamento, pues “no nos olvidemos que el gobierno se juega una carta bastante riesgosa: que es poner otro proceso electoral dentro de un proceso electoral”, como son las elecciones seccionales de febrero de 2023 y que coincidirían con la consulta.

Otra opción antes de una convocatoria a las urnas “era fortalecer las mesas de diálogo” que al momento se mantienen con el movimiento indígena y ampliarlas a la sociedad civil para encontrar mejores soluciones.

Pero además, Donoso piensa que la iniciativa no debió provenir del Ejecutivo, sino que debió ser “una propuesta desde la periferia, desde la ciudadanía, desde una organización ciudadana como Ecuador Libre que es el think tank del Gobierno”, pues esto habría abierto una tercera vía conceptual y de debate.

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A decir del analista, todas estas omisiones se dan porque el Gobierno “no tiene una identidad clara” y cuando “no tienes identidad, cuando te faltan espejos en Carondelet, no tienes estrategia”. Por eso afirma que la consulta es una estrategia “que no está bien pensada desde el origen” y que viene en “un pésimo momento” debido al desgaste y la poca popularidad del Gobierno.

Por ahora, el Ejecutivo ha anunciado que probablemente incorporará una o dos preguntas más a su iniciativa, pero estas serán de consulta popular y no de referendo.

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¿Cuál es el proceso?

Primero, la Corte Constitucional califica el cuestionario y determina cuál es la vía que deben seguir las preguntas: enmienda a través del referendo, una reforma por medio del Legislativo o un cambio constitucional en una Asamblea Constituyente. No existe un plazo legal para este trámite.

Cuando este proceso concluya, el presidente debe emitir un decreto de convocatoria al referendo que también deberá ser revisado por la Corte con el fin de verificar que las preguntas sean idóneas y no induzcan a las respuestas, tengan un lenguaje neutro, entre otras consideraciones. Para ello existe un plazo de 20 días.

Cuando finalice este trámite, el Consejo Nacional Electoral tendrá 15 días para realizar la convocatoria y 60 para realizarlo.

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