FMI volvió a mejorar su proyección para LatAm en 2022, pero 2023 será más lento

El nuevo pronóstico estima un crecimiento de 3,5% para la economía regional este año. Sin embargo, prevé una ralentización para finales de año y el que viene. A nivel global, advirtió que “lo peor está por venir”

Por

Bloomberg Línea — El Fondo Monetario Internacional (FMI) volvió a mejorar su pronóstico de crecimiento para la economía de América Latina y el Caribe en 2022. Según la más reciente versión de su World Economic Outlook (WEO), la cifra será de 3,5% este año, un 0,5% por encima de su pronóstico de julio. Las nuevas proyecciones están un 1% por encima de la revisión de abril.

No obstante, el panorama para 2023 es menos halagüeño: el organismo prevé que la economía de la región crezca 1,7%,lo que representa una caída de -0,8% y -0,3% frente a las revisiones de abril y julio, respectivamente.

Al igual que otras proyecciones como las del Banco Mundial y el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés), que proyectaron ambos un crecimiento de 3% para la región en 2022 en sus revisiones de octubre, el FMI también argumenta que la subida de los precios de las materias primas y la normalización de las actividades en los sectores intensivos le han dado una mejor actividad económica a la región.

“Sin embargo, se espera que el crecimiento de la región se ralentice a finales de 2022 y en 2023 a medida que el crecimiento de los países socios se debilita, las condiciones financieras se endurecen y los precios de las materias primas se suavizan”, destacó.

En cuanto a la inflación, el organismo señala que esta podría llegar a 14,1% al cierre del año para América Latina y el Caribe, disminuyendo a 11,4% en 2023 y a 5,7% en 2024.

Con respecto a las dos economías más grandes de la región, Brasil y México, el FMI señaló que crecerán 2,8% y 2,1% este año, respectivamente. Tendrán un rendimiento menor en 2023, de 1,0% y 1,2%, estima.

Los nuevos pronósticos para la economía mundial

El documento, publicado este martes, señala que las revisiones negativas son ahora más “pronunciadas para las economías avanzadas” que para las emergentes y en desarrollo.

Bajo esta premisa, el FMI señaló que el crecimiento mundial para este año se mantiene en 3,2%, igual que la proyección de julio, mientras que la de 2023 cae a 2,7%, dos puntos porcentuales menos que la revisión anterior.

“La desaceleración de 2023 será generalizada, ya que los países que representan aproximadamente un tercio de la economía mundial se contraerán este año o el próximo”, es la indicación del organismo, destacando que Estados Unidos, China y la Zona Euro seguirán estancadas.

De acuerdo con el documento, una recesión mundial “no figura actualmente en las previsiones de base”, aunque una recesión técnica, que se configura con dos trimestres consecutivos de contracción sí podría ocurrir “en algún momento de 2022-2023 en cerca del 43% de las economías con previsiones de datos trimestrales (31 de 72 economías)”, lo que supone más de un tercio del PIB mundial.

Sobre la inflación, el documento dice que a nivel mundial alcanzará un máximo de 9,5% este año y se desacelerará a 4,1% en 2024, considerando que las presiones inflacionarias están siendo más amplias y persistentes de lo previsto.

“Las crecientes presiones sobre los precios siguen siendo la amenaza más inmediata para la prosperidad actual y futura, ya que reducen los ingresos reales y socavan la situación macroeconómica”, precisó el FMI.

Un panorama sombrío a futuro

A nivel mundial, el FMI ve una probabilidad de una entre cuatro de que el crecimiento económico del próximo año caiga por debajo del nivel históricamente bajo del 2% señalando que, “si muchos de los riesgos se materializan”, la cifra podría caer a 1% con una renta per cápita casi estancada en 2023. La probabilidad de un resultado tan adverso, o peor, “es del 10% al 15%”, según sus cálculos.

Junto a estos factores, el documento precisa que el riesgo de un desajuste de la política monetaria, fiscal o financiera ha aumentado, así como las condiciones financieras mundiales podrían deteriorarse y el dólar fortalecerse aún más, empujando a los inversores hacia activos seguros.

Así mismo, la inflación podría ser más persistente si los mercados laborales siguen siendo extremadamente estrechos. Además, una nueva escalada en la guerra de Rusia en Ucrania podría agravar la crisis energética.