Liz Truss, primera ministra del Reino Unido, durante una rueda de prensa sobre la economía británica en Downing Street, Londres, Reino Unido, el viernes 14 de octubre de 2022. Truss despidió al ministro de Hacienda, Kwasi Kwarteng, y lo sustituyó por el ex ministro de Asuntos Exteriores, Jeremy Hunt, mientras se preparaba para dar un humillante giro a partes de su plan económico. Fotógrafo: Carlos Jasso/Bloomberg
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Bloomberg Opinión — Kwasi Kwarteng ha resultado ser una suerte de toro en una cristalería como ministro de Hacienda del Reino Unido. En repetidas ocasiones se equivocó, pero nunca dudó. Su idea era que la confianza, ya sea del Partido Conservador, del público o de los mercados, era algo que se podía dar por sentado en lugar de algo que debía ganarse. Su destitución puede ser el primer acto acertado de Liz Truss en su calidad de primera ministra.

Sin embargo, pese a que Kwarteng ha sido sustituido por Jeremy Hunt, la propia Truss no está exenta de apuros. En los últimos tiempos no ha habido un dúo de primer ministro y ministro de Hacienda más cercano en cuanto a políticas e ideales, o incluso más próximo a nivel personal. Con la pérdida de Kwarteng, Truss se ha visto obligada a renunciar a todo su proyecto gubernamental.

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La primera ministra no lo reconoce. Es evidente que ella pertenece a la escuela de " jamás te disculpes, jamás le des explicaciones”. No obstante, esto únicamente funciona si los fallos son menores y el poder que se tiene es sustancial, o si el mandatario es apreciado y se le tiene una gran confianza. En este caso, Truss ha perdido el respaldo de la inmensa mayoría de sus parlamentarios, ha alcanzado los índices de aceptación del público más bajos de la historia y ha destruido la legitimidad de su administración ante los mercados. Su única posibilidad es que muestre que es consciente de su fracaso y que se propone corregirlo.

Pero ella no ha llegado a ese escenario. Este viernes parecía responsabilizar a los mercados de sus dificultades, afirmando que ciertas partes de su plan “iban más allá y más deprisa de lo que los mercados preveían”. Restituyó el plan de Rishi Sunak de incrementar el impuesto a las sociedades al 25%, algo que su gobierno había descartado. No obstante, ni en sus declaraciones ni en sus contestaciones se aprecia que comprenda las razones por las que el mercado respondió de ese modo, haciendo subir las tasas de interés de las hipotecas y los costos del servicio de la deuda del Estado.

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Trussonomics, como llegó a llamarse el concepto, se basaba en la suposición de que una política de recortes de impuestos agresivos financiada por endeudamiento a bajo costo y combinada con reformas del lado de la oferta generaría una mayor tasa de crecimiento económico. Si hubiera adoptado un enfoque más gradual para implementar medidas y hubiera hecho un mayor balance de las condiciones cambiantes del mercado, esa agenda política podría seguir viva. En cambio, el dúo Truss-Kwarteng golpeó a múltiples objetivos a la vez, apuntando de manera descuidada. El resultado ha sido un mayor daño a los hogares (especialmente aquellos con hipotecas), a la posición fiscal del gobierno y a la reputación internacional de Gran Bretaña. No es de extrañar que ella no respondiera a la pregunta de por qué debería quedarse cuando él tenía que irse.

¿Qué tipo de ministro será Jeremy Hunt? En resumen, uno poderoso en un gobierno terminalmente débil. Los primeros ministros y los ministros de Hacienda suelen ser centros de poder en competencia. Pero en este caso, no hay competencia real. Truss no puede darse el lujo de perder a otro ministro de Hacienda o caer más en las encuestas. Eso convierte a Hunt en el jefe de gobierno de facto, diga lo que diga su título. Si Gran Bretaña obtendrá un liderazgo coherente, depende de si Hunt, Truss y el gabinete en general pueden ponerse de acuerdo sobre una estrategia revisada.

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Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

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