El fracaso de WeWork se debe a que no gana dinero, ha registrado pérdidas de casi US$17.000 millones desde 2010

Oficinas de WeWork.
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Bloomberg — La bancarrota de WeWork Inc. (WE) es el broche de oro a la era del dinero fácil. Sin embargo, una vez despojado de los pasivos acumulados en sus años de bonanza, ¿quizá el proveedor de espacios de trabajo flexibles logre triunfar esta vez?

El simple hecho de hacer esta pregunta me hace sonar desesperadamente inocente. Después de haber presumido una vez de una valoración de US$47.000 millones, WeWork se desplomó en 2019 antes de una OPI planificada ante el horror de todos sobre sus finanzas y gobernanza corporativa. A partir de entonces, ha tratado de comenzar otra vez en al menos un par de ocasiones: la primera cuando designó una nueva gerencia y salió a bolsa por medio de una compañía de adquisición de compra especial en 2021, y nuevamente cuando sus acreedores equipararon parte de los miles de millones de dólares que les adeudaban a comienzos del 2023. Los dos intentos fracasaron.

Este lunes, Adam Neumann, cofundador de WeWork, consideró la bancarrota “desilusionante”, olvidando cómo condenó al desastre una buena idea al endosarle a la empresa decenas de miles de millones de dólares en contratos de arrendamiento financiero (a los tipos casi más altos del mercado) al tiempo que derrochaba dinero en fruslerías empresariales como un jet Gulfstream. SoftBank Group Corp., un benefactor de Japón, tuvo que pagar el pato.

El fracaso de WeWork se debe a que no gana dinero, ha registrado pérdidas de casi US$17.000 millones desde 2010, no obstante, desde la salida de Neumann en 2019 se redujo considerablemente, a la vez que se modificaban cientos de contratos de arrendamiento. A partir de ahora tendrá que recortar aún más.

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WeWork sigue perdiendo dinero más de una década después de su fundacióndfd

La declaración de quiebra allana el camino para cancelar los arrendamientos estadounidenses que la dirección cree que tienen pocas posibilidades de rentabilidad. El procedimiento también intercambiará otros US$3.000 millones de deudas por acciones, lo que significa que WeWork debería salir de la protección por quiebra con un balance mucho menos feo. Y después de haber solicitado protección de acreedores, ahora tiene más influencia para persuadir a otros propietarios de que reduzcan los alquileres en los lugares que desea conservar.

La quiebra de WeWork es una mala noticia para un mercado de oficinas urbano ya deprimido. La renuencia de los trabajadores a regresar a las oficinas, particularmente en Estados Unidos, ha creado un exceso de propiedades comerciales en el centro. WeWork tiene una gran presencia en Nueva York, Boston, San Francisco y Londres. Decenas de propiedades actualmente ocupadas por WeWork podrían quedar desocupadas, y una recesión podría empeorar aún más el baño de sangre inmobiliario.

Existe el riesgo de que los clientes sigan abandonando WeWork después de un fracaso tan sonado o presionen para obtener descuentos o aplazamientos de tarifas. Pero la demanda de trabajo híbrido es más fuerte que nunca. Basta mirar a su rival IWG Plc, que informó un aumento del 7% en los ingresos trimestrales y una caída de la deuda neta, según cifras publicadas el martes.

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“La realidad es que las grandes corporaciones a nivel mundial están adoptando un enfoque mucho más flexible en cuanto a cómo apoyan a su gente”, dijo el CEO de IWG, Mark Dixon, a los inversores en agosto. “Están avanzando hacia el trabajo híbrido. Y es universal y está ganando ritmo”.

IWG, propietario de Regus, tiene algunas ventajas en comparación con WeWork. Tiene ubicaciones más suburbanas, una ventaja en una era en la que los trabajadores buscan acortar sus viajes. Y últimamente ha priorizado los acuerdos de franquicia y asociación que reducen su desembolso en alquiler.

La valoración de IWG también es aleccionadora: aunque la empresa británica genera una cantidad similar de ingresos, su capitalización de mercado es de sólo £1.400 millones (US$1.700 millones).

Si estuviera iniciando un negocio para beneficiarse del auge del trabajo híbrido, ciertamente no lo establecería como WeWork. Pero el trabajo flexible no va a desaparecer. Destripado y reformado, WeWork podría funcionar esta vez.

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Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

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