América Latina pierde un 95% de sus poblaciones de fauna silvestre desde 1970, alerta WWF

Los sistemas energético, alimentario y financiero son los principales impulsores de la pérdida de naturaleza. La caída de las poblaciones de fauna silvestre en América Latina supera el promedio mundial.

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Bloomberg Línea — América Latina y el Caribe registró una caída del 95% en el tamaño medio de las poblaciones de fauna silvestre monitoreadas entre 1970 y 2022, según el Informe Planeta Vivo 2026 publicado este jueves por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés).

La caída de las poblaciones de fauna silvestre en América Latina supera el promedio mundial.

“La región de América Latina y el Caribe, que alberga a seis de los siete países megadiversos del continente americano, países especialmente ricos en naturaleza y especies que solo se encuentran allí, está afectada por multitud de amenazas”, señala el Informe Planeta Vivo 2026.

Los factores de “tan abrupto declive” son la conversión de pastizales, bosques y humedales, la construcción de presas en los ríos, la sobreexplotación de especies y, con mayor intensidad que en otras regiones, el cambio climático y las enfermedades.

En algunos casos, explica WWF, los motores del cambio interactúan entre sí.

Por ejemplo, los efectos del cambio climático en los anfibios pueden hacerlos más vulnerables a infecciones.

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América Latina tuvo una mayor pérdida de la fauna silvestre desde 1970 en comparación a África (80%) y Asia-Pacífico (49%).

Mientras que en Estados Unidos y Canadá (28%) y Europa y Asia Central (23%) se ven descensos menores, porque las pérdidas a gran escala en esos sitios ocurrieron antes a la línea base de 1970.

El Informe Planeta Vivo 2026 de WWF revela que el tamaño medio de las poblaciones de fauna silvestre monitorizadas se redujo un 73% entre 1970 y 2022 en el mundo (mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces).

El descenso más pronunciado se da en los ecosistemas de agua dulce (85%), seguidos por los terrestres (69%) y marinos (59%).

El reporte abarca casi 35.803 tendencias de 5.790 especies de vertebrados.

“Los registros de extinciones documentadas muestran que hoy por hoy están desapareciendo especies a un ritmo 100 veces mayor, o más, que en épocas anteriores a la humanidad”, indica WWF.

Impulsores de la pérdida de naturaleza

Los sistemas energético, alimentario y financiero son los principales impulsores de la pérdida de naturaleza.

Según WWF, la pérdida y degradación del hábitat es la principal amenaza.

En el sector energético, la quema de carbón, petróleo y gas para generar electricidad y mover hogares, transporte e industrias produce cerca de tres cuartas partes de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Estas emisiones impulsan el cambio climático, que también contribuye a la pérdida de biodiversidad.

Del lado de la alimentación, el informe indica que la agricultura es la principal causa de degradación y pérdida de hábitats, el factor primordial del declive de la biodiversidad y una fuente considerable de emisiones de gases de efecto invernadero.

El sistema financiero también influye en la pérdida de biodiversidad: las inversiones determinan qué actividades económicas crecen.

En 2023, se destinaron US$7,3 billones a actividades perjudiciales para la naturaleza, frente a solo US$220.000 millones para protegerla o restaurarla, señala el documento. “Mientras no cambie esta ratio, los factores subyacentes de la pérdida de biodiversidad seguirán recibiendo financiación”, advierte WWF.

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Motivos para la esperanza

“La biodiversidad continúa degradándose a un ritmo alarmante. Sin embargo, en medio de estos fuertes descensos, hay motivos para la esperanza”, dijo en un comunicado Kirsten Schuijt, directora general de WWF Internacional.

A pesar del declive, el Informe Planeta Vivo 2026 señala que hay evidencias de que muchas poblaciones de especies son estables o se están recuperando.

“La recuperación de poblaciones de especies como los tigres, el atún rojo y las tortugas verdes muestra lo que pueden lograr años de esfuerzos colectivos y sostenidos de conservación”, indicó Schuijt.

La población de tigres salvajes aumentó un 70% desde 2010, los atunes rojos del Atlántico y del Pacífico se recuperaron de la sobrepesca y los elefantes África meridional mantienen poblaciones estables o crecientes en zonas gestionadas por comunidades.

En 2025, la tortuga verde se convirtió en la primera especie de tortuga marina en pasar de la categoría “en peligro” a “preocupación menor”, al cabo de cincuenta años de trabajo en más de ochenta países de nidificación.

Casos como el del jaguar en la Amazonía y la ballena jorobada en el Canal de Panamá también muestran resultados concretos de que es posible revertir estas tendencias, de acuerdo a WWF.

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En Perú, el monitoreo con cámaras trampa identificó 75 jaguares en la Amazonía peruana de Madre de Dios entre 2023 y 2024. “No es solo un número. Es una señal. Una evidencia de que en el bosque existe equilibrio”.

WWF también trabaja con productores y comunidades de nueve países latinoamericanos para promover prácticas que permitan conservar la especie y sus hábitats.

En el Canal de Panamá, medidas como rutas específicas y límites de velocidad redujeron en 93% la probabilidad de colisión entre ballenas y buques en dos años. WWF busca replicar este modelo en otros países.

“Una iniciativa regional liderada por WWF que opera en el Océano Pacífico -desde Alaska hasta la Patagonia- (Corredor Azul del Pacífico) promoverá la replicación de este modelo en otros países de la región que permiten la protección de la especie, mientras se mantiene el comercio en movimiento”, expuso.

Sin embargo, para que los logros de conservación perduren se deben de abordar por completo los factores que impulsan el cambio, señala WWF.

“Dichos procesos de recuperación han llevado décadas. Y fue necesario que la gente siguiera trabajando sin saber si sus esfuerzos iban a dar resultado, haciendo frente a los reveses políticos, los recortes de financiación y a largos periodos en los que parecía que nada estaba cambiando”, dice el documento.

WWF indica que la tecnología, la financiación y las herramientas para frenar la pérdida de biodiversidad ya existen, pero el tiempo se agota.

WWF plantea acelerar los cambios en los sistemas energético, alimentario y financiero antes de 2030, mediante reformas a subsidios, mayor transparencia financiera, compras públicas sostenibles y mayor participación de comunidades indígenas y locales. “La ventana que nos permitiría acceder a un futuro diferente se está estrechando, pero sigue abierta. Tenemos sendas creíbles, la capacidad para actuar y un objetivo que vale la pena. Lo que requiere 2030 es que los usemos”, según el documento.

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