Buenos Aires — El uso de los agregados monetarios como ancla de un programa de estabilización suele golpear a la actividad económica al inicio, pero luego da paso a una fase de crecimiento. Ese fue uno de los puntos clave que esbozó este miércoles el economista Marcos Buscaglia, quien se mantiene optimista respecto al sendero de la economía argentina.
En esa línea, marcó diferencias claras con la situación que atravesaba el país a la misma altura del mandato de Mauricio Macri, en 2018.
El fundador de Alberdi Partners planteó su visión durante el almuerzo semanal del Rotary Club de Buenos Aires, en una exposición titulada “La Argentina ante una oportunidad única en una generación”.
Aunque resaltó que no ve un “boom” en el corto plazo, afirmó que “hay elementos para pensar que el salario real empieza a subir un poco, que la gente ya se desendeudó y entonces consume un poquito más, y que la inflación sigue bajando”.
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Milei hoy no es el Macri de entonces
Buscaglia advirtió que la popularidad del Gobierno, medida por el Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella, se ubica hoy en niveles muy parecidos a los que se veían a la misma altura del mandato de Mauricio Macri, en el 2018. Sin embargo, enfatizó que el expresidente del PRO se encontraba en ese momento en el inicio de una crisis de deuda y cambiaria, con una caída feroz del salario, mientras que hoy no se observa nada de eso.
De todas formas, el momento actual está marcado por la superposición de dos transformaciones que corren en paralelo y generan grandes desafíos: un cambio de raíz en el modelo económico -de una economía cerrada, sobrerregulada y con impuestos altos a una abierta, desregulada y con menor carga tributaria- y un programa de estabilización de con foco en bajar la inflación.
Según explicó Buscaglia, esos cambios producen ganadores y perdedores, y los perdedores son los primeros en hacerse visibles, mientras que los ganadores demoran en aparecer, porque en la Argentina las reglas cambiaron tantas veces que nadie invierte hasta comprobar que el nuevo esquema perdura.
Ese rezago, sin embargo, no altera su diagnóstico de fondo. “Estamos estancados desde 2011. ¿Qué significa eso? Que todo lo que se hizo en otros países acá no se hizo. Si esta economía estabiliza y no cambia el rumbo, van a empezar a salir shoppings, hoteles, negocios, servicios”, planteó.
En esa línea, ubicó el epicentro de ese despegue en el interior del país, de la mano del petróleo, el gas, la minería y el agro, y proyectando que la Argentina puede alcanzar tasas de crecimiento del 4% o 5%.
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La inflación retomó el descenso
Entre sus razones para sostener el optimismo, Buscaglia destacó que la inflación ya empezó a bajar nuevamente y acumula tres meses —abril, mayo y junio— en línea con las expectativas o por debajo de ellas, después de seis o siete meses en los que había sorprendido al alza.
Sobre el dato de julio que publicará el INDEC este jueves 13 de agosto, anticipó que probablemente muestre una suba por cuestiones estacionales, pero recomendó leerlo como un fenómeno puntual y no como un cambio de tendencia.
El economista atribuyó parte de la aceleración previa a factores puntuales, como la suba de la carne —que promedió 6% mensual durante seis meses seguidos— y los ajustes de servicios públicos tras las elecciones. A eso sumó un rasgo estructural argentino: la falta de un ancla de expectativas.
En países con inflación baja, ilustró, una suba puntual de la nafta o la carne no altera las expectativas porque la gente confía en la meta del banco central; en la Argentina, en cambio, cualquier suba de precios relativos se propaga y genera inercia inflacionaria.
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Golpe a la actividad hoy, crecimiento mañana
Buscaglia explicó que la menor actividad económica de los últimos seis meses en la Argentina ha sido consecuencia directa del esquema de estabilización elegido. Cuando el Gobierno abandonó el ancla cambiaria y descartó el uso de la tasa de interés como instrumento central, optó por estabilizar a través del control de los agregados monetarios.
La experiencia histórica de los países que estabilizaron con la cantidad de dinero como ancla, repasó el economista, muestra inicialmente tasas de interés altísimas y volátiles, apreciación del tipo de cambio y una fuerte recesión inicial, que luego da paso a la baja de la inflación, el descenso de las tasas y la recuperación de la economía.
Elegir al tipo de cambio como ancla implica un boom hoy y una recesión mañana, mientras que elegir la cantidad de dinero implica una recesión hoy y un boom mañana, resaltó. La Argentina, a su juicio, está transitando ahora la parte más recesiva de ese segundo camino.
Tasas más bajas y familias que se desendeudan
El otro pilar de su optimismo es el proceso de desapalancamiento de las familias, que a su juicio explica los malos datos de consumo. Cuando una familia tiene deudas y no tiene ahorro, describió, deja de consumir por un tiempo para devolverle el crédito al banco; ese proceso, evaluó, ya está avanzado.
A eso se suma que el Banco Central viene bajando las tasas de referencia desde el 20 de febrero y las estabilizó, mientras el crédito a empresas comienza a repuntar, con el Banco Nación aportando un impulso adicional.
Buscaglia mencionó también el derrame de las actividades que ya despegaron —petróleo, gas, minería y agro, que crecen a tasas de dos dígitos interanuales—, las concesiones de rutas y la idea oficial de flexibilizar el crédito en dólares para más empresas.
Con esos elementos, proyectó un sendero de salida sin estridencias: un salario real que empieza a subir levemente, familias que vuelven a consumir tras desendeudarse y una inflación que continúa cediendo. No anticipa un boom de corto plazo, aclaró, pero ciertamente razones para descartar que el país esté atravesando actualmente una catástrofe.