Bloomberg Línea — El Banco de la República mantendría una postura monetaria restrictiva hasta que el proceso de desinflación sea “creíble” y no simplemente oportuno para iniciar un ciclo de recortes.
Así lo aseguró Mauricio Villamizar, codirector del Banco de la República, quien afirmó en entrevista con Bloomberg Línea que el objetivo de la reciente decisión de elevar la tasa de interés al 12% es evitar que la economía colombiana se acostumbre a convivir con niveles elevados de inflación y preservar la credibilidad de la meta del 3%.
Villamizar explicó que la decisión de incrementar la tasa de referencia no respondió a la intención de sorprender al mercado, que mayoritariamente esperaba un aumento menor. Según dijo, la prioridad fue impedir que la inflación alta termine incorporándose de manera permanente en las decisiones de hogares y empresas.
“El aumento a 12% no buscaba como objetivo sorprender; busca evitar que la economía se acostumbre a una inflación alta”, afirmó Villamizar.
Añadió que para considerar que el ciclo alcista ha terminado no basta con observar el comportamiento reciente de los precios, sino que es necesario evaluar las perspectivas de inflación en un horizonte superior a un año.
“Para pensar en una estabilidad prolongada no basta ver lo que está pasando o la que ya pasó, sino lo que prevemos se materializase en un horizonte de más de un año hacia adelante”, señaló.
A juicio del codirector, la principal señal que permitirá pensar en una fase de estabilidad será comprobar que, bajo la postura monetaria restrictiva adoptada por la Junta, las diferentes medidas de inflación convergen nuevamente hacia la meta del 3%.
En ese contexto, sostuvo que el impulso fiscal del gobierno saliente ha ejercido presiones inflacionarias sobre la economía, “no como adjetivo político, sino como descripción macroeconómica”, y agregó que “ha elevado demanda y costos en un momento en que la economía ya enfrentaba presiones inflacionarias”, indicó.
Según Villamizar, ese entorno ayuda a explicar por qué las tasas de interés permanecen en niveles elevados.
“Esa es una razón por la cual las tasas son hoy altas. Si no lo fueran, el país tendría una inflación más desbordada, menor confianza en la moneda, probablemente una reversión cambiaria y al final, un mayor costo social”, sostuvo.
Frente al momento en que podrían comenzar eventuales reducciones en la tasa de interés, Villamizar insistió en que la Junta no trabaja con decisiones automáticas ni anticipa el final del ciclo restrictivo.
“El fin del ciclo no se declara por anticipado”, dijo. “La política monetaria no debe operar con piloto automático”.
Agregó que, una vez la tasa alcance el nivel máximo que considere apropiado la Junta, la prioridad será conservar una política suficientemente restrictiva hasta tener evidencia de que la desinflación es sostenible.
“Lo responsable será mantener una postura suficientemente contractiva hasta que el proceso de desinflación sea creíble, no apenas sea conveniente”, dijo.
El codirector también advirtió sobre los riesgos de flexibilizar la política monetaria antes de tiempo.
“Recortar antes de tiempo sería vender tranquilidad hoy y comprar un problema de menor crecimiento mañana. Por eso la prudencia no es demora; es parte de la estrategia para proteger la meta y su credibilidad”, aseguró.
Respecto al reciente repunte de la inflación anual hasta 5,8%, Villamizar afirmó que el efecto del incremento del salario mínimo no debe entenderse como un fenómeno concentrado en un único mes, sino como un proceso gradual que se transmite a distintos sectores de la economía.
“No lo veo como un choque de un solo mes. El aumento del salario mínimo se transmite en oleadas: primero a servicios intensivos en mano de obra, como comidas fuera del hogar, administración, vigilancia o aseo; luego a negociaciones salariales, contratos indexados, costos de producción y márgenes”, explicó.
Añadió que, especialmente para las pequeñas empresas, el ajuste implica decisiones complejas sobre precios, empleo y rentabilidad.
“Para muchas empresas pequeñas no es una hoja de cálculo; es una decisión dura: subir precios, contratar menos formalmente o absorber pérdidas. Por eso el traspaso puede sentirse durante buena parte del año. El problema no es sólo el dato puntual sino la inercia que queda instalada”, señaló.
Consultado sobre el eventual impacto de un gobierno considerado favorable al mercado, como se advierte será el de Abelardo De la Espriella, sobre las expectativas de inflación, Villamizar enfatizó que el Banco de la República no toma decisiones con base en orientaciones políticas.
“Como banquero central, no pensamos en etiquetas ni ideologías políticas. Lo que ancla expectativas son cosas como la disciplina fiscal, respeto por las reglas, seguridad jurídica y una agenda que vuelva a poner la inversión en el centro en vez de un consumo acelerado y tal vez poco sostenible”, afirmó.
Villamizar sostuvo que una política fiscal consistente puede facilitar la tarea de la autoridad monetaria, aunque aclaró que no la reemplaza.
“Colombia, en contraste con países que corrigieron más rápido sus desequilibrios, se apoyó demasiado en una mezcla cada vez menos sostenible de gasto público expansivo, con el consumo empujando el crecimiento a costa de la inversión”, explicó el codirector, quien, además, si el nuevo gobierno corrige esa señal, reduce el riesgo país y reconstruye confianza, ayuda mucho. “Una buena política fiscal no reemplaza al Banco; pero sí le quita peso de encima”, afirmó.
De cara al inicio del nuevo Gobierno, señaló que una de las primeras señales debería ser fortalecer la credibilidad de las finanzas públicas.
“La primera acción debería ser credibilidad fiscal desde el día uno. No grandes anuncios: números que cierren. Metas realistas de gasto y recaudo, una revisión seria de la calidad del gasto, respeto por la regla fiscal y señales inequívocas de independencia del Banco”, dijo.
También advirtió sobre el riesgo de que la política monetaria termine condicionada por problemas fiscales.
“El riesgo que debe evitarse es la dependencia fiscal: que la política monetaria termine condicionada por la insostenibilidad de la deuda pública”, afirmó.
Entre los principales riesgos que observa para que la inflación retome una senda descendente, Villamizar mencionó la posibilidad de que los niveles actuales de inflación comiencen a percibirse como normales.
“El primer riesgo es que una inflación de 5% o 6% empiece a sentirse normal. Ese es el momento peligroso: cuando la inflación deja de sorprender y empieza a indexar decisiones”, señaló.
A ese escenario sumó otros factores que, según explicó, continúan representando presiones para la inflación.
“A eso se suman el salario mínimo, los precios regulados, el impulso fiscal acumulado, un posible fenómeno de El Niño muy fuerte, tensiones externas, el conflicto en Irán y una eventual reversión cambiaria. El punto favorable es que las expectativas largas siguen por debajo de las cortas; el punto pendiente es que aún están por encima del 3%”, indicó.
Sobre el mensaje que envía el Banco de la República al nuevo Gobierno con la decisión de elevar la tasa de interés, insistió en que se trata de una decisión institucional y no política.
“El mensaje no es político; es institucional. El Banco seguirá protegiendo el poder adquisitivo de los colombianos y sobre todo intentando lograr el mayor crecimiento estable posible. Ese es nuestro mandato y nuestro compromiso es total”, afirmó.
Agregó que el Banco también tiene interés en que la nueva administración logre estabilidad macroeconómica.
“Al Banco le conviene que al Gobierno le vaya bien, especialmente si eso significa estabilidad fiscal, confianza e inversión productiva”, sostuvo. “Lo que no funciona es comprar crecimiento de corto plazo con inflación, deuda o pérdida de credibilidad”.
Frente a la posibilidad de un ajuste del gasto público, Villamizar reconoció que buena parte del presupuesto está comprometida por obligaciones legales, aunque consideró que aún existen espacios para hacer revisiones.
“Hay que empezar por programas mal evaluados, subsidios mal focalizados, duplicidades, contratación que no agrega valor y gastos transitorios que se volvieron permanentes. La clave es separar austeridad seria, de austeridad cosmética”, afirmó.
Añadió que un ajuste fiscal creíble puede tener efectos sobre el costo del financiamiento del Estado.
“Si el ajuste debe ser de varios puntos del PIB, probablemente tendrá que combinar estrategias de mayores ingresos fiscales y menores gastos. Por fortuna, una señal fiscal creíble desde el inicio ayuda en abaratar la deuda y sobre todo el servicio de la deuda”, señaló.
Consultado sobre el impacto que podría tener una reducción de contratistas estatales sobre el empleo, Villamizar sostuvo que la sostenibilidad de ese gasto también debe analizarse.
“Un empleo financiado por déficit permanente no es una política laboral sostenible; es gasto corriente con nombre de empleo. Puede sostener consumo por un tiempo, pero desplaza inversión, presiona tasas y termina debilitando el crecimiento que crea empleo formal”, dijo.
Así mismo, reiteró que el propósito de la política monetaria no es afectar el crecimiento económico.
“La política monetaria no busca destruir demanda; busca evitar que la inflación destruya poder adquisitivo”, afirmó.
Respecto al comportamiento reciente del peso colombiano, aseguró que la apreciación de la moneda ha contribuido al proceso de desinflación, aunque descartó que el tipo de cambio pueda considerarse un ancla para los precios.
“Sin ese alivio cambiario, la inflación sería más alta”, explico. “Pero la tasa de cambio no es un ancla, como sí lo fue en los años 90. Es más bien un termómetro de confianza”.
Añadió que el comportamiento de la divisa depende tanto de factores internacionales como de elementos internos relacionados con la confianza de los inversionistas.
“El nivel actual de la divisa puede ser consistente con ese entorno, pero no está escrito en piedra. Si la confianza fiscal se pierde, el termómetro cambia rápido”, dijo Villamizar. “La apreciación es un viento a favor; no un seguro inflacionario”.
Al referirse al principal reto macroeconómico que enfrentará Colombia durante los próximos 12 meses, Villamizar afirmó que controlar la inflación, recuperar el crecimiento y preservar la confianza son objetivos estrechamente relacionados.
“En el mediano plazo, esos tres objetivos son uno solo. Sin inflación baja y estable no hay crecimiento sostenible. Sin crecimiento de calidad no hay confianza. Y sin confianza, la inflación vuelve por la puerta de la tasa de cambio y las primas de riesgo”, aseguró.
Finalmente, defendió mantener la meta de inflación del Banco de la República en 3% y señaló que modificarla mientras aún no se alcanza podría afectar la credibilidad de la política monetaria.
“Elevar la meta cuando no se ha logrado cumplirla enviaría una señal de complacencia. La meta de 3% no es un capricho; es un ancla. Y un ancla solo sirve si la gente cree que no se mueve cada vez que no se cumple”, afirmó.
Como reflexión final, Villamizar subrayó la importancia de preservar la confianza en la autoridad monetaria. “La credibilidad toma mucho tiempo en ganar y poco tiempo en perder”, concluyó.