Bloomberg Línea — Los ingresos por hora de los conductores de Uber llegan a los US$7,3 antes de costos operativos como gasolina y seguros en ocho países de Latinoamérica, aunque contrasta con la realidad de que solo un tercio aporta a un sistema de pensiones, según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
El ingreso promedio por hora de los conductores de Uber aumentó en países como Brasil, Colombia y Chile entre 2019 y 2024.
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Costa Rica es el país con los ingresos promedio por hora más altos entre los ocho países analizados con US$9,2, seguido por Argentina con US$8,9 (en ambos casos no hay datos comparativos de la evolución frente a 2019).
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Chile experimentó el mayor aumento en las ganancias entre los países analizados, al pasar de US$7,3 a US$8,8.
En Brasil, los ingresos de los conductores de Uber aumentaron de US$5,6 a US$6, “lo que indica una relativa estabilidad en comparación con otros países”, mientras que en Colombia subieron de US$4,8 a US$5,4.
En cambio, en México se reportó una disminución de los ingresos promedio por hora para los conductores, al pasar de US$8,7 a US$7,9 entre 2019-2024.
En Ecuador, se calcula que los ingresos promedio por hora son de US$5,2 y en República Dominicana de US$5 (en ambos países tampoco hay datos comparativos frente a 2019).
“Estas tendencias resaltan disparidades regionales significativas, y algunos conductores enfrentan salarios decrecientes, posiblemente debido a las condiciones económicas, cambios de políticas o modificaciones en la estructura de precios y compensaciones de Uber”, según el reporte.
Para este informe, el BID encuestó a más de 13.000 conductores de Uber en ocho países: Brasil, México, Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador y República Dominicana.
Según el BID, la muestra excluye a los conductores que dedicaron menos de una hora al mes, así como los valores faltantes de las ganancias administrativas en ambos años.
El total de encuestados reporta una jornada promedio de 19,3 horas semanales en línea para 2024.
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En términos sociodemográficos, el tamaño medio de la familia de los conductores de Uber es de 3,5 miembros.
El 91% de los conductores son hombres, con una edad promedio de 41 años, y el 83% tiene menos de 54 años. Un 57% cuenta con educación terciaria o más.
Además, el 8% de los conductores nació en otro país, aunque en Chile casi el 30% proviene del extranjero.
El BID expuso que conducir para una plataforma como Uber no es ni la “solución mágica” al empleo ni una trampa de precariedad, sino que refleja las grietas del mercado laboral latinoamericano.
Entre ellas se refiere a fenómenos que impactan al mercado laboral en la región como la informalidad, ingresos frágiles y el equilibrio complejo entre flexibilidad, leyes y protección social.
Bajas garantías de seguridad social
El reporte del BID da cuenta de que solo un 31% de los conductores aporta a un sistema de pensiones.
“Aunque el 61% declara haber tomado alguna medida para planificar su jubilación y muchos esperan seguir trabajando más allá de la edad de retiro, la participación en los sistemas formales sigue siendo baja y desigual”, dice el informe.
Además, muchos conductores de la plataforma no cuentan con acceso estable a un seguro de salud u otros beneficios.
Entre los conductores encuestados, el 49% contaba con seguro médico antes de unirse a Uber.
En visión del BID, esto refleja un problema estructural en la región, donde millones alternan entre empleos formales e informales y acceden de forma fragmentada a salud y pensiones.
En este sentido, propone que los gobiernos deberían considerar esquemas de contribución voluntaria y flexible.
Esto, ahondó, permitiría a los trabajadores independientes construir ahorros a largo plazo sin necesidad de comprometerse con contratos laborales rígidos.
Uno de los aspectos desafiantes en esta modalidad de trabajo es la volatilidad del ingreso.
Muestra de ello es que un 75% de los conductores de Uber tiene algún tipo de deuda. “Y muchos enfrentan dificultades para cumplir con sus obligaciones financieras debido a la irregularidad de sus ingresos”.
En 2024, solo un 10% de los conductores expresó tener seguridad financiera, frente a un 34% que enfrenta estrechez económica y 54% condiciones inseguras.
Una de las principales conclusiones es que la regulación debe impedir que las plataformas utilicen esquemas flexibles para operar, en la práctica, como empleadores tradicionales, ejerciendo un control total sobre los trabajadores de forma incompatible con los principios del trabajo en plataformas, sin someterse a las normas laborales que rigen las relaciones formales entre empleador y empleado.
“En resumen, es necesario actualizar la normativa para evitar las desventajas de la regulación binaria actual. Idealmente, una ‘tercera vía’ permitiría facilitar el uso de las plataformas y mejorar la cobertura de quienes las eligen alternativa para complementar sus ingresos”, apuntó.
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