Bloomberg Línea — Mientras el conflicto en Oriente Medio eleva los precios del petróleo y amenaza con un nuevo ciclo de inflación, “el buen anclaje de las expectativas inflacionarias de América Latina ayudará a amortiguar el impacto, incluso cuando los bancos centrales han considerado reducir las tasas de interés”, señalaron Philip Barrett y Gonzalo Huertas en un análisis publicado por el Fondo Monetario Internacional (FMI).
“En la mayoría de los países de la región, los shocks de oferta tras la pandemia no han elevado las expectativas de inflación a largo plazo —es decir, el nivel en el que la población, las empresas y los analistas esperan que se sitúe la inflación en los próximos años—, incluso en un contexto de alta inflación en el corto plazo”, afirmaron los autores.
Así mismo, indicaron que su estudio muestra que “estas expectativas firmemente ancladas ayudan a limitar la transmisión de los shocks de precios de la energía y otras materias primas a los precios al consumidor”.
De acuerdo con Barrett y Huertas, el estudio se basa en trabajos anteriores del FMI y muestra que “en los mercados emergentes, un anclaje más firme reduce considerablemente el impacto inflacionario de los shocks en los términos de intercambio, es decir, cuando el precio de las exportaciones de un país cambia en relación con el precio de sus importaciones”.
Los autores agregaron que “la estabilidad de las expectativas da a los países de la región más margen para poder reducir las tasas de interés, incluso ante subidas de los precios del petróleo”.
Según el análisis, “las principales economías de América Latina se benefician ahora de unas expectativas inflacionarias mejor ancladas, resultado de las reformas institucionales iniciadas hace unos 25 años, que incluyeron la adopción de regímenes de metas de inflación, el fortalecimiento de la independencia de los bancos centrales y el fin del predominio fiscal”.
Los autores señalaron además que “dichas reformas influyeron positivamente en la percepción sobre los precios”.
Añadieron que, aunque “los pronósticos de inflación en América Latina siguen estando, en promedio, más alejados de la meta que en las economías avanzadas, la disparidad de las percepciones sobre los precios es similar en ambos grupos de países”.
Según el texto, “esto es coherente con el hecho de que las autoridades económicas gozan de credibilidad y operan dentro de marcos sujetos a limitaciones institucionales”.
El documento también afirma que “en las últimas dos décadas, han mejorado ambos extremos de la distribución de las expectativas inflacionarias”.
En particular, sostiene que quienes esperaban una inflación demasiado alta y quienes esperaban una inflación demasiado baja “han ido modificando gradualmente sus expectativas y acercándolas al nivel de las metas de los bancos centrales”.
Sin embargo, Barrett y Huertas advirtieron que “esta credibilidad ganada a base de mucho esfuerzo también puede perderse fácilmente”.
El estudio concluye que “una política monetaria más restrictiva de lo previsto lograría avances modestos en las expectativas, aumentando el anclaje de forma moderada y con cierta demora”.
Por el contrario, añadieron, “una política monetaria inesperadamente expansiva puede tener efectos negativos mucho más fuertes, dando lugar a un desanclaje de las expectativas”.
Los autores también indicaron que los estudios de casos de Brasil, Chile y Argentina muestran que “el régimen monetario adecuado depende del contexto”, que la transparencia y la rendición de cuentas son “fundamentales para generar confianza en los objetivos de la política del banco central” y que “contar con un amplio apoyo institucional es esencial en casi todos los casos”.
“La experiencia de América Latina muestra los frutos de las reformas aplicadas una generación atrás”, afirmaron Barrett y Huertas. Según el análisis, “los marcos construidos en torno a las metas de inflación y a la independencia de los bancos centrales contribuyeron a fomentar la estabilidad y a poner fin a una era de inflación elevada y volátil”.
Además, sostuvieron que “el mejor anclaje de las expectativas inflacionarias contribuye a contrarrestar las presiones temporales sobre los precios”.
Finalmente, los autores señalaron que “si las expectativas están bien ancladas, las economías pueden absorber mejor esos shocks sin desestabilizar la inflación”.
También advirtieron que “una política excesivamente laxa o cambios bruscos en los marcos de política económica pueden erosionar rápidamente los logros alcanzados con gran esfuerzo”, por lo que consideraron importante preservar la credibilidad para mantener la estabilidad.