¿Qué sigue para Mexico después de que S&P cambió a negativa su perspectiva crediticia?

S&P sostuvo que el cambio de perspectiva refleja el riesgo de que la consolidación fiscal sea muy lenta debido, en gran medida, al bajo crecimiento económico.

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Ciudad de México — La trampa del bajo crecimiento en la que ha caído México y el riesgo de que la consolidación fiscal sea muy lenta, ocasionaron que S&P Global amonestara con “tarjeta amarilla” al país y cambiara a negativa la perspectiva crediticia del soberano, lo que abre la puerta para una baja en la calificación.

S&P Global ratificó la calificación crediticia de México en BBB, pero cambió de estable a negativa la perspectiva crediticia, lo que implica una advertencia sobre un aumento más rápido de lo previsto de la deuda pública ante el déficit fiscal y el bajo crecimiento económico.

Con la ratificación de la nota crediticia, México conserva el grado de inversión con las ocho agencias que evalúan su deuda soberana, aunque ahora S&P se suma a Moody’s, que también tiene en negativa la perspectiva crediticia.

La agencia calificadora sostuvo que el cambio de perspectiva refleja el riesgo de que la consolidación fiscal sea muy lenta, debido, en gran medida, al bajo crecimiento económico, lo que provocaría un aumento, más rápido de lo previsto, de los niveles de deuda pública y una mayor carga de intereses.

El apoyo fiscal sustancial que se prevé que el Gobierno mantenga para Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) seguiría agravando las rigideces fiscales de México, mientras que un empeoramiento inesperado de los estrechos vínculos comerciales y económicos de México con EE.UU. debilitaría la sólida posición externa del país.

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¿Qué significa esta revisión de la perspectiva de calificación crediticia?

El analista Luis Adrián Muñiz dijo a Blomberg Línea que la calificación crediticia de un país depende estrechamente de la capacidad que tiene de hacer frente a sus obligaciones y qué tan eficiente es generando ingresos, los cuales dependen del crecimiento económico.

El problema de la economía mexicana es que en los últimos meses ha acumulado factores que han traído como consecuencia una desaceleración, incluso más de lo esperada, lo que trajo una expectativa de menores ingresos para el sector público, un elemento que va en contra de la calificación.

La calificación de BBB implica estar en los últimos peldaños dentro del grado de inversión en la escala de S&P Global, y significa que el país tiene capacidad adecuada para cumplir sus compromisos financieros, pero más sujeto a condiciones económicas adversas.

En una nota de análisis, Gabriela Siller, economista en jefe de Banco Base, dijo que una perspectiva negativa implica que la calificación puede ser recortada, es decir, empeorar en los próximos meses con secuelas para el costo de financiamiento, tanto para las empresas como para el gobierno.

“El riesgo de recorte está latente por el bajo crecimiento económico estructural y la creciente rigidez del gasto público”, advirtió.

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¿Qué debe hacer el Gobierno de Sheinbaum ante esa perspectiva?

Muñiz dijo que después de la “tarjeta amarilla”, el Gobierno de México tiene que robustecer sus ingresos, pero el problema es que no tiene cómo hacerlo, al menos de forma inmediata.

“México debe estimular de la manera más eficiente el crecimiento económico, que es algo que ha estado tratando de hacer la presidenta Claudia Sheinbaum desde el año pasado con el impulso que le está dando al Plan México, pero este no dará resultados tan rápidos”, dijo Muñiz.

También se podría buscar una reforma fiscal que se viene arrastrando de varios años, la cual -dijo Muñiz- tiene que ir más allá de subir impuestos a refrescos o gasolinas, realmente tendría que incrementar la base de contribuyentes, aunque la reforma tampoco arrojaría resultados inmediatos.

“En la medida en la que el Gobierno pueda tener una reforma fiscal que verdaderamente incremente la base de contribuyentes y que, por tanto, mejore la recaudación, sería una política pública que va directamente a favorecer la calificación crediticia”, señaló.

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Siller consideró que “es una muy mala noticia” el cambio a negativa de la perspectiva crediticia en un contexto en el que la deuda soberana de México se encuentra con Moody’s y S&P a 2 nodos de perder el grado de inversión, mientras que con Fitch Ratings, a 1 nodo de perderlo.

“Un tanto era de esperarse (la revisión de perspectiva) porque no se ha logrado la consolidación fiscal, el gasto público tiene cada vez mayor rigidez y el bajo crecimiento se ha vuelto en un problema estructural”, dijo Siller.

¿Cómo va la consolidación fiscal de México y el crecimiento económico?

Las promesas de gasto de Sheinbaum, en parte heredadas por su antecesor Andrés Manuel López Obrador (2018-2024), están limitando la reducción de los Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP), la medida más amplia del déficit fiscal, con miras hacia mitad de gobierno.

En su primer año de Gobierno, la presidenta avanzó hacia la consolidación fiscal tras reducir el déficit fiscal récord que le heredó López Obrador, al bajar los RFSP a 4,3% del PIB en 2025, desde el nivel histórico de 5,8% del PIB observado en 2024.

Tras haber logrado ese avance, la Secretaría de Hacienda ahora apuesta a que el déficit fiscal baje a 4,1% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2026 y a 3,5% del PIB para cierre de 2027, pero los analistas dudas de que se logren esos objetivos dado el bajo crecimiento económico.

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Siller dijo que para 2025 se estimó bajar el déficit a 3,9% del PIB, pero cerró en 4,9%, un punto porcentual por encima de lo aprobado originalmente.

Para el 2026 -añadió- Hacienda estima un déficit de 4,1% del PIB, pero es muy probable que no se alcance ante los estímulos del IEPS a los combustibles y el bajo crecimiento económico.

Mientras que la Secretaría de Hacienda mantiene un estimado de crecimiento para este año en un rango de 1,8% y 2,8% anual en 2026, el subgobernador de Banco de México, Gabriel Cuadra, pronostica que la economía crecerá debajo de 1% este año y el consenso de los analistas ve un crecimiento de 1,2%.

La economía mexicana se contrajo 0,8% en el primer trimestre, lo que implicó el peor inicio de año desde 2020, mientras que los ingresos presupuestarios de México cayeron entre enero y marzo arrastrados por declive petrolero y recaudación.