Carolina Trivelli: “Perú enfrenta una crisis de acceso económico a los alimentos”

La pobreza en Perú aumentó en el 2022 por el golpe de la inflación. La investigadora principal del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) comenta a Bloomberg Línea cómo se ha trasladado este impacto a los hogares peruanos

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Lima — La situación de la pobreza en Perú se ha agravado. La pobreza monetaria, que considera a las personas con ingresos insuficientes para adquirir la canasta básica, subió de 25,9% a 27,5% en 2022, retornando a niveles de hace más de 10 años y confirmando un escenario sobre el que ya se alertaba ante la alta inflación y el menor crecimiento. Con 2,7 millones de personas que se suman a la línea de pobreza desde el 2019 -antes de la pandemia-, el país andino se enfrenta a un mayor reto para combatir este indicador, mientras que la situación alimentaria también sigue decayendo.

Este problema, desgraciadamente (...), no se va a acabar en seis meses. No se va a acabar a fin de año”, anticipa Carolina Trivelli, ex ministra de Desarrollo e Inclusión Social e investigadora principal del Instituto de Estudios Peruanos (IEP). Trivelli conversó con Bloomberg Línea antes de que se conocieran las últimas cifras de pobreza sobre el diagnóstico alimentario del país y lo que se requiere para que los indicadores puedan mejorar.

Más allá del resultado de pobreza monetaria en el 2022, es evidente que la situación alimentaria en Perú empeoró. ¿Es posible salir de esta situación pronto?

Hay un nuevo grupo de personas en situación de pobreza a causa de la pandemia que es un perfil mucho más urbano, bastante limeño, que requieren instrumentos distintos a los que ya tenemos en el aparato público para combatir este problema. No es solo cambiar la focalización de lo que se haga o ampliar la cobertura de los programas sociales, sino identificar nuevas intervenciones. Ahí veo un problema, porque las capacidades del sector público están muy debilitadas. Deberíamos estar pidiendo ayuda para no solo atender a esos nuevos grupos de interés en términos de pobreza, sino para identificar cómo se les tiene que atender. No se trata solo de ampliar programas sociales vigentes; esa no es la solución. Tenemos que identificar otras formas de ayudar y atender esa pobreza.

Expertos como usted alertaron sobre la crisis alimentaria desde el año pasado; incluso desde que inició la pandemia. Pudimos observar el impacto de la guerra entre Rusia y Ucrania en los precios de alimentos a nivel global y luego en el encarecimiento de fertilizantes. Pese a esas alertas, la última encuesta que hizo el IEP encontró severas restricciones alimentarias en la población. ¿Diría que se sigue agravando la situación en Perú por una falta de atención?

Uno de los puntos que pudimos comprobar es que nadie realmente sigue este problema. Como privado nos organizamos con el apoyo de empresas como Alicorp y Gloria para incluir estas preguntas sobre la situación alimentaria en nuestra encuesta. Esa era la pregunta que queríamos resolver: ¿esto está empeorando? La respuesta clara es que, desgraciadamente, estamos empeorando. Ese es el principal mensaje. El problema alimentario es muy grande, afecta a muchos peruanos y está ‘un poquito’ peor cada vez que lo miramos. Mientras pasa el tiempo encontramos datos más preocupantes.

¿Qué mostró la encuesta del IEP que realizaron en marzo?

En todas las oportunidades que hemos hecho estas preguntas -dos más el año pasado- incluimos la consulta de si en los últimos tres meses, por falta de dinero o recursos, en su hogar las familias se quedaron alguna vez sin alimentos. La misma pregunta se incluyó en el barómetro de las Américas en 2012 para todos los países. Es importante ese año, porque en 2012 Perú tenía el mismo nivel de pobreza que en 2021: un 26%. Cuando preguntamos en el 2022, encontramos que 44% de las personas dijeron que alguna vez, en los últimos tres meses, por falta de recursos se habían quedado sin alimentos en su hogar. Cuando miramos lo que salió en 2012, esa cifra era 17%. Hablamos del mismo nivel de pobreza y ahora teníamos tres veces más personas afectadas. Son personas que aunque sea un día han tenido hambre en su casa. Esa fue una gran señal de alarma. Volvimos a repetir la pregunta en marzo de este año y el resultado fue 46%. No es un gran aumento, pero es un gran problema. Es casi la mitad de las personas que en los últimos tres meses, al menos una vez, vieron que no había qué comer en su casa.

¿Cómo entender esto que viene pasando?

Esto no es una hambruna. No es que no haya alimento en los mercados o escasez. Perú está en una crisis alimentaria de acceso económico a los alimentos. A las familias no les alcanza el dinero para comprarlos.

¿Ya no estamos hablando de la crisis de fertilizantes o de lo que se alertaba el año pasado sobre la seguridad alimentaria?

Ahí lo que dijimos es que no iba a haber falta de alimentos, sino que los alimentos disponibles iban a estar caros. Cuando hay alimentos caros, hay un problema alimentario porque a las familias no les va a alcanzar. A la gente no le alcanza y las familias se ven obligadas a tomar acciones para sostener su consumo de alimentos, porque ya no lo pueden hacer como antes ni en cantidad ni en composición: no comen todas la veces que deberían ni la cantidad suficiente, y en las raciones faltan los elementos para tener una alimentación saludable. Aquí vemos dos orígenes dramáticos. Primero está la pobre recuperación de los mercados laborales después de la pandemia: vemos una falta de incremento en las remuneraciones, precarización laboral, entre otros, en un ecosistema en el que el empleo se recupera pero de forma lenta y en peor calidad. Los niveles de ingresos promedio se pueden haber recuperado en términos nominales, pero no han subido como se esperaba. Ese es un problema que afecta a los hogares: tienen menos dinero o la misma cantidad que tenían hace tres años, y ya no alcanza. Lo segundo es el problema de inflación con un fuerte componente importado -es un problema global-, pero que además de generar un proceso inflacionario que en Perú ha estado bastante bien manejado comparado con otros países, no deja de ser grave. Un 8% de inflación en los últimos 12 meses es alto, y cuando uno ve solo el rubro de alimentos la inflación a 12 meses es poco más de 15%. Lo que más suben son los alimentos. Fruto de esta tendencia, lo que dice el Banco Central es que el poder de compra de las familias ha disminuido. El salario real está 11 puntos por debajo de lo que había pre pandemia. Tienes la misma plata, pero te alcanza para menos cosas porque todo está más caro. Eso es lo que le está pasando a las familias.

Y esto no afecta por igual a las familias.

A las más pobres esto les afecta en mayor magnitud porque ellos destinan una proporción mayor de lo que tienen para comprar alimentos. Ellos tienen poco espacio para incrementar ese gasto. Ahí viene la segunda pregunta importante que hicimos en la encuesta: le preguntamos a las personas qué ha pasado con su consumo de alimentos a raíz de estos precios que suben. Un 39% nos dijo que se ha reducido mucho y un 27% dijo que se ha reducido un poco. Entre los dos suman 66%. Estamos diciendo que dos de cada tres peruanos nos han respondido que vieron una reducción en alguna proporción de su consumo de alimentos. Un 24% nos dijo que lograron sostener su consumo de alimentos a costa de sacrificar algunos otros gastos. Lo más dramático, que es el otro extremo, es que solo el 7% dijo que ha podido sostener su consumo alimentario sin ningún problema. Son 7 personas de cada 100. Y cuando miras en el estrato D y E esta cifra es 4%. Es brutal. Cada vez es menor el grupo que puede, sin problemas, sostener su consumo alimentario. Eso me parece una alarma. La situación se agrava y sube con más fuerza que antes hacia las clases medias y a los estratos acomodados.

Hemos pasado muchos años discutiendo problemas que están en el borde de los temas alimentarios: desnutrición crónica, anemia, inseguridad alimentaria, pobreza extrema… Todo tiene el mismo origen: la gente no come ni la calidad ni la cantidad adecuada para alimentarse bien. Y cuando no tienes dinero, ese problema empeorará.

Otro aspecto que me llama mucho la atención, por ejemplo, es que de los hombres que contestaron la encuesta, un 25% dijo que no había comido carne, pollo, pescado o cerdo el día previo; y en contraste, 35% de mujeres dijo lo mismo. Hay 10 puntos de brecha que vemos.

¿Esa brecha de género cómo podemos interpretarla?

Ahí hay dos aspectos: por un lado los hombres están menos pendientes y en la distribución de las raciones y si hay un pedazo de carne probablemente le va a tocar al jefe de hogar o a los niños, y después a la mujer. Hay la opción de que te toque la comida con presa o sin presa de carne. Esa es una realidad muy preocupante. ¿Cuántas de esas mujeres estarán embarazadas, tienen doble carga laboral o están dando de lactar? Hay claramente una brecha. Por otro lado tenemos que los hombres consumen al menos una de las raciones de alimentos fuera del hogar y ahí probablemente sí tienen componente de carne. En la encuesta preguntamos también por el consumo de leche y vimos a muchas familias que dejaron de consumirla, lo que tiene una implicancia negativa en los niños y refleja que puede haber un descuido en su consumo de proteína.

Los huevos también califican como una proteína de fácil acceso en estratos más bajos y es uno de los productos más afectados por altos precios en los últimos meses. ¿Hubo alguna consulta sobre su consumo?

No hicimos esa consulta, pero claramente uno de los temas que investigaría en detalle es el consumo de pollo y huevos porque ambos están altísimos. El pollo es la proteína más importante para los estratos medios y bajos. Me encantaría preguntarle a las amas de casa cuántas porciones sacan de un pollo ahora, porque puedo apostar que eso es lo que viene pasando: ya no hablamos de un cuarto de pollo, sino un octavo o menos que eso. Cuando no alcanza, no alcanza. El pollo entero hoy para muchas familias es imposible de comprar.

Se habló y abordó mucho la necesidad de prevenir la crisis alimentaria y de atacar este problema con anticipación. Incluso antes que el 2022. ¿Hoy vemos las consecuencias de no actuar a tiempo? ¿Qué fue lo que pasó?

Hemos fracasado con todo éxito. Yo y muchas otras personas hemos estado tratando de alertar y a nadie le importa tanto. Es super dramático que como país, siendo este un problema público, dejemos que la situación la resuelva cada familia como pueda, que hagan su olla común... no es problema de nadie. Eso me parece terrible como país, que en un tema tan central como garantizar la alimentación de los niños no hagamos más. Hay varios puntos desde donde se falló, empezando por que nadie está oficialmente a cargo de este aspecto. ¿Quién rinde cuentas de qué ha hecho el país por este problema? El Midis volteará a decir que hace los programas chicos; el Ministerio de Salud dirá que solo es responsable del problema de la anemia; el Ministerio de la Producción, que debería estar haciendo mercados itinerantes y multiplicando el consumo de pescado, no dice nada. Vas al Ministerio de Desarrollo Agrario y está preocupado por otra cosa. No hay a quién pedirle rendición de cuentas y eso es reflejo de que no hay nadie a cargo. El principal desafío es que no hemos logrado exigirle al Estado peruano que nos diga cuál es su plan, quién está a cargo, qué es lo que van a lograr, cómo lo harán y en qué gastarán. Hay una comisión de seguridad alimentaria que debería haber generado algo y no hemos visto nada. Esa es una de las grandes fallas.

Lo segundo es que el problema está bien diferenciado por regiones y se ha visto agravado en contextos y condiciones distintas. Eso ha generado efectos muy diferenciados y hay muchos actores que no se han dado por enterados. Los gobiernos locales y regionales deberían jugar un rol muy importante aquí y no vemos a ningún alcalde realmente comprometido con el tema. Hay cosas que hacer que tienen que ver con cómo funciona la venta de alimentos en localidades, la pérdida y desperdicio de los mercados, entre otros puntos. Y lo tercero es que hemos dicho varias veces que “esto va a pasar; esto ya acaba”. Pero ya vemos que se han sobrepuesto eventos internos y globales en desmedro de la situación alimentaria. Se ha agravado la crisis porque se sostuvo la inflación y los plazos aumentan. Acá pesa la guerra, los problemas climáticos, la crisis social interna, la gripe aviar, la sequía, la crisis de los fertilizantes que no pudimos comprar... todo eso ha hecho que esto se amplíe. El problema es que el efecto de la falta de alimentación suficiente, en cantidad y calidad, es acumulativo. Más de un año con este problema, con anemia y desnutrición aguda subiendo, confabula a una situación de un problema nacional.

¿El entorno actual se subestimó?

Totalmente. Y no hay nadie realmente a cargo. Todos desde su sector repetían que esto iba a pasar. Pasó todo. Las consecuencias son terribles. Y acá estamos.

¿Midis podría liderar más las estrategias para combatir estos problemas? Uno pensaría que es la entidad que se puede hacer cargo.

Lo que pasa es que Midis no tiene competencias. Tiene mandato para la alimentación escolar, con programas como Qali Warma, y puede hacer más de lo que ya hace, pero no puede ocuparse de todo este tema porque no tiene el mandato. Por eso se necesita a alguien que articule.

La estrategia de dar bonos a la población vulnerable buscó en momentos puntuales aliviar la situación de crisis alimentaria. ¿Esta estrategia también falló? ¿Se perdió el objetivo que los bonos tenían?

Los bonos económicos ayudan, pero si es uno cada seis meses en realidad es como sacarte una rifa. Mientras se recuperaba el mercado laboral y se estabilizaban los precios, la idea de los bonos era darle un alivio a las familias. Pero la forma en cómo se implementaron no es que permitiera usarlos como parte de los ingresos disponibles de una familia. Aparece, se gasta en pagar deudas, en comprar algo más y se acabó. La estrategia no era errónea y ayudó, lo podemos ver en el impacto sobre los niveles de pobreza y consumo. Las familias recibieron dinero y lo usaron para sus necesidades básicas. Pero era muy esporádico, en un monto limitado y en el mayor de los casos por única vez. En estos casos las personas pueden necesitar un bono que incluso sea menor, pero sostenido por seis meses, ocho meses o hasta un año. Uno que brinde la seguridad de que siempre se tendrán esos 100 a 200 soles adicionales al mes para destinar hacia un fin particular. Los bonos ayudan, pero no resuelven el problema porque no tienen regularidad. Se optó siempre por hacer montos más altos por una vez y de forma esporádica, y pienso que eso se implementó de forma equivocada.

¿Qué tiene que cambiar para que las cifras no empeoren?

La inflación va a ir cayendo, pero eso no necesariamente se refleja en que los precios bajen rápido. Está la situación del mercado laboral que se debe atender y que depende mucho del PBI, pero con las previsiones a la baja del crecimiento económico tenemos un problema. Ahí habría que meter mucho punche, pero específicamente a eso: estrategias generadoras de ingresos para las familias. Es una ruta que se debe incluir en esta ecuación. Además, hay que ayudar a las familias a que sepan que no están solas. ¿Otorgar bonos? Que se entreguen de forma estratégica. ¿Programas sociales y mercados itinerantes? También. Hay que ayudar a las familias a conseguir más alimentos. Esa estrategia la debería liderar el sector público y convocar al sector privado.

También es fundamental trabajar con el sector proveedor de alimentos en los mercados peruanos. En particular están los agricultores familiares, considerando que más del 50% de lo que producen alimenta a las familias peruanas, porque ellos son los más abandonados y descapitalizados, y están los productores industriales que aún son medianos, pero tienen mayor escala. Hay que asegurar que en la campaña que viene en agosto los agricultores tengan condiciones para cultivar mejor a pesar de que va a ser un año complejo por temas climáticos. Eso debe estar en agenda para que en el 2024 se tenga una mejor producción de alimentos. El objetivo debería ser de que entendamos que en Perú este es un problema de todos, y por lo tanto todos debemos involucrarnos. El sector público, privado y otras instituciones tenemos que ayudar.

¿Debería haber una entidad pública que centralice todos estos esfuerzos?

Lo que se necesita es definir quién va a estar a cargo de esto, con una normativa que otorgue competencias a una entidad que ya existe, o a una comisión temporal, que en 30 días presente una estrategia con dientes, recursos y debido seguimiento. Eso es fundamental, porque este problema, desgraciadamente, con los niveles que tiene hoy, no se va a acabar en seis meses. No se va a acabar a fin de año. Este problema nos va a acompañar los siguientes años y ojalá en una tendencia decreciente. Tenemos que hacer que esa pendiente decreciente permita que esto deje de ser un problema. Tenemos que trabajar los siguientes tres a cinco años para eso. En Perú sabemos cómo hacer bien esto, y el mejor ejemplo es lo que hizo el país antes para luchar contra la desnutrición crónica infantil. A eso debemos apuntar.

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