Bloomberg Línea — La captura de Nicolás Maduro reavivó las expectativas de un cambio político en Venezuela y, con ellas, el debate sobre un eventual retorno de millones de migrantes. Pero expertos advierten que la diáspora ya es parte estructural de las economías que la reciben y que un regreso masivo no sería ni inmediato, ni tan inocuo.
Ver más: La diáspora venezolana sueña con regresar a su país, pero su retorno aún es una incógnita
El éxodo venezolano ya figura entre los mayores desplazamientos del mundo. Cerca de 7,9 millones de venezolanos viven fuera del país, con más de ocho de cada diez concentrados en América Latina y el Caribe, según datos de la Plataforma de Coordinación Inter agencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V), liderada por ACNUR y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).
Esa diáspora, que se expandió de forma acelerada en la última década, se integró de manera desigual a los países de acogida, pero terminó formando parte del funcionamiento cotidiano de sus economías, su sociedad y su vida diaria.
Expertos consultados por Bloomberg Línea dicen que un eventual retorno a Venezuela está lejos de ser simple, no solo porque Venezuela enfrenta aún enormes desafíos económicos e institucionales, sino porque la diáspora venezolana se ha convertido en un actor económico y social relevante en los países que la acogen.
La diáspora como parte de la solución
Tomás Páez, sociólogo, profesor universitario y director del Observatorio de la Diáspora Venezolana, señala que emigrantes venezolanos no son el problema en los países adonde arribaron, “sino parte de la solución. El aporte que hace al crecimiento del PIB de los países de acogida es enorme y ha sido documentado”.
Ese impacto, explica, no se limita a lo económico. “Habría que hacerlo también en el plano social y cultural”, dice Páez. “Los impactos son tanto para el migrante como para el receptor, para la comunidad receptora”.
Páez subraya que ya existen evidencias del efecto que tendría una reducción abrupta de población migrante en países clave. “Ya están saliendo los videos de los efectos que significa disminuir la gente que produce, que invierte, que trabaja en Chile o la que trabaja y produce en Colombia. El aporte es enorme”.
Ver más: BlackRock habla de un “tercer orden mundial” tras la ofensiva de EE.UU. en Venezuela
En Estados Unidos, señala, los efectos han sido incluso cuantificados. “Se ha evaluado el impacto de las deportaciones de ciudadanos (migrantes de distintos países) en condición de indocumentados, que son unos 13 millones. Eso tiene impactos sectoriales en comercio y servicios, en el sector agrícola, en la salud y en el transporte”.
En Estados Unidos, aunque no hay estadísticas públicas tan desagregadas como las que reportan países latinoamericanos sobre venezolanos, existen indicadores detallados sobre la participación económica de este grupo dentro de la inmigración general. Según análisis basados en datos del American Community Survey del Censo de 2023, aproximadamente 75% de los inmigrantes venezolanos de más de 18 años estaban en la fuerza laboral civil, una tasa superior a la de inmigrantes y nativos en general, con participación destacada en ocupaciones de producción, transporte y logística.
El reporte también evidenció que los migrantes, en su conjunto, pagaron alrededor de US$651.900 millones en impuestos federales, estatales y locales, lo que representó casi 19,2% de la recaudación federal total, incluyendo aportes significativos al Seguro Social y Medicare, y contribuyendo a sostener servicios públicos y programas sociales.
Una Venezuela con nuevas fronteras
Más allá del impacto inmediato, Páez insiste en que la migración venezolana ha transformado de forma irreversible la noción misma de país. “La realidad de Venezuela es que hay una nueva geografía. No se puede seguir pensando el país en términos de quienes se fueron y después quienes regresan. Venezuela ensanchó sus fronteras”, dijo Páez.
Según los datos del Observatorio de la Diáspora Venezolana, hay 9,2 millones de venezolanos fuera del país, distribuidos en más de 1.500 municipios, 500 ciudades y 90 países. “Es un tercio de la población en menos de un cuarto de siglo, y eso está creciendo afuera, en otra frontera”.
Ese crecimiento ocurre precisamente en las edades productivas y reproductivas. “Ese tercio es el que está en edades productivas y reproductivas. Tú ves a los niños y jóvenes naciendo o creciendo en otras fronteras. La población venezolana crece fuera del país”.
Por ello, incluso en un escenario de cambio político, el retorno sería parcial y gradual. “Suponiendo que retorne un porcentaje de la población, 20% ó 30%, estaríamos hablando de que hay una diáspora muy grande que se mantiene afuera”, dice Páez. “El retorno no se va a producir de un día para otro. Eso requiere empleo, vivienda, educación, servicios y un clima de confianza. Eso no se resuelve de manera intempestiva”.
La ausencia de María Corina Machado, figura central del liderazgo opositor y referente para amplios sectores dentro y fuera del país, en la conducción del proceso de transición en Venezuela ha sido interpretada por analistas como un factor que limita la confianza política necesaria para que el retorno de migrantes ocurra de forma acelerada. Para muchos venezolanos en el exterior, el cambio de nombres no equivale todavía a un cambio de reglas.
Ver más: La mayoría de venezolanos dice que María Corina Machado debería gobernar el país: encuesta
Remesas: un flujo clave, pero difícil de medir
Desde el ángulo económico, el análisis se vuelve aún más complejo cuando se incorporan las remesas. Para Dany Bahar, economista venezolano y profesor asociado en la Brookings Institution, el principal problema es la falta de información: “No tenemos buenos datos de remesas en Venezuela porque el Banco Central no los publica”.
Esta carencia estadística se hace más evidente al contrastar distintas fuentes. Mientras el Banco Mundial estima que las remesas enviadas a Venezuela en 2024 representaron 3,7 % del Producto Interno Bruto, con un monto de US$3.800 millones, esa cifra equivale apenas al 2,36 % de todas las remesas dirigidas a América Latina y el Caribe en ese año según la propia institución.
Pero varios analistas advierten que estas cifras oficiales subestiman el flujo real, porque gran parte de los envíos se realizan por canales informales y pagos digitales que no quedan registrados en las estadísticas tradicionales, como aplicaciones P2P o stablecoins que se han consolidado como métodos alternativos ante las restricciones del sistema financiero venezolano.
La falta de datos públicos confiables por parte de los organismos venezolanos y la prevalencia de rutas no oficiales dificultan así tener una medición precisa del impacto económico real de las remesas, lo que limita tanto el análisis académico como la formulación de políticas económicas efectivas.
A ello se suma que durante años las transferencias formales fueron limitadas o riesgosas. “Muchas de las remesas eran in kind: la gente mandaba una caja de medicinas, una caja de comida no perecedera. Eso es imposible de cuantificar”.
Ver más: Delcy Rodríguez regresa a X en un revés al bloqueo de Maduro contra la plataforma en Venezuela
Pese a esa falta de datos, Bahar coincide en que el flujo ha sido relevante. “Evidentemente hay un flujo importante de remesas ayudando a la gente que se quedó atrás”, dijo.
Sobre cómo podría cambiar ese flujo en una transición política, Bahar evita afirmaciones y opta por una visión cautelosa y llena de expectativas: “Uno pensaría que en una transición a la democracia las remesas bajarían, pero no necesariamente. Durante el COVID las predicciones eran que iban a bajar y de hecho subieron (…) Cuando la gente siente que hay más necesidad, los inmigrantes mandan más”.
Recuperación económica y límites del retorno
Bahar considera que un cambio político podría activar una recuperación económica inicial relativamente rápida, aunque limitada. “El Producto Interno Bruto de Venezuela cayó de 100 a 20, cayó 80%. La recuperación de 20% a 30% ó 40% no va a ser fácil, pero puede ser relativamente rápida porque la infraestructura ya está ahí”.
Ese proceso podría mejorar la calidad de vida y reducir la dependencia de remesas. “Al mismo tiempo va a haber un incremento importante en la calidad de vida, por lo cual las remesas quizás se hagan menos importantes”.
Parte de las expectativas económicas se han concentrado en el sector petrolero. El presidente estadounidense Donald Trump ha planteado públicamente la posibilidad de una recuperación acelerada de la industria venezolana con apoyo de Estados Unidos, una propuesta leída tanto como oportunidad de ingreso de divisas como un reordenamiento geopolítico del país.
Bahar también advierte que un gobierno de transición enfrentaría retos macroeconómicos inmediatos. “Entre las primeras cosas que tendría que hacer un gobierno de transición está renegociar la deuda. Hay muchos factores en juego”.
Ver más: Trump elogia a María Corina Machado por entregarle su medalla del Premio Nobel de Paz
¿Qué perderían los países de acogida?
Sobre el impacto de un eventual retorno en los países receptores, a juicio de Bahar, el efecto negativo no sería fuerte. La razón, explica, es demográfica: “Los venezolanos son un porcentaje pequeño de la población. En Colombia son 2% ó 3%. No es que Colombia vaya a colapsar si se va una parte”.
Donde sí hay evidencia clara es en los beneficios de la integración, asegura. “Tengo estudios publicados que muestran que los venezolanos no tuvieron efectos negativos en los mercados laborales colombianos”.
Y la regularización fue clave en este proceso. “Cuando se les dio el Permiso Especial de Permanencia, su capacidad de emprender aumentó por un factor de diez”, apunta.
No obstante, en términos cuantificables, diversos informes muestran que la migración venezolana sí ha tenido un impacto positivo y económico real en los países que los acogen, lo que sugiere que su salida sí implicaría algunas pérdidas para esas economías.
En Colombia, el Análisis de la Contribución Fiscal y Económica de la Migración Venezolana elaborado por la Organización Internacional para las Migraciones y publicado en diciembre de 2025, reveló que los migrantes venezolanos aportaron US$529,1 millones al recaudo tributario en 2023, equivalentes al 1,91% de los ingresos tributarios por personas naturales del país, y que inyectan cerca de US$3.000 millones anuales en consumo.
En Perú, donde viven alrededor de 1,6 millones de venezolanos, la OIM estimó que la contribución fiscal de 2024 de esa población alcanzó US$526,9 millones, equivalente al 1,35 % de la recaudación fiscal total o al 0,23 % del PIB nacional. El consumo estimado de los migrantes, aproximadamente US$2.400 millones anuales, también explica una parte significativa del impulso económico local que reciben sectores como el comercio y los servicios.
Aunque su población venezolana es menor que en Colombia o Perú, en Ecuador la aportación fiscal de los migrantes venezolanos también es destacable. Según el mismo informe, la comunidad venezolana aportó US$46,9 millones al fisco ecuatoriano, lo que equivale aproximadamente al 0,25 % de la recaudación total del país.
Ver más: Venezuela creará fondos para ingresos petroleros y reformará la Ley de Energía
Paralelamente, el consumo interno de esta población se estima en US$876,2 millones, con un gasto concentrado en rubros básicos como vivienda y alimentación, reflejando un papel activo en la economía local incluso cuando persisten barreras para su plena integración.
En el caso de España, donde la migración venezolana se ha convertido en uno de los principales flujos recientes, el impacto de una eventual salida también sería tangible.
Datos del Instituto Nacional de Estadística muestran que en 2024 los venezolanos estuvieron entre las nacionalidades que más contribuyeron al crecimiento de la población extranjera, en un país cuyo aumento demográfico depende casi por completo del saldo migratorio positivo.
En el plano laboral, el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones registró más de 185.000 afiliados venezolanos a la Seguridad Social en abril de 2025, una contribución directa al sistema de pensiones y al mercado formal de trabajo, especialmente en sectores como servicios, comercio y cuidados.
Una diáspora que ya transformó la región
Más allá de cifras y proyecciones, Páez subraya que la diáspora venezolana ya es parte del entramado social de decenas de países. “Hoy es muy difícil encontrar una familia que no tenga un hijo, un hermano, un tío o un abuelo viviendo en otra frontera”.
Ver más: Exzar del petróleo venezolano cuestiona el mecanismo de venta de crudo a EE.UU.
“Como dice alguna gente, ya no necesito ir a la Venezuela física para ver a mis amigos, porque mis amigos están en Europa, en Latinoamérica o en Estados Unidos”, agrega.
En ese contexto, concluye, pensar en un retorno masivo y rápido no solo es poco realista, sino que ignora la nueva realidad transnacional del país. “Venezuela cambió en su corteza y en sus entrañas. Esa transformación no se revierte de manera abrupta”.