Bloomberg Línea — América Latina se perfila como uno de los principales beneficiarios de un eventual giro global hacia mercados emergentes en medio de la guerra en Irán, según el más reciente informe de Citi tras reuniones con inversionistas en Nueva York.
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El documento sitúa a la región como uno de los principales receptores del reajuste global de portafolios, en un entorno donde los mercados emergentes ganan peso relativo. La combinación de distancia geopolítica, recursos estratégicos y rendimientos reales configura una base que sostiene el interés inversor en la región.
La visión del banco sobre los emergentes se mantiene constructiva. Los analistas Johanna Chua, Dirk Willer y Luis Costa recogen que “los inversionistas siguen siendo cautelosos, pero alcistas en emergentes en general”, aunque el posicionamiento todavía no refleja plenamente ese sesgo, en un contexto condicionado por la evolución del conflicto en Medio Oriente.
América Latina aparece con una ventaja diferencial en ese posicionamiento. El analista Ernesto Revilla agrega que “Latam está bien posicionada en la reconfiguración política actual y entre crisis superpuestas”, mientras “la distancia es un activo” en un entorno donde los focos de tensión se concentran fuera de la región.
Flujos hacia emergentes y ventaja relativa de América Latina
El giro en la asignación global se traduce en expectativas de entrada de capital hacia activos emergentes, con América Latina como beneficiario destacado. El informe anticipa que la región podría captar una porción superior de esos flujos, en la medida en que combina estabilidad macro y exposición a recursos clave.
Ese posicionamiento se apoya en la resiliencia reciente. Según el análisis, “el crecimiento en la región se ha mantenido estable, resiliente a la incertidumbre arancelaria, al aumento de la aversión al riesgo y al conflicto con Irán”, lo que refuerza su perfil frente a otros mercados emergentes.
La dinámica política también entra en la ecuación. El documento recoge que el ciclo electoral ha inclinado la región hacia posiciones más alineadas con Estados Unidos, mientras persiste una preferencia por mantener vínculos comerciales con China en sectores no estratégicos.
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Los analistas dicen que esperan que la región “capte una proporción desproporcionadamente grande de los nuevos flujos de capital hacia emergentes dado perfiles más favorables de seguridad energética y rendimientos reales elevados”.
El movimiento hacia emergentes se observa en distintas clases de activos. El informe destaca que “los inversionistas enfocados en crédito emergente han rotado fuertemente hacia deuda local, con varios reportando sus mayores asignaciones en años”, reflejando una búsqueda de rendimiento en monedas domésticas.
Este ajuste se produce en paralelo a cambios en el mercado de divisas. Entre los participantes se consolida la expectativa de un dólar más débil, en un entorno donde “se percibía como negativo para el dólar que el repunte fuera tan limitado dada la magnitud del shock”.
La combinación de estos factores se da en un momento de reposicionamiento general. El informe describe que “los inversionistas habían reducido agresivamente el riesgo y no podían permitirse perder un rally de alivio, por lo que la única dirección era al alza para los activos de riesgo”.
¿Cuánto dinero podría entrar a la región?
La dinámica de flujos sugiere que la rotación hacia mercados emergentes permanece incompleta. Si bien Citi no muestra estimación, un análisis de Renta4 publicado la semana pasada realizó una aproximación.
Según estos cálculos, apenas 5,2% de los activos bajo gestión global en renta variable se concentra en los emergentes, por debajo del promedio de 6,5% observado en la última década, una diferencia de 1,3 puntos porcentuales que equivale a cerca de US$536.000 millones.
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Durante 2025, los flujos hacia mercados emergentes se canalizaron principalmente a través de ETF, con entradas cercanas a US$184.000 millones, mientras los fondos activos registraron salidas por unos US$57.000 millones, un patrón alineado con fases iniciales de ciclo en las que la exposición se construye antes de una asignación más selectiva.
América Latina participa de forma significativa en este proceso de reasignación. Bajo ese escenario, según los cálculos de Renta4, si la región capta 9,4% de los flujos potenciales, podría atraer cerca de US$50.000 millones, con alrededor de US$4.800 millones dirigidos a la región andina.
Los datos recientes apuntan en esa dirección. En 2025, los países andinos recibieron US$1.868 millones, mientras que en lo corrido de 2026 Chile acumula US$914 millones; Perú, US$710 millones y Colombia, US$231 millones, todos por encima de sus promedios históricos.
Riesgos globales y ciclo electoral
El telón de fondo sigue dominado por la incertidumbre geopolítica. Las discusiones que tuvo Citi con los inversionistas apuntan a que esperan una solución negociada en el conflicto con Irán, aunque “existía la sensación de que la situación podría escalar, una vez más, antes de desescalar”, manteniendo un sesgo de cautela en los mercados.
En paralelo, los bancos centrales mantienen un enfoque prudente. El informe señala que “los responsables de política en emergentes permanecen altamente vigilantes del impacto de Medio Oriente”, lo que contribuye a sostener la confianza en la estabilidad macro de estos países.
La inteligencia artificial aparece como un factor adicional en el radar de riesgos. El documento recoge que “los avances más recientes en modelos de IA también fueron discutidos como un riesgo importante”, aunque se matiza que “la evaluación de burbuja de IA en comparación con la era puntocom no señala señales de peligro importantes todavía”.
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En el plano político, el ciclo electoral en América Latina introduce un grado adicional de incertidumbre sin alterar la tendencia general. Revilla que “las elecciones restantes en 2026 probablemente serán más competitivas de lo esperado”, aunque “el sentimiento era que la derecha tiene ligeramente mejores probabilidades en todos los casos”, en un escenario que no se aleja de contiendas abiertas.
La evolución de estas variables, junto con la trayectoria del conflicto en Medio Oriente y el comportamiento del dólar, seguirá condicionando la magnitud y velocidad de los flujos hacia América Latina en el corto plazo.