Bloomberg Línea — Las monedas de América Latina han registrado una apreciación generalizada frente al dólar desde finales de marzo, en un movimiento que coincide con el cese al fuego entre Estados Unidos e Irán, pese a su volatilidad, y con el regreso de flujos hacia activos de mayor rendimiento.
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El ajuste en expectativas sobre tasas en Estados Unidos y la moderación del riesgo geopolítico han reconfigurado el posicionamiento en las divisas emergentes, si bien el desempeño de los mercados ha estado al ritmo de los vaivenes de la guerra en Medio Oriente.
El cambio de dinámica ha sido suficientemente amplio como para que varias monedas de la región alcancen sus mejores niveles en semanas, con el peso chileno (USDCLP) y el real brasileño (USDBRL) liderando el avance.
“A medida que el impacto de la guerra con Irán se desvanece, el carry vuelve a estar en el asiento del conductor en las divisas de América Latina”, dice Davison Santana, analista de Bloomberg Intelligence. El analista señala que la caída de la volatilidad “está elevando las ratios de carry frente a volatilidad y atrayendo flujos, liderados por el peso mexicano (USDMXN) y especialmente el real brasileño”.
La recuperación del peso chileno
El peso chileno registra una apreciación cercana al 5% desde finales de marzo, en un movimiento vinculado a factores externos, en particular la evolución del riesgo geopolítico y el comportamiento de las materias primas.
Agustín Vargas, analista de Capitaria, sostiene que la apreciación “es, ante todo, una historia geopolítica”, tras un entorno en el que “la reapertura del estrecho de Ormuz retiró una de las primas de riesgo más relevantes del año”.
Ese ajuste coincidió con un debilitamiento del dólar, en la medida en que “la menor prima energética alimenta una expectativa de inflación importada más baja y abre espacio a la Reserva Federal para sostener, e incluso acelerar, la discusión de recortes de tasas”. En paralelo, el cobre actuó como soporte, dado que “el metal se sostiene por la expectativa de mejor ciclo industrial en China”.
El equilibrio, sin embargo, muestra señales de reversión. Vargas advierte que “el nuevo cierre del estrecho durante el fin de semana y el ataque a buques iraníes reintroducen la prima de riesgo”, lo que reabre escenarios de presión sobre el tipo de cambio.

Por ello, la sostenibilidad del avance queda sujeta a los factores internacionales, en un entorno donde “el fortalecimiento puede sostenerse solo si el escenario geopolítico coopera”.
Vargas insistió en que “el peso se apreció al calor de la reapertura del estrecho de Ormuz y de la fuerte caída del crudo, pero el nuevo cierre durante el fin de semana y los ataques a buques iraníes devuelven el conflicto al primer plano y muestran lo frágil que era la calma”.
Peso mexicano y real brasileño concentran flujos
El peso mexicano se ubica entre las monedas con mejor desempeño en el periodo, en línea con el retorno de estrategias de carry trade. La combinación de tasas reales elevadas y alta liquidez mantiene su atractivo en un entorno de menor tensión financiera global.
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Janneth Quiroz, directora de Análisis Económico, Cambiario y Bursátil de Monex, describe que “la apreciación reciente del peso mexicano responde, en mayor medida, a factores externos, aunque respaldados por fundamentos locales relativamente sólidos”.
La analista agrega que “el diferencial de tasas ha sido determinante” y México “sigue ofreciendo tasas reales atractivas frente a economías avanzadas”.
Ese diferencial continúa siendo el principal ancla para los flujos, incluso con un ciclo de recortes en marcha, mientras que la liquidez del peso refuerza su uso en estrategias de posicionamiento global.

Bajo esas condiciones, para Quiroz, el comportamiento reciente no se explica únicamente por variables domésticas, dado que “los factores internos han permitido que el peso capitalice el entorno externo favorable, pero no explican por sí solos la magnitud del movimiento”.
La sostenibilidad de ese fortalecimiento permanece condicionada al entorno internacional. La analista advierte que “la sostenibilidad de esta fortaleza es frágil porque depende en gran medida de flujos financieros de corto plazo”, en un escenario donde “un repunte en la aversión al riesgo podría provocar salidas rápidas de capital de mercados emergentes”.
En paralelo, el real brasileño también ha concentrado flujos, con un desempeño destacado en el mismo periodo. Santana, de Bloomberg Intelligence, identifica que ambas monedas “han atraído los flujos más fuertes en América Latina” y están entre las de mejor desempeño desde el 30 de marzo, en un entorno donde la caída de la volatilidad refuerza el atractivo relativo.
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La mejora en los indicadores de carry le han permitido al real recuperar posiciones frente a otras monedas regionales. Sin embargo, el avance enfrenta límites técnicos. Santana explica que dado que “el impulso alcista del real brasileño lo ha llevado cerca de una sobreextensión”, lo que puede limitar las ganancias más allá del nivel psicológico de BRL$5,00 por dólar.
El efecto en Colombia, Perú y Argentina
En Colombia, el peso (USDCOP) ha alcanzado niveles no vistos en casi cuatro años, con el tipo de cambio por debajo de COP$3.600 por dólar. Aun así, los factores técnicos y de flujo sugieren un cambio de sesgo en el corto plazo.

La divisa colombiana se ha visto beneficiada por el impulso del precio del petróleo, el principal producto de exportación, junto a factores locales como la temporada de pago de impuestos de los grandes contribuyentes y del manejo de operaciones de deuda local.
El periodo de impuestos es clave para las finanzas públicas, ya que representa entre el 7% y el 7,5% del recaudo anual de impuestos internos, según estimaciones de Davibank, y además impulsa la entrada de divisas por parte de las empresas para cumplir con sus obligaciones tributarias.
Además, la reciente intervención del gobierno en el mercado cambiario ha introducido presión directa sobre el peso. Bloomberg informó que la semana pasada el gobierno compró dólares, mientras se prepara para una operación de recompra de deuda externa. Esa estrategia, vinculada a la recompra de bonos por cerca de US$4.000 millones, introdujo una fuente adicional de demanda por dólares.
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No obstante, BBVA cree que el par podría enfrentar presiones al alza, en un entorno donde coinciden varios elementos, entre ellos los bajos saldos en dólares de los bancos locales, las compras de divisas por parte del Tesoro colombiano y el final de la temporada de impuestos. Estos factores configuran “algunas asimetrías para considerar posiciones bajistas a corto plazo en el peso colombiano”.
El componente político también introduce ruido, con el proceso electoral en curso y riesgos institucionales en torno al banco central. En ese marco, el mercado incorpora escenarios de ajuste pese a la fortaleza reciente.
En el caso del sol peruano (USDPEN), antes del proceso electoral, la divisa se había visto favorecida por un entorno externo que priorizaba el posicionamiento en monedas emergentes, en un contexto de debilitamiento del dólar y mejora en el apetito por riesgo.

Ese escenario permitió que los flujos de capital se dirigieran hacia economías con estabilidad macroeconómica, donde Perú mantiene una posición relativa sólida frente a sus pares, e incluso donde los inversionistas preveían un giro hacia la derecha en las elecciones presidenciales.
No obstante, tras la volatilidad que ha generado la falta de decisión en los comicios, José Silva, de Inteligo, advierte que el sol ha mostrado una depreciación moderada, “sobre todo por el aumento de la incertidumbre política”, en un patrón donde “en episodios de mayor ruido político, el tipo de cambio suele reaccionar rápidamente”.
El movimiento se mantiene dentro de parámetros considerados temporales, dado que “este movimiento responde más a factores transitorios que estructurales”, con fundamentos que siguen respaldando la estabilidad de la moneda.
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A corto plazo, el sesgo continúa condicionado por el calendario electoral. “No me sorprendería ver niveles hacia la parte alta del rango reciente, alrededor de S/ 3,55 – 3,60, en escenarios de mayor incertidumbre”, dijo Silva.
El peso argentino (USDARS) también muestra ganancias, con el dólar mayorista operando en torno a ARS$1.360 y sin señales inmediatas de disrupciones. Este comportamiento contrasta con la dinámica de otras economías emergentes, en la medida en que la calma cambiaria se mantiene pese a los cuestionamientos sobre un posible atraso del tipo de cambio.
Esa estabilidad convive con expectativas de ajuste hacia adelante por parte de bancos internacionales. Las proyecciones recopiladas en el mercado apuntan a un reacomodamiento gradual, con estimaciones de JPMorgan (JPM) que ubican al dólar en ARS$1.550 a finales de 2026, lo que implicaría un alza superior al 13%.

BBVA proyecta un nivel más alto, en torno a ARS$1.760, equivalente a un incremento cercano al 29%. En ambos casos, las trayectorias esperadas son escalonadas a lo largo del año, reflejando una corrección progresiva más que un movimiento abrupto.
En síntesis, las monedas de América Latina se han visto favorecidas por la reducción de la volatilidad tras la desescalada en Medio Oriente, en un entorno que impulsó flujos hacia emergentes y benefició tanto a divisas de alto carry como a economías petroleras. Sin embargo, el retorno de la incertidumbre geopolítica y factores idiosincráticos mantiene a la volatilidad como un elemento presente en la trayectoria cambiaria de la región.













