El impacto económico de la guerra en Irán: los dos escenarios que plantea el IIF

El Instituto de Finanzas Internacionales plantea dos escenarios para la economía mundial según la magnitud de las interrupciones energéticas en el estrecho de Ormuz.

Por

Bloomberg Línea — La guerra que se desarrolla en Irán ha colocado al mercado energético en el centro del análisis macroeconómico. El Instituto de Finanzas Internacionales (IIF) examina las consecuencias económicas que podrían surgir si el conflicto afecta los flujos de petróleo y gas natural licuado que atraviesan el Golfo.

Ver más: Dólar, bonos y acciones: el mapa de riesgos del conflicto en Irán para los mercados emergentes

El análisis se concentra en el estrecho de Ormuz, uno de los corredores energéticos del sistema económico mundial. Una quinta parte del consumo global de petróleo pasa por esa ruta marítima, lo que convierte cualquier interrupción en un factor con implicaciones para precios, inflación y crecimiento.

El informe identifica una variable que condiciona el alcance del impacto económico. Garbis Iradian, economista jefe para Medio Oriente, Norte de África y Asia Central del IIF, sostiene que “la variable definitoria que configura el panorama global y regional no es simplemente la intensidad de los intercambios militares, sino la duración y profundidad de cualquier interrupción de los flujos de petróleo y GNL a través del Estrecho de Ormuz y la infraestructura exportadora del Golfo”.

Dos escenarios para el mercado energético

El estudio plantea dos trayectorias posibles para el mercado petrolero durante 2026. La diferencia entre ambos escenarios radica en la magnitud de la interrupción de la oferta energética que pueda producirse como consecuencia del conflicto.

En el primer escenario, el enfrentamiento se mantiene dentro de límites geográficos y logísticos que permiten preservar la mayor parte del flujo de exportaciones energéticas. El informe considera que la pérdida neta de suministro que equivale a cerca de 1,5% de la producción mundial de petróleo.

En este contexto, los precios del crudo incorporarían una prima geopolítica, aunque sin generar un déficit estructural en el mercado energético internacional. Iradian explica que “bajo el Escenario 1, la confrontación permanece contenida y la pérdida efectiva neta de suministro se limita a aproximadamente 1,5 mb/d para 2026”.

El segundo escenario parte de un supuesto distinto. La interrupción del comercio energético se extiende durante varios meses y alcanza un nivel que no puede compensarse mediante rutas alternativas ni mediante el uso de reservas estratégicas.

Suscríbete al newsletter Línea de Mercado, una selección de Bloomberg Línea con las noticias bursátiles más destacadas del día.

El informe estima que la pérdida neta de oferta podría alcanzar cerca de 3,5% de la producción mundial. En ese caso, el petróleo podría ubicarse en un rango de entre US$100 y US$110 por barril, un nivel que elevaría el impacto macroeconómico del conflicto.

Iradian señala que “bajo el Escenario 2, la interrupción persiste durante aproximadamente tres meses y las pérdidas netas promedio de suministro aumentan a 3,5 mb/d para 2026”.

El canal de transmisión hacia la economía global

El informe del IIF describe una secuencia a través de la cual el conflicto podría trasladarse desde el mercado energético hacia la economía global. El proceso comienza con reacciones inmediatas en los mercados financieros.

Durante los primeros días del shock los inversionistas tienden a ajustar posiciones ante la incertidumbre sobre la duración del conflicto. El documento sostiene que “en los primeros días los mercados reaccionan a través de volatilidad: mayores primas de riesgo energético, caídas de las acciones, ampliación de los diferenciales de crédito y flujos hacia refugios como el dólar estadounidense”.

Si el conflicto se prolonga durante varias semanas, el efecto deja de ser sólo financiero y pasa a reflejarse en variables macroeconómicas. El encarecimiento del petróleo actúa como un impuesto energético que reduce la renta disponible en las economías importadoras.

En el escenario de interrupción moderada, el informe estima que el crecimiento global podría situarse 0,2 puntos porcentuales por debajo de la trayectoria prevista. En el escenario de interrupción prolongada el impacto sería mayor y podría alcanzar una reducción cercana a 0,6 puntos porcentuales.

Ver más: Qué países de América Latina ganan y pierden con un petróleo 10% más caro, según Morgan Stanley

El informe también identifica un canal adicional de transmisión que afecta a los países emergentes con mayor dependencia de financiamiento externo. En ese contexto, la combinación de petróleo caro y dólar fuerte puede generar presiones sobre los flujos de capital y sobre las condiciones de financiamiento.

Impacto desigual en Medio Oriente

Las consecuencias económicas del conflicto no se distribuyen de manera uniforme dentro de la región. Algunos países cuentan con reservas financieras que les permiten absorber episodios de volatilidad, mientras otros enfrentan una exposición directa al deterioro de la actividad económica.

El informe describe una situación particularmente compleja para Irán. La economía ya enfrenta presiones inflacionarias y depreciación de la moneda, y el conflicto añade un nuevo factor de tensión sobre las exportaciones y sobre las cuentas públicas.

En un escenario de escalada prolongada el documento prevé que el crecimiento podría registrar una contracción cercana a 5%. El informe señala que “bajo el Escenario 2, la interrupción sostenida de la energía y el aumento de las primas de riesgo amplificarían estas tensiones, con inflación que podría superar el 70% y el PIB potencialmente contrayéndose alrededor de 5%”.

Otros países también enfrentan vulnerabilidades específicas. En el Líbano, el conflicto podría deteriorar el turismo, el transporte aéreo y la actividad portuaria, mientras que Egipto podría experimentar presiones externas asociadas a mayores costos energéticos y a una caída del tráfico por el Canal de Suez.

El Instituto de Finanzas Internacionales concluye que el efecto económico final dependerá de la duración de las interrupciones energéticas, un factor que determinará si el impacto se mantiene dentro de los márgenes que el sistema económico global puede absorber o si evoluciona hacia un shock de oferta con consecuencias más amplias.