Bloomberg Línea — El oro retoma la tendencia alcista y rompe con la lógica reciente del mercado, en un movimiento que coincide con el repunte del petróleo y un deterioro del entorno geopolítico que está reconfigurando la demanda de activos refugio.
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El metal precioso avanza tras semanas de corrección y logra desacoplarse de la presión que venía ejerciendo el alza del crudo sobre los rendimientos y el dólar. Ese cambio se produce mientras el Brent se aproxima a los US$125 por barril en el contrato de junio a punto de expirar y las tensiones en Medio Oriente se intensifican con el cierre del estrecho de Ormuz y la posibilidad de nuevas acciones militares de Estados Unidos en Irán.
Ole Hansen, jefe de Estrategia de Materias Primas de Saxo Bank, sostiene que el mercado “considera cada vez más que el cierre continuado del estrecho de Ormuz y el riesgo de una nueva acción militar estadounidense en Irán constituyen una conmoción geopolítica y de crecimiento más amplia, y no sólo una conmoción inflacionaria”, una lectura que modifica la reacción tradicional del oro frente al petróleo.
El movimiento se produce en paralelo a la decisión de la Reserva Federal de mantener tasas sin cambios, acompañada de divisiones internas y un repunte de los rendimientos, lo que en condiciones normales habría presionado al metal a la baja. ¿Por qué está sucediendo lo contrario?
El cambio de narrativa: de inflación a riesgo sistémico
Durante semanas, el encarecimiento del petróleo elevó las expectativas de inflación, fortaleció el dólar y empujó al alza los rendimientos, reduciendo el atractivo del oro como activo sin retorno. Sin embargo, el repunte actual responde a un cambio en cómo el mercado interpreta ese shock energético.
El encarecimiento sostenido del crudo ya no se limita a su impacto inflacionario. La disrupción en el suministro, la presión sobre las reservas estratégicas y el riesgo de extensión del conflicto están introduciendo señales de desaceleración económica. Ese cambio altera el comportamiento del oro, que deja de actuar como activo penalizado por tasas más altas y se posiciona como cobertura frente a la inestabilidad.
“El papel del oro como protección contra la incertidumbre geopolítica y financiera vuelve a cobrar mayor relevancia”, dice Hansen.
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En ese contexto, la demanda por protección de portafolio comienza a compensar el efecto adverso de los rendimientos y el dólar. El analista señala que “el oro ha atraído una nueva demanda, lo que demuestra que los inversores están cada vez más dispuestos a priorizar la protección de sus carteras sobre las consideraciones macroeconómicas a corto plazo”.
Demanda estructural y flujos sostienen el avance
El repunte se apoya en fundamentos de demanda que se han intensificado en 2026. Datos de UBS muestran que el oro promedió US$4.873 por onza en el primer trimestre y superó los US$5.500 por momentos, con retornos positivos pese a la volatilidad generada por la guerra en Irán.
Wayne Gordon, Giovanni Staunovo y Dominic Schnider, analistas del banco suizo, señalan que “la demanda de inversión continúa dominando las compras, liderada por fuertes adquisiciones de lingotes y monedas y una acumulación constante de los bancos centrales”. La demanda total creció 2% en el primer trimestre hasta 1.231 toneladas métricas y su valor escaló 74% hasta US$193.000 millones.
La composición también refleja un cambio relevante. Las compras de lingotes y monedas aumentaron 42% hasta 474 toneladas, impulsadas principalmente por Asia, mientras que los bancos centrales incrementaron sus adquisiciones en 3% hasta 244 toneladas. En paralelo, los flujos hacia ETF se mantuvieron positivos en 62 toneladas, pese a salidas en la parte final del trimestre.
Ese comportamiento refuerza el carácter estructural del soporte al precio. Christopher Wong, de Oversea-Chinese Banking Corp., dijo a Bloomberg que “el caso estructural a medio plazo sigue respaldado por la demanda de los bancos centrales y los flujos de diversificación de reservas”. No obstante, advirtió que el entorno “sugiere cautela en los precios del oro, a menos que los precios del petróleo bajen”.
Para Hansen, el hecho de que la guerra comience a transmitir un mensaje más estanflacionario, afecta la confianza y aumenta los riesgos de recesión y vuelve a hacer que el oro se comporte “cada vez menos como una víctima de la inflación y más como una cobertura contra la inestabilidad económica y de mercado generalizada”.
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Niveles técnicos y señales de mercado
El comportamiento reciente también mejora las perspectivas técnicas. El oro encontró soporte por encima de los US$4.500, nivel asociado al retroceso del 50% del rally previo, lo que estabiliza el sentimiento tras la corrección de abril.
El siguiente umbral relevante se sitúa en torno a los US$4.660. Una ruptura sostenida por encima de ese nivel podría activar cierres de posiciones cortas y acelerar el impulso alcista, en un mercado donde parte de la presión bajista provenía de posiciones tácticas.
A pesar de que el metal se encamina a su segunda caída mensual consecutiva en abril, el aumento de compras por parte de bancos centrales, al ritmo más rápido en más de un año, y la persistencia de factores estructurales como déficits fiscales elevados, diversificación de reservas y fragmentación geopolítica mantienen el foco en la trayectoria de fondo.
UBS proyecta que estos factores podrían impulsar el precio hacia los US$5.900 por onza hacia finales de 2026, aunque advierte que el shock petrolero podría mantener elevados los rendimientos reales y limitar el avance en el corto plazo.