¿Por qué Venezuela, Argentina, Ecuador y Bolivia tienen el peor riesgo país de Latinoamérica? Las razones

Venezuela se ha desacoplado del grupo de países más riesgosos y está en una dimensión más preocupante aún. Argentina, Ecuador y Bolivia tienen sus propios dilemas.

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Bloomberg Línea — Venezuela, Argentina, Ecuador y Bolivia tienen el mayor riesgo país de América Latina hasta finales de agosto, en parte porque los mercados perciben que existen pocos mecanismos para evitar que los desequilibrios económicos terminen afectando a los inversores.

“Lo que comparten esos cuatro países no es una posición fiscal ni un nivel de deuda, sino la ausencia de un dispositivo que acote el desvío mientras se está produciendo”, dijo a Bloomberg Línea el economista del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), Jonathan Fortun.

Explica que, cuando ese dispositivo no existe, el costo no desaparece, sino que cambia de acreedor y termina recayendo sobre el tenedor externo porque no hay a dónde más trasladarlo.

En la práctica, eso es lo que la prima estuvo cobrando en los cuatro casos y no el tamaño del déficit ni el stock de deuda, anotó.

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De acuerdo al IIF, los cuatro países llevaron su colchón de reservas a un piso entre 2020 y 2023.

“Cada uno por una vía distinta y todos por la misma razón, que era que nadie estaba obligado a reconocer el desvío mientras se acumulaba. El ajuste no se hizo contra un marco fiscal porque no lo había, así que se hizo contra la cuenta externa”, apuntó el economista Fortun. “En estos cuatro no había curva local capaz de absorber nada, así que la prima externa hizo todo el trabajo”, agregó.

El caso contrario se observa en Chile, Uruguay y Perú, que tienen algunos de los riesgos país más bajos de la región.

En estas economías, los mercados perciben que existen mecanismos e instituciones capaces de contener los desvíos económicos antes de que se traduzcan en un mayor riesgo para los inversores.

En Brasil y Colombia el impacto se absorbe principalmente en el mercado interno, a través de mayores tasas de interés y movimientos en la moneda.

Por eso, el riesgo adicional no se traslada por completo a la deuda externa y el riesgo país se mantiene en niveles manejables.

Venezuela se desacopló

Venezuela se ha desacoplado del grupo de países más riesgosos y está en una dimensión más preocupante.

José Guerra, miembro del Observatorio Venezolano de Finanzas (OVF), explicó a Bloomberg Línea que el riesgo país de Venezuela sigue muy elevado porque se encuentra en incumplimiento del pago de su deuda y no existe una perspectiva de renegociación a corto plazo.

Señaló que emitir un bono en las actuales condiciones implica asumir un riesgo elevado debido, entre otros factores, a la inestabilidad política, la falta de un Gobierno considerado “legítimo”, la ausencia de una reestructuración de la deuda y la falta de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), anotó.

Guerra manifestó que no existen cifras oficiales sobre el monto de la deuda.

Sin embargo, estimó que la cifra es de unos US$180.000 millones al cierre de diciembre de 2025, frente a otros cálculos que la sitúan cerca de los US$240.000 millones.

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Argentina y la incertidumbre por el ciclo político

Pablo Repetto, jefe de Investigación de la firma financiera argentina Aurum Valores, señaló que el riesgo país de Argentina ha estado condicionado por distintos factores, entre ellos la baja acumulación de reservas, aunque actualmente considera que el principal elemento está relacionado con el ciclo político.

Las elecciones presidenciales se realizarán en 2027 en Argentina en medio de una abrupta caída de la aprobación del mandatario Javier Milei por parte de la ciudadanía.

El mercado teme que un cambio de Gobierno hacia una opción menos favorable a las políticas actuales vuelva a disparar la prima de riesgo y dificulte el acceso del país al financiamiento necesario para refinanciar su deuda.

Argentina arrastra un largo historial de incumplimientos de deuda, un antecedente que pesa directamente sobre su riesgo país.

El costo reputacional de estos reiterados incumplimientos de deuda y el riesgo político han pesado en la evaluación de los inversores sobre el país.

“La probabilidad de reversión de políticas actuales es un factor a considerar para llegar a la conclusión de que el valor del riesgo país está muy relacionado con esto”, consideró Repetto.

Bajo este escenario, estimó que, si en 2027 se mantuvieran las políticas actuales o similares, el riesgo país podría caer hasta unos 300 puntos básicos.

En cambio, si el resultado electoral llevara a un Gobierno a revertir una parte importante de esas medidas, podría acercarse a los 2.000 puntos básicos.

“Con esto en mente, si la probabilidad de reversión es 20% y la de mantenimiento de políticas fuera 80%, el riesgo país debería rondar los 600/650 puntos básicos”, anotó.

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Los dilemas de Ecuador

El exviceministro de Economía ecuatoriano e investigador de ESPOL, José Gabriel Castillo, dice a Bloomberg Línea que, si bien al igual que en otras economías emergentes los spreads se han ido comprimiendo por el gran apetito por riesgo que hay hoy en los mercados por los niveles de liquidez, en casos como el ecuatoriano hay más cautela.

“Ha habido mejoras en los indicadores fiscales y monetarios (reservas internacionales), pero las condiciones estructurales son muy vulnerables por la debilidad institucional, democrática y dependencia de los resultados del ciclo político”, dijo Castillo.

Otro factor relevante es el uso extraordinario de las fuentes de financiamiento, especialmente multilateral, y el retorno a mercados con una frecuencia mayor a la esperada.

En su opinión, construir la confianza en los mercados requiere un proceso “sostenible y consistente”, pero “Ecuador tiene muchos problemas en plantear ese caso”.

Dijo que “los ‘éxitos’ son coyunturales y dependen de viento a favor: liquidez internacional, apetito por riesgo, precios del petróleo y comodities, etc. Factores que no están en control de la gestión de Gobierno”.

Para José Gabriel Castillo, superar esa vulnerabilidad requiere de una disciplina fiscal que “no se alinea con un ciclo político de alta frecuencia”.

La credibilidad de Bolivia

En el caso de Bolivia, Fortun considera que hay cautela pese a la recuperación de sus bonos.

Expone que el mercado ha mejorado la valoración de Bolivia pese a que persisten dudas sobre sus reservas, sus cuentas fiscales y su capacidad para generar dólares.

El analista del IIF argumenta que buena parte del aumento de reservas provino de la emisión de US$1.000 millones en deuda y no de una generación genuina de divisas.

En diez semanas, cerca de dos tercios de esos recursos se consumieron, calculó.

“Hoy las divisas rondan los US$760 millones sobre reservas netas de unos US$4.400 millones, con más del 80% del total en oro, así que la capacidad efectiva de intervención es una fracción menor del titular que se publica”, dice Fortun.

Además, existen diferencias importantes sobre el tamaño del déficit fiscal: el prospecto de la deuda estima un rojo cercano al 9% del PIB, mientras el FMI lo calcula en 13,2%. “Una posición fiscal sobre la que el Emisor y el Fondo difieren en cuatro puntos del producto no es verificable”.

A esto se suma la caída de la producción de gas luego de que Bolivia dejara de ser exportador neto de energía, lo que limita la generación de divisas.

Entre enero y mayo, el país exportó US$284 millones de gas y pagó US$1.006 millones por combustibles elaborados.

Solo en mayo las exportaciones de gas fueron de US$16 millones contra US$90 millones un año antes.

“En todo 2025 entraron US$1.082 millones por gas y salieron US$2.879 millones por combustibles. El complejo hidrocarburífero ya no genera divisas, las consume, del orden de US$1.800 millones al año”, anotó Fortun.

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Lo que analizan los mercados ahora

Según Fortun, los mercados están premiando la aparición de mecanismos que limitan los cambios bruscos de política económica y reducen la incertidumbre para los inversores.

Explica que el bono soberano en dólares de Bolivia cotiza cerca de 98 centavos y el de Venezuela a 52, con Ecuador y Argentina en el medio.

Bolivia, Ecuador y Argentina pagan entre 8% y 9% de interés por su deuda en dólares. “Es un costo alto”, pero es el precio que efectivamente deben pagar para financiarse, señala Fortun.

En el caso de Venezuela, “el rendimiento no significa nada, porque el precio es una estimación de recuperación sobre un crédito en default”, agregó.

De acuerdo con el economista, “lo que cambió Bolivia, Ecuador y Argentina no fue la posición fiscal sino la aparición de una restricción externa a la discrecionalidad del Ejecutivo”.

Por un lado, Argentina y Ecuador operan dentro de programas con el Fondo, y Bolivia cambió de Gobierno, unificó el tipo de cambio a fines de junio y hoy discute un programa.

El IIF calcula que desde principios del año pasado el bono boliviano ganó más de treinta puntos y el ecuatoriano cerca de cuarenta, sin que ninguno de los dos hubiera ejecutado todavía el ajuste.

“De cara al futuro, yo miraría un solo aspecto en los países que se han repreciado: qué pasa con esa restricción externa cuando llegue el primer shock”, anotó en su análisis Jonathan Fortun.

“Un programa que se renegocia ante la primera dificultad no acota nada, y el precio actual ya asume que acota. Ecuador llega a las elecciones locales de noviembre con la seguridad, El Niño y el abastecimiento eléctrico como frentes abiertos, y Argentina enfrenta el mismo examen antes de su próxima elección”.

Beneficios de mantener un riesgo país bajo

Para países como Uruguay, Chile, Paraguay y Perú, el beneficio más inmediato de un bajo riesgo país es pagar una prima menor al endeudarse, lo que reduce el gasto en intereses y libera recursos fiscales para otras prioridades.

No obstante, el efecto también se extiende al sector privado, porque los rendimientos soberanos sirven de referencia para el costo de financiamiento de bancos y empresas.

“Cuando cae la prima soberana, normalmente también mejora la capacidad de las compañías para emitir deuda, financiar inversiones o acceder a capital externo en mejores condiciones”, señala Emanoelle Santos, analista de mercados de la ‘app’ de inversiones XTB.

Además, partir desde un riesgo país bajo entrega mayor capacidad para absorber episodios de volatilidad internacional, porque el Estado mantiene un acceso más estable a los mercados y puede refinanciar vencimientos con menor presión.

En todo caso, Santos dice que esto no inmuniza a la moneda frente a shocks externos, pero sí evita que, ante una caída del cobre, por ejemplo, un aumento de las tasas estadounidenses o un episodio de aversión al riesgo, se sume además una crisis de confianza en la solvencia del propio Estado.

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