Bloomberg Línea — Goldman Sachs considera que la calma que domina el mercado de divisas podría no durar. La entidad identifica varios factores con capacidad para romper el actual periodo de baja volatilidad, tras analizar los episodios de mayor tensión registrados en las dos últimas décadas.
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Karen Reichgott Fishman, analista de Goldman Sachs, afirma que “la volatilidad del mercado de divisas ha vuelto a mínimos históricos, pese a la incertidumbre persistente en torno a la inteligencia artificial, los precios de la energía y la Reserva Federal”.
Esta tendencia, según explica, se mantuvo incluso después de la última reunión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), cuando la autoridad monetaria sorprendió al mantener sin cambios las tasas en una de las mayores sorpresas de este tipo en casi tres décadas.
Con el objetivo de identificar qué acontecimientos podrían romper ese periodo de calma, la entidad revisó 11 episodios registrados durante los últimos 20 años en los que la volatilidad del mercado cambiario aumentó al menos tres puntos desde un mínimo hasta un máximo.
El análisis muestra que esos movimientos coincidieron con incrementos relevantes de la volatilidad en la renta variable, las materias primas y los mercados de tasas de interés, además de un deterioro de las expectativas de crecimiento para Estados Unidos, China y la eurozona.
Qué impulsa la volatilidad
El análisis también muestra que no todos los episodios de tensión responden al mismo patrón. Aunque el aumento de la volatilidad suele extenderse a distintos mercados, su intensidad y el comportamiento de los activos varían según el origen del shock.
El estudio concluye que “la volatilidad del mercado de divisas tiende a reajustarse bruscamente solo cuando la volatilidad en otros mercados también aumenta de forma significativa, normalmente coincidiendo con preocupaciones inminentes sobre el crecimiento”.
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Esa relación explica, según Goldman Sachs, por qué el mercado cambiario ha permanecido estable en las últimas semanas pese a la incertidumbre que rodea a la economía mundial.
Los episodios analizados muestran, además, que el comportamiento de los activos depende del origen de la perturbación. Los shocks de demanda y los relacionados con cambios de política económica estuvieron acompañados por un aumento generalizado de la volatilidad entre distintas clases de activos.
En los shocks de oferta predominó la volatilidad en los mercados de tasas de interés, junto con mayores oscilaciones en las materias primas.
Las crisis de liquidez presentaron un patrón diferente. En esos episodios, el incremento de la volatilidad estuvo liderado por la renta variable y coincidió con descensos cercanos al 30% en el S&P 500, el Euro Stoxx 50 y el FTSE 100, mientras las materias primas también registraron movimientos más pronunciados.
El escenario central
Pese a esos antecedentes, Goldman Sachs mantiene como escenario central que la baja volatilidad continúe. Reichgott sostiene que ese escenario “favorece las posiciones de carry”, apoyado en la previsión de nuevas ganancias en la renta variable, precios de la energía estables y una Reserva Federal con una orientación acomodaticia.
Ese escenario, sin embargo, depende de que no se materialicen los riesgos que la entidad considera más relevantes.
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La analista advierte que un eventual fin del auge de la inteligencia artificial, un aumento persistente de los precios de la energía y nuevas subidas de tasas por parte de la Reserva Federal podrían elevar la volatilidad en los mercados.
Si alguno de esos factores se materializa, “dejan caminos claros hacia una mayor volatilidad entre distintas clases de activos”.
Mientras esas variables permanezcan contenidas, Goldman Sachs considera que el mercado de divisas seguirá mostrando una volatilidad reducida frente a otros activos.
La evolución de las expectativas de crecimiento, el comportamiento de los precios de la energía y las próximas decisiones de la Reserva Federal serán los principales indicadores para evaluar si ese equilibrio comienza a cambiar.