El índice de semiconductores de Filadelfia (SOX) encadenó una racha alcista de 17 jornadas consecutivas, la más extensa en su historia, con un avance acumulado de 41,1%. El movimiento consolidó el renovado interés del mercado por el sector, en un contexto dominado por la expansión de la inteligencia artificial y el fuerte gasto en infraestructura tecnológica.
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De acuerdo con un informe de Deutsche Bank (DB), el rally tuvo un protagonista claro: Nvidia Corp. (NVDA), el mayor componente del índice, cuya suba (20,9% en ese mismo período) acompañó —y en buena medida explicó— el desempeño del SOX. La compañía se mantiene como eje del ecosistema de inteligencia artificial, en un mercado que sigue premiando a los proveedores de capacidad de cómputo.
El análisis, elaborado por los estrategas de la entidad alemana, señala que el trasfondo de la suba no se limita a un rebote técnico. Detrás aparece un flujo consistente de resultados corporativos sólidos y proyecciones optimistas. Empresas clave de la industria reportaron ingresos en máximos históricos o con crecimientos de dos dígitos, en línea con una demanda sostenida por proyectos vinculados a IA y centros de datos.
En paralelo, el gasto de capital de los hiperescaladores se encamina a superar los US$700.000 millones este año, un factor que, según Deutsche Bank, actúa como ancla del ciclo al sostener la demanda en toda la cadena de valor.
El informe también destaca la fortaleza transversal del sector, desde fabricantes de chips hasta compañías de equipamiento, con carteras de pedidos robustas y visibilidad sobre la demanda futura. Incluso firmas afectadas por cuellos de botella, como la escasez de memoria, mantienen perspectivas positivas para los próximos trimestres.
El fenómeno comienza a extenderse más allá de los semiconductores. Empresas industriales vinculadas a la electrificación, como ABB, revisaron al alza sus proyecciones de ingresos ante la demanda asociada a centros de datos.
Este escenario reconfiguró el debate que dominaba al mercado meses atrás. Las advertencias sobre una posible burbuja en inteligencia artificial perdieron peso frente a la evidencia de demanda concreta. En consecuencia, los inversores volvieron a posicionarse en activos tecnológicos de mayor riesgo relativo.
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Riesgos
Sin embargo, el recorrido no está exento de tensiones. Deutsche Bank advierte sobre la elevada exposición geopolítica del sector y la concentración productiva en Taiwán, factores que amplifican la sensibilidad ante eventos externos. A eso se suma la dependencia de insumos críticos como el helio, esencial en los procesos de fabricación.
Durante el inicio del conflicto en Medio Oriente, el SOX llegó a caer 15,7% en un mes, reflejando temores sobre posibles interrupciones en el suministro. Si bien esas preocupaciones se moderaron, el episodio dejó en evidencia la fragilidad de la cadena.
Por ahora, el impulso asociado a la inteligencia artificial domina la dinámica del mercado y compensa los riesgos. Según los estrategas de Deutsche Bank, la consistencia de la demanda sigue siendo el principal sostén de un ciclo que, pese a la volatilidad, aún muestra señales de continuidad.
Expansión por agentes de IA
Según Morgan Stanley (MS), la aparición de la IA agéntica amplía la oportunidad en semiconductores más allá de las unidad de procesamiento gráfico (GPU, por sus siglas en inglés).
Si bien la demanda de GPU se mantiene sólida, las cargas de trabajo agentivas también requieren arquitecturas centradas en CPU o híbridas, donde las CPU pasan a ser el plano de control para flujos de trabajo de múltiples pasos y la orquestación de sistemas.
En consecuencia, el cuello de botella del cómputo se está desplazando hacia las unidades de centros de procesamiento (CPU, por sus siglas en inglés) y la memoria, impulsando un salto en la intensidad del cómputo de propósito general.
Como resultado, la entidad estima que la orquestación del lado de las CPU puede representar entre el 50% y el 90% de la latencia total de las cargas de trabajo, y que el mercado direccionable adicional (TAM) de CPU alcanzará entre US$32.500 millones y US$60.000 millones hacia 2030, dentro de un mercado total de CPU para servidores superior a los US$100.000 millones.