Bajo caudal récord del río Po obliga a agricultores italianos a pensar cambios de cultivos

El calor extremo y la escasez de agua amenazan la producción agrícola, mientras el avance de la salinidad y la competencia por el recurso elevan la presión sobre el campo.

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Bloomberg — Massimo Salvagnin tiene las semillas listas. Lo que no tiene claro es si debe plantarlas.

La próxima semana, el agricultor planea sembrar chauchas en el suelo arenoso de la explotación familiar de 600 hectáreas (1.483 acres), cerca del delta del río Po, en Italia. Pero el calor extremo de este verano ha calentado tanto la tierra que teme que las semillas mueran antes de tener la oportunidad de germinar.

“El suelo arenoso se calienta tanto que el riesgo de que la semilla se cocine —que hierva— cuando entra en contacto con la tierra es extremadamente alto”, dijo.

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En el norte de Italia, las explotaciones agrícolas, las fábricas y las centrales eléctricas que dependen de un suministro abundante y predecible de agua se enfrentan a una nueva realidad. El cambio climático está haciendo que el río Po, motor de la economía industrial italiana, oscile violentamente entre inundaciones y sequías.

Esto está obligando a los agricultores a replantearse qué cultivan, a los ingenieros a reconsiderar cómo se almacena y se distribuye el agua, y a las industrias a competir por un recurso que antes daban por sentado. Con Italia bajo los efectos de otra gran ola de calor, el desafío consiste en adaptar negocios construidos hace décadas sobre la premisa de que el agua siempre estaría disponible.

Salvagnin, de 59 años, se aseguró antes de plantar de que su consorcio de riego pudiera garantizar el suministro de agua durante las próximas cuatro a seis semanas. La preocupación se extiende por el norte de Italia a medida que el Po alcanza niveles históricamente bajos.

En Cremona, el río cayó a 8,59 metros (28,2 pies) por debajo del cero hidrométrico el 30 de julio, 1 centímetro por debajo del anterior mínimo histórico registrado durante la grave sequía de 2022. El caudal se redujo a menos de un tercio del promedio histórico para esta época del año, según la Autoridad del Distrito de la Cuenca del Río Po.

Motor económico

El Po, de 652 kilómetros, es el río más largo de Italia. Nace en los Alpes, cerca de la frontera con Francia, y desemboca en el mar Adriático, al sur de Venecia. Aunque es mucho más corto que el Rin o el Danubio —otros dos grandes cursos de agua de importancia económica en Europa—, transporta un volumen de agua excepcionalmente elevado.

Cada primavera, el deshielo se canaliza hacia la mayor región productora de arroz de Europa, inundando los campos cercanos a Milán para plantar variedades utilizadas en el risotto, antes de seguir su curso hacia el este. El río y sus afluentes también abastecen a casi 900 centrales hidroeléctricas, contribuyendo al funcionamiento de la economía manufacturera del país.

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El distrito de la cuenca del Po representa alrededor del 41% del producto interno bruto de Italia y el 32% de su producción agrícola, según la autoridad de la cuenca.

El cambio climático está poniendo a prueba la economía cerca de Ferrara, donde gran parte de las tierras agrícolas se creó mediante el drenaje de pantanos y lagunas del delta. Desde la década de 1950, los extensos humedales de Mezzano fueron transformados en tierras agrícolas para cultivos que van desde frutillas hasta tomates, maíz y remolacha azucarera, gran parte de ellas por debajo del nivel del mar.

Se utilizan bombas y canales para gestionar de manera constante el límite entre la tierra y el agua: se drena el agua dulce cuando hay demasiada y se la vuelve a introducir cuando escasea.

Cada vez más, el agua llega en el momento equivocado, dijo Stefano Calderoni, presidente del Consorzio di Bonifica Pianura di Ferrara, que opera unos 4.200 kilómetros de canales y 160 instalaciones de bombeo.

Durante los picos de caudal de primavera, estima que unos 10.000 millones de metros cúbicos pueden pasar por Pontelagoscuro, cerca de Ferrara, en menos de dos semanas. Meses después, la misma región puede estar luchando por conseguir agua. El Po se parece cada vez más a un torrente que se llena y se vacía de manera constante, afirmó.

“Tenemos dos grandes desafíos: gestionar demasiada agua y gestionar muy poca agua”, dijo Calderoni. “Confiamos en la naturaleza cuando deberíamos haber confiado en la planificación”.

Incluso las lluvias ofrecen cada vez más un alivio meramente temporal. Las tormentas intensas y localizadas hacen poco para recuperar las reservas de agua, según Alessandro Delpiano, presidente de la autoridad de la cuenca. Las temperaturas más altas hacen que la nieve alpina se derrita antes, mientras que la urbanización y la impermeabilización del suelo reducen la recarga de las aguas subterráneas.

Conocimientos del sur

Salvagnin está lejos de ser un agricultor que se haya resistido a la modernización.

Su padre fundó la explotación Porto Felloni hace unos 50 años. Después de viajar a Estados Unidos en la década de 1990 para estudiar cómo los agricultores estadounidenses utilizaban la tecnología, Salvagnin introdujo la agricultura de precisión en el negocio familiar, incluidos los mapas de rendimiento y la aplicación de insumos a dosis variables.

Hoy, sensores enterrados miden la humedad del suelo, mientras estaciones meteorológicas, datos satelitales y modelos de cultivos estiman cuánta agua consumen las plantas. El riego puede ajustarse para cada sector de un campo.

Algunas de estas técnicas se desarrollaron en el sur de Italia, más cálido y seco.

Nicola Gherardi, miembro del comité ejecutivo nacional de Confagricoltura, una de las principales asociaciones agrícolas de Italia, aprendió de agricultores de la zona de Foggia, en Apulia, sobre el riego por goteo para tomates. Estos sistemas riegan directamente alrededor de las plantas, a diferencia de los grandes aspersores habituales en el valle del Po.

“Fui con quienes habían enfrentado estos problemas antes que nosotros y desarrollado técnicas y conocimientos que simplemente no teníamos”, dijo Gherardi. También señala al Ródano, en Francia, como otro modelo para el Po, donde las intervenciones en la gestión del agua permitieron que la agricultura coexistiera con la generación hidroeléctrica y el delta.

Los agricultores también han cambiado sus cultivos. El maíz, un pilar de las industrias ganadera y láctea del norte de Italia, se ha reducido considerablemente. Necesita grandes cantidades de agua y es vulnerable a la salinidad. Gherardi dijo que la producción italiana ronda la mitad de la registrada hace dos décadas, mientras que cultivos más resistentes, como el sorgo, aparecen cada vez más en las rotaciones.

Cambiar de cultivo puede tener un costo económico. Salvagnin estima que una hectárea de tomates industriales puede generar hasta el doble de ingresos que una de cebada. Los cultivos de mayor valor sostienen plantas de procesamiento, empresas de logística y empleos temporarios.

“Si las explotaciones tienen que cultivar cebada porque no consume agua, no pueden ganarse la vida”, dijo.

Competencia por el agua

Los proveedores de energía también sienten la presión. En la central hidroeléctrica Isola Serafini de Enel Green Power, las cuatro unidades de generación permanecen inactivas desde el 30 de julio porque el caudal del río es demasiado bajo.

Durante los períodos de escasez, el agua potable tiene prioridad, seguida por el riego y la producción de alimentos. La energía y otros usos quedan después.

Normalmente, los ríos también deben conservar un caudal ecológico para proteger los ecosistemas, aunque regiones y provincias están solicitando excepciones que permitan extraer más agua, dijo Delpiano.

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La autoridad de la cuenca también pidió a los operadores hidroeléctricos que liberen agua adicional almacenada en los embalses alpinos para sostener el caudal del Po aguas abajo. Este año, las autoridades modificaron una norma de unos 80 años que regula el nivel del agua del lago Maggiore, permitiendo almacenar 15 centímetros adicionales de agua.

Intrusión de agua salada

En Pontelagoscuro, la última gran estación de medición antes del delta, el Po fluye con aproximadamente un tercio de sus volúmenes históricos, según la autoridad de la cuenca, lo que indica un mayor riesgo de intrusión de agua salada. El agua de mar penetra más de 25 kilómetros tierra adentro, afectando las tomas de agua para riego y los ecosistemas.

Esto también agrava un problema de larga data en las tierras recuperadas para la agricultura, que se encuentran sobre aguas subterráneas salinas que quedaron de los antiguos pantanos y lagunas. El agua dulce cercana a la superficie ayuda a mantenerlas contenidas, pero los períodos prolongados de sequía pueden permitir que la sal ascienda a través del suelo, dañando la tierra y dificultando el crecimiento de los cultivos.

Mientras que originalmente los ingenieros retiraron el agua para transformar los humedales en tierras agrícolas, ahora conservarlas depende de mantener agua dulce en el suelo.

El agricultor Salvagnin afirma que la economía agrícola que ha definido esta zona de Italia durante generaciones está amenazada. En toda la región, las explotaciones están cerrando y las generaciones más jóvenes se están dedicando a otras profesiones.

Le preocupa que el calor extremo provoque un abandono similar al que ha vaciado algunas zonas montañosas de Italia.

“Seguiré haciendo mi trabajo”, dijo Salvagnin. “Pero a mi alrededor podría haber un desierto”.

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