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Un mes de guerra en Ucrania deja pocas vías claras para la paz

Tras cuatro semanas de combates, hay pocos caminos visibles para poner fin a la destrucción humana y económica que probablemente tendrá ramificaciones a largo plazo

Una calle casi vacía durante una pausa en el toque de queda en Kyiv, Ucrania, el martes 1 de marzo de 2022.
Por Marc Champion
24 de marzo, 2022 | 11:27 AM

Bloomberg — Un mes después de que Vladimir Putin enviara a las tropas rusas, el ejército ucraniano sigue resistiendo eficazmente la invasión y el presidente Volodymyr Zelenskiy sigue en su puesto, con la oportunidad de participar en la cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) del jueves por videoconferencia.

Para Zelenskiy, que al parecer advirtió a los líderes europeos al día siguiente del inicio de la guerra que tal vez no lo volverían a ver con vida, es un momento de reivindicación en el marco de su inquebrantable desafío al poder ruso.

“Ya va un mes de nuestra defensa contra el intento de destruirnos. Borrarnos de la faz de la tierra”, dijo Zelenskiy en un discurso previo en vídeo en el que pedía a la gente de todo el mundo que saliera a la calle en una muestra de apoyo a Ucrania el jueves. “Pensaron que los ucranianos no lucharían. Se equivocaron”.

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Aunque Putin y sus funcionarios del Kremlin insisten en que lo que ellos llaman una operación militar especial para “desmilitarizar” y “desnazificar” Ucrania está en marcha según el plan previsto, los acontecimientos sobre el terreno sugieren lo contrario. Sólo una ciudad grande, Kherson, en el sur de Ucrania, ha caído bajo el control ruso, y las tropas han recurrido a disparar contra las multitudes que acuden diariamente a protestar contra la ocupación, lo que perjudica el argumento de Putin de que está liberando a una población prorrusa de la opresión fascista.

La OTAN estima que el número de soldados rusos muertos es de al menos 7.000 y podría acercarse a los 15.000 desde que comenzó el combate el 24 de febrero. Eso es más en un mes que los 6.636 efectivos que el Departamento de Defensa de Estados Unidos dice haber perdido en 20 años de guerra en Afganistán e Irak juntos. Rusia sólo ha ofrecido una cifra de bajas, 498, a los 10 días de iniciado el conflicto.

También han perecido miles de civiles y soldados ucranianos. Más de 10 millones de personas se han visto desplazadas de sus hogares en Ucrania, de las cuales más de 3,6 millones han dejado el país, según ACNUR, la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados.

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Pocas vías

Tras cuatro semanas de combates, hay pocos caminos visibles para poner fin rápidamente a la destrucción humana y económica de una guerra que probablemente tendrá ramificaciones a largo plazo no sólo para Ucrania, sino también para Rusia y la futura estabilidad de Europa.

Sigue siendo posible que Putin logre muchos de sus objetivos declarados, incluyendo lo que los funcionarios estadounidenses han descrito como el Plan B: la toma de las provincias orientales ucranianas de Donetsk y Luhansk, junto con un corredor terrestre desde Crimea, la península que el líder ruso se anexionó en 2014, a Rusia.

El panorama inmediato es sombrío. Para Ucrania, la guerra cruenta y principalmente compuesta por ataques de artillería que está surgiendo a medida que las fuerzas rusas se atrincheran en posiciones defensivas a las afueras de Kiev está destruyendo la infraestructura de la nación y dañando la capital y otras ciudades día a día. El Grupo de los Siete países tiene previsto advertir el jueves a Putin de que no recurra a armas químicas o de destrucción masiva para intensificar la estancada ofensiva rusa.

Mariupol, una ciudad portuaria en el Mar de Azov, está siendo reducida a escombros y 100.000 civiles siguen atrapados sin agua corriente, calefacción ni alimentos. No hay rutas para reabastecer a sus defensores ni perspectivas reales de socorro.

A lo largo del frente oriental, en Donetsk y Luhansk, decenas de miles de defensores ucranianos atrincherados en trincheras desde hace ocho años se encuentran en una posición precaria que podría desmoronarse rápidamente si las fuerzas rusas los rodean.

La situación de los aliados

Por el momento, los líderes que asisten a la cumbre de la Unión Europea y los 30 Estados miembros que participan en las conversaciones de la OTAN tendrán que encontrar la manera de sostener la economía de Ucrania y reabastecer a su ejército con el armamento necesario para seguir luchando, al tiempo que endurecen las sanciones contra Rusia para presionarla a poner fin a la guerra.

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Esto está lejos de ser un hecho. Aunque las sanciones están afectando a la economía rusa, y Putin ha sufrido dimisiones (como la de su enviado internacional para el clima, Anatoly Chubais, que ha abandonado el país), hay pocos indicios, si es que los hay, de que su posición esté amenazada.

Las amplias sanciones y la guerra también están teniendo efectos en EE.UU. y sus aliados que podrían tensar la unidad de la alianza en los próximos meses, incluso en la energía y la inflación de los precios de los alimentos. Según un modelo de Bloomberg Intelligence, el crecimiento en la UE se ralentizará 1,6 puntos porcentuales si el conflicto continúa y 3,3 puntos porcentuales si se agrava. Las mismas cifras para Estados Unidos son de 0,5 y 0,9 puntos porcentuales, respectivamente.

Dentro de Rusia se ha suprimido el acceso a los medios de comunicación independientes y extranjeros, ya que el país vuelve a un aislamiento que recuerda a la Unión Soviética en la época de la Guerra Fría. En medio de la represión sobre las redes sociales, la televisión estatal, de la que la mayoría de los rusos obtienen sus noticias, ha presentado el conflicto como una serie de victorias constantes en una campaña que se desarrolla principalmente en el este de Ucrania para rescatar a los rusoparlantes del genocidio. Muchos rusos parecen dispuestos a creer esta versión alternativa de los acontecimientos.

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Apoyo de Putin

Aunque no ha habido ninguna encuesta fiable desde el inicio del conflicto, las realizadas en Rusia sugieren que el apoyo público a Putin y a la guerra está aumentando.

En un ataque a los llamados oligarcas que Estados Unidos y Europa sancionaron con la esperanza de que presionaran al Kremlin para que cambiara de rumbo, Putin arremetió la semana pasada contra la “escoria y los traidores”, a los que acusó de trabajar de forma encubierta para los adversarios de Rusia. El pueblo ruso los “escupirá como a un mosquito que accidentalmente se metió en la boca”, dijo.

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Las conversaciones entre los negociadores ucranianos y rusos continúan en busca de un acuerdo, aunque parece poco probable que se produzca pronto. Puede que Rusia no sea capaz de ocupar Ucrania ni de asegurar su cumplimiento, pero conserva capacidad militar más que suficiente para destruir gran parte del país, con algo menos del 90% del poder de combate aún disponible, según una estimación del Pentágono. Además, está buscando reservas en Siria y en su propio país para reiniciar la campaña.

Las exigencias del Kremlin se han reducido desde el inicio de la guerra, en el sentido de que ya no parecen incluir un cambio de régimen.

Sin embargo, siguen siendo políticamente imposibles de aceptar para un líder ucraniano, sobre todo por la creencia generalizada en Ucrania de que lograr el fin de la guerra mediante la cesión de territorio probablemente sólo proporcionaría un respiro temporal en una campaña rusa para hacerse con el control del país que comenzó con la pérdida de Crimea hace ocho años.

Este artículo fue traducido por Andrea González

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