Perú

Carolina Trivelli: “El objetivo en Perú debe ser que ningún niño pase hambre”

La asesora en Análisis Estratégico de la Oficina de la FAO para América Latina y el Caribe conversó con Bloomberg Línea sobre la crisis alimentaria que amenaza al mundo y al Perú

Ante la posible crisis de fertilizantes a nivel global se aprobó el presupuesto para que el gobierno peruano garantice la campaña agrícola 2022-2023 que inicia en agosto. Perú debe avanzar pronto para este objetivo, indica la economista Carolina Trivelli.
26 de mayo, 2022 | 09:40 AM
Tiempo de lectura: 7 minutos

Lima — La alerta sobre crisis alimentaria y la actual escasez de fertilizantes, ante un escenario global de mayores restricciones para los mercados, ha generado preocupación para América Latina. El Perú no ha sido ajeno a esta realidad, toda vez que un 58% de los fertilizantes nitrogenados que se utilizan en el país proviene de Rusia, un mercado actualmente restringido; seguido por China (19%), que cerró sus exportaciones de fertilizantes en octubre del 2021, y Estados Unidos (10%).

De acuerdo a la consultora Macroconsult las importaciones de urea en Perú cayeron a 19 mil toneladas entre enero y abril del 2022 en comparación con las casi 200 mil toneladas que se importaban en le mismo período del 2021. Ante el riesgo en el que se encontraría la siguiente campaña agrícola que arranca en agosto de este año y culmina en marzo del 2023, Bloomberg Línea conversó con Carolina Trivelli, exministra de Desarrollo e Inclusión Social y actual asesora en Análisis Estratégico de la FAO para América Latina y el Caribe, sobre el escenario que el país y la región enfrenta.

La escasez de fertilizantes sumada a la preocupación sobre una crisis alimentaria ha encendido las alarmas en todo el mundo. ¿Cuál es su diagnóstico de lo que puede pasar? ¿Cómo vienen avanzando los indicadores?

Lo que está pasando en el mundo es que nada está mejorando y, más bien, hay nuevas señales de preocupación. Los precios siguen subiendo, a pesar de que la semana pasada hubo una pequeña disminución en la velocidad con la que crecen los precios de alimentos; pero también se conoció que India, que produce como 10% del trigo en el mundo, restringirá sus exportaciones. Esto demuestra que todavía habrá cambios en lo ligado al comercio internacional que pueden agravar la coyuntura. Lo que estamos viendo es que han vuelto a subir los precios de los fertilizantes, de los alimentos, que se mantienen altos y crecientes, y eso se puede acelerar. En el mundo la situación alimentaria está en cuidados intensivos.

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¿Cómo nos impacta a nivel regional?

En general para América Latina la cosa es seria, pero es cierto que las posibilidades de una hambruna o crisis de gran magnitud son menores porque Latinoamérica es conocida como un productor de alimentos para el mundo. Como región somos exportadores netos de alimentos, y eso nos pone en una posición no tan grave. Pero eso no quiere decir que no sea una preocupación; solo no es tan grave en comparación con otros países. Sin embargo, en productos como el trigo y maíz que el Perú no produce la situación sí va a ser complicada.

La crisis alimentaria global podría empeorar a medida que los países restringen las exportacionesdfd

¿La preocupación a nivel local quizás está más en la parte del costo de producción de ciertos alimentos que requieren insumos como harina, maíz, trigo, entre otros?

Sí. Los problemas en el mercado de maíz amarillo duro se traducen, por ejemplo, en precios del pollo más altos, que es un insumo clave de nuestra canasta alimentaria. El efecto para nosotros va a ser sobre todo a través de los precios. Lo que debería preocuparnos más es la situación de los fertilizantes: junto al aumento de precios y una alta inflación alimentaria que se sostendría a lo largo de este año, y que no queda claro cuándo va a terminar, al no haber fertilizantes disponibles o los pocos que haya sean muy difíciles o caros de obtener, la agricultura pequeña y mediana se va a quedar sin este insumo clave.

En el Perú eso tiene un efecto importante porque el 57% de lo que comemos lo produce la agricultura familiar. Nuestro principal proveedor de alimentos es la agricultura familiar, y si la agricultura familiar la va a pasar mal y no va a poder producir la misma cantidad o calidad, vamos a tener un problema. Cuando hay menos productos frescos o perecibles los mercados reaccionan rápido y suben los precios. Sobre estos precios globales crecientes, es probable que por las condiciones productivas tengamos también altos precios de los alimentos a nivel local en la próxima cosecha; es decir, a partir de marzo del 2023. Eso va a alargar el impacto de esta situación alimentaria global.

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Es decir, hablamos de un impacto que se va a extender más de lo pensado.

Claro. Imaginemos que se acaba la guerra entre Rusia y Ucrania, que India abre sus fronteras o China abre sus fronteras y todos venden de nuevo… Igual por el tema productivo y de fertilizantes en el Perú puede ser que esa crisis alimentaria se alargue ante el menor rendimiento que van a tener los cultivos si no son fertilizados adecuadamente. Es una razón para preocuparnos, porque esto puede durar más de lo que pensamos. Este es un efecto en la producción, que además de consecuencias en los mercados de alimentos para los consumidores urbanos, también tiene consecuencias en la alimentación de la población rural y en los ingresos que van a obtener los productores rurales. Por lo tanto, podría haber un efecto negativo en la pobreza rural. Por el lado de los consumidores, como los precios van a mantenerse crecientes o altos y estos componen una parte muy importante de nuestra canasta de consumo, en particular de los más pobres, la situación va a impactar la capacidad que tienen los hogares de alimentarse adecuadamente.

¿Cómo se traslada este impacto por distintos niveles socioeconómicos?

Tal como viene avanzando el mercado laboral, los ingresos no están mejorando sostenidamente. En paralelo están subiendo los precios y el 20% más pobre dedica más de la mitad de su gasto a comprar comida. No hay mucho margen de maniobra: la única opción que te queda es o comer menos o comer de peor calidad.

(Imagen referencial). Fotógrafo: Veejay Villafranca/Bloombergdfd

Macroconsult realizó recientemente un estimado de que las actuales condiciones podrían implicar un crecimiento de la pobreza al cierre de este 2022, y la tendencia decreciente de la pobreza sería a menor ritmo que lo que vimos antes de la pandemia por el menor crecimiento económico. ¿Cómo ve usted estas proyecciones?

La verdad que no podría decirlo. Es plausible su escenario, me parece que es creíble, pero también podría bajar. Depende mucho, porque también tienes altos precios de materias primas que el país exporta, y si se tienen políticas más efectivas y se le da buen uso a esos recursos puede que la situación mejore. O hasta con un programa de bonos. Todavía es temprano para saber lo que va a pasar, pero si nada cambia y todo sigue como está habrá más gente pasando hambre o comiendo peor. Un reciente estudio publicado por el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis) muestra que el 51% de personas en el país, en base a datos que han recogido entre agosto y noviembre del 2021, están en situación de inseguridad alimentaria. Son personas que no saben si van a poder comer adecuadamente mañana.

El Gobierno emitió hace poco una norma para la compra de fertilizantes, destinando un presupuesto de más de 90 millones de dólares, pero no se sabe de acuerdos cerrados. Se supo que Perú aún está en negociación con otros países. ¿Ya es muy tarde para proveernos de fertilizantes, considerando la situación en la que se encuentran los mercados?

Ya estamos un poco tarde. El problema es que no hay oferta de fertilizantes como antes en el mercado mundial: no es que vas, compras y ya está. Entiendo además que la propuesta del gobierno peruano es ir a comprar sobre todo a Bolivia y Venezuela bajo un esquema de gobierno a gobierno; y en el caso de Bolivia le puedes comprar pequeñas cantidades, porque tampoco tienes tanta oferta, mientras que a Venezuela sí puedes comprarle más, pero todavía no se cierra eso. A la par, estamos en una situación de importaciones de fertilizantes bastante por debajo de lo que deberíamos. Comparado con el 2019, en el primer trimestre ya había un déficit significativo de toneladas importadas de urea. Al margen del precio elevado, el problema es el déficit de stock y la cantidad de demanda que hay en el mundo.

¿El presupuesto es adecuado?

Con los precios hoy de la urea habría que ver para cuánto le da al gobierno cuando cierre los acuerdos.

Considerando lo clave que es la agricultura familiar para los peruanos, ¿en qué posición se encuentra el Perú en comparación a sus pares latinoamericanos?

Para comprar alimentos el tema es con quién compites, y en un mercado global que está estresado no somos ni un país tan grande al que todos necesariamente quieran vender ni tenemos tanto para ofrecer. Los insumos que están escaseando como trigo, soya, etc., van a ir a compradores que ofrezcan a los vendedores no solo el mejor precio sino algunas condiciones particulares de intercambio, colaboración, beneficios complementarios, cosa que no necesariamente tenemos para ofrecer. Pero aunque somos chicos, tenemos recursos. Los que están peor son aquellos países que tienen que ir a comprar al mercado internacional y no tienen plata, situación de muchos países de la región que están muy endeudados post pandemia. Los países exportadores de materias primas como nosotros, Chile o Ecuador, por lo menos tenemos ingresos extraordinarios en comparación a otros países de la región que nos permiten tener espacio.

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¿Qué países de la región están bajo mayor estrés?

Hay países de Centroamérica, como Guatemala y Honduras, que están muy endeudados y tienen muy poco espacio fiscal. El Fondo Monetario Internacional ha reducido la expectativa de crecimiento para esos países. Otros países de Caribe son importadores netos de alimentos y además importadores de energía.

¿Qué considera que debería priorizar el gobierno peruano en este escenario?

Como objetivos por delante, dos aspectos: asegurar que la gente coma y que nadie se quede sin comida, y para eso ahí el Midis, los municipios, entre otros programas sociales que tienen que hacer tu trabajo y asegurar que la gente en pobreza y situación de vulnerabilidad igual coma. El objetivo debe ser que ningún niño pase hambre. Por otro lado tienes que tener una acción decidida para asegurar que la agricultura familiar tiene las mejores condiciones para producir, al menos, lo mismo o cerca de lo que han producido en las últimas dos campañas.

Ahí el rol es del Ministerio de Desarrollo Agrario (Midagri), sobre todo, que tiene que trabajar con Cancillería para conseguir compras de gobierno a gobierno, pero también debe articularse con el sector privado. Imaginemos que son exitosos y compran todas las toneladas necesarias para cubrir a esa agricultura familiar, ¿cómo las distribuyes? ¿Agrorural solo lo hará? Ni Agrorural ni Midagri tienen un sistema de distribución de fertilizantes. Eso se debe trabajar, porque sino puede ser un desastre. Este es un mercado que funciona básicamente manejado por el sector privado, y el sector público, si es exitoso comprando, tiene que garantizar también que llegue a quienes lo necesitan.

¿Algún país ahora nos sirve como ejemplo para enfrentar esta situación?

Difícil decirlo. No tenemos a un país que lo esté haciendo super bien. Muchos, encima, no tienen espacio fiscal. Los que tenemos espacio fiscal estamos un poco mejor que el resto. Entonces, sin duda hay que angustiarse pero estamos en una situación un poco mejor que el resto.

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