Gabriel Oddone: “Uruguay no está en condiciones de aumentar gasto si lo fiscal es objetivo central”

El economista analizó en entrevista con Bloomberg Línea el crecimiento de la economía, las dificultades ante la meta de inflación y las reformas pendientes

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Montevideo — El economista uruguayo Gabriel Oddone, socio de la consultora CPA Ferrere, enumera sin pausa y en cuestión de dos minutos un conjunto de reformas que Uruguay debe encarar para lograr avances en el desempeño de su economía. Pero, de inmediato, contempla que realizar todas al mismo tiempo es políticamente muy complejo. La reforma de la seguridad social y algunos cambios en el sector energético son solo un par de ejemplos de ello.

El gobierno uruguayo también tiene delante suyo otras batallas. La más próxima la Rendición de Cuentas, donde el presidente Luis Lacalle Pou anticipó que habrá gasto incremental, contrario al lineamiento que en un principio había dado el Ministerio de Economía y Finanzas.

En entrevista con Bloomberg Línea, Oddone analizó las reformas clave y también la coyuntura. “No estamos en condiciones de aumentar gasto si la prudencia fiscal constituye el objetivo central”, dijo al referirse a que el Poder Ejecutivo debe “consolidar” el ajuste iniciado y que, por las características del período, “la política fiscal va a ingresar en un terreno, en piloto automático, de neutralidad”.

Sobre el crecimiento económico de Uruguay, Oddone señaló que “quedan muchos desafíos por delante porque la economía vuelve a crecer a tasas bajas”, en el orden del 2% anual, y además anticipó que desde su punto de vista “el ciclo de commodities favorable parece haber llegado a su fin”.

Durante la entrevista, el economista también dijo que ante el actual escenario el gobierno “va a abandonar la meta inflacionaria” para privilegiar el plano fiscal y la recuperación salarial comprometida, y también analizó los desafíos de Uruguay en materia de inserción internacional.

La siguiente entrevista fue editada por motivos de extensión y claridad.

¿Qué lectura hace del último dato de crecimiento y qué tendencia espera este año?

El crecimiento interanual de 8,3% del Producto Interno Bruto (PIB) y la desestacionalización que el Banco Central del Uruguay (BCU) publica de 0,6% sugiere que el rebote respecto a 2021 sigue siendo importante. En el fondo la economía está superando levemente los niveles de pre pandemia, pero al mismo tiempo el dato desestacionalizado lo que nos sugiere es que la economía se está enlenteciendo. O dicho en otras palabras, que una vez superada la fase de rebote, la economía vuelve a crecer a tasas parecidas a su crecimiento de largo plazo, incluso levemente por debajo. Un 0,6% anualizado es aproximadamente un 2,5% y esa es la tasa a la que nosotros creemos que la economía se aproxima a crecer el año que viene, todo lo demás constante. Este año la economía va a crecer un 5% pero el arrastre es un 3…3 y algo, con lo cual estrictamente lo que genuinamente va a crecer la economía es entorno al 2%, o incluso un poco menos. El dato del primer trimestre es bueno, la economía dejó atrás las consecuencias de la pandemia desde el punto de vista de la actividad, pero por otro lado quedan muchos desafíos por delante porque la economía vuelve a crecer a tasas bajas.

Días atrás el Ministerio de Economía presentó un informe que daba cuenta de una disminución de la cantidad de proyectos presentados en 2022 en relación al mismo período del año pasado. ¿Se espera un enfriamiento de la inversión?

Lo que nosotros estamos visualizando es una convergencia a los niveles de inversión más bajos que los niveles actuales. La inversión actual está levemente por debajo del 20% del PIB y estamos esperando una inversión que se va a estabilizar debajo de ese nivel, probablemente más cercana al 16% o 17% del PIB. Y eso es consistente con un menor número de proyectos que se presentan para obtener beneficios. Hubo una suerte de explosión de proyectos presentados al inicio de este período, producto entre otras cosas del buen clima que este gobierno despertó en el sector empresarial, pero a la luz de lo que son los precios relativos, la competitividad, y la dinámica de la economía, es normal que la inversión tienda a enfriarse y que los proyectos tiendan a presentarse con un flujo un poco menor.

¿Cómo queda parado Uruguay en este contexto de suba de tasas de la Fed?

Es evidente que Uruguay en el último año ha disfrutado de un escenario externo favorable, típicamente caracterizado por precios de exportación récord. No obstante ello, con el desarme de los estímulos monetarios y la contracción promovida por parte de las economías industrializadas para aliviar el fenómeno inflacionario, lo que esperamos es un escenario externo menos benigno. Básicamente, quiere decir que las condiciones financieras que dan lugar al crecimiento en precios de los commodities no van a permanecer. El estímulo que provenga del dólar barato para el precio de los commodities no va a estar; por otro lado el dólar va a volverse una variable más onerosa y va a tener una presión hacia la apreciación, lo cual introduce restricciones para Uruguay de distinto tipo. Un mundo que va a crecer menos, con riesgo de recesión incluso en Estados Unidos, y además un escenario financiero más constreñido. Eso claramente da lugar a un escenario menos amistoso para países como el nuestro.

¿Maneja alguna previsión de hasta cuándo puede durar este el rally de precios de los commodities? En los últimos días la soja incluso bajó de los US$600.

Es difícil hacer un pronóstico de una variable cuya determinación depende de distintos factores. Las condiciones de fundamentos para algunos de los rubros relevantes para Uruguay, como la carne, siguen siendo firmes. Sin embargo, lo que va a aflojar es la presión a la baja del dólar, lo cual hace que los precios de los commodities tiendan a ajustarse. Si se mira lo que pasa con los commodities metálicos, que de alguna manera son más estables que los alimenticios y los energéticos, lo que están mostrando es que hay una tendencia al debilitamiento sostenido en las últimas semanas. Los commodities alimenticios, que son los relevantes para Uruguay, deberían seguir una tendencia similar, aunque no significativa. Uno debería decir que los precios actuales son los mejores precios que vamos a disfrutar. Tal vez en algún mercado como la carne, donde hay factores muy específicos como la no existencia de Argentina en el mercado internacional, va a haber algunas oportunidades de precios altos, pero en general el ambiente es que el ciclo de commodities favorable parece haber llegado a su fin.

Estamos casi a mitad de mandato, ¿qué reforma el gobierno debería priorizar o acelerar?

Uruguay necesita un paquete de reformas que están dirigidas a tres puntos: mejorar competitividad y eficiencia; abrir mercados; y fortalecer las finanzas públicas. Son todas importantes pero la economía política de todas ellas es compleja para gestionarlas todas juntas. La reforma de la seguridad social, que tiene un impacto relevante sobre las finanzas públicas, es muy importante que pueda avanzarse sobre ella. Es un tema crucial. Si este gobierno no la aprueba, la próxima administración va a tener que hacerla si o si. La discusión es si la hacemos entre 2023 y 2024, o en 2025. El segundo aspecto son los temas de inserción internacional. La agenda Mercosur como estrategia de apertura externa ya no es suficiente para Uruguay. No es que sea prescindible, pero no es suficiente. Uruguay tiene que recorrer un camino más unilateral de apertura. La impresión es que se está yendo en esa dirección pero a la velocidad uruguaya, muy lentamente. Y el tercer paquete de reformas tiene que ver con la eficiencia de la economía. Ahí es muy amplio. Hay reformas en la salud. El sector sigue siendo muy caro para Uruguay, hay oportunidades de mejorar el gobierno corporativo, incentivos, aspectos del mercado laboral. Hay reformas muy relevantes en el sector del transporte carretero y colectivo. También en el sector energético, en la producción y distribución de energía. Está lleno de actividades que tienen oportunidades de mejorar su eficiencia para ayudar a la competitividad del sector transable. Esas reformas son claves, lo que pasa que hacer todas esas reformas juntas es imposible.

Hay varios frentes y el tiempo es finito. Y a su vez operan restricciones políticas. ¿En términos reales en qué áreas cree que se va a poder avanzar?

Me da la impresión que el gobierno va a intentar avanzar en el tema energético, primero porque tiene un ministro que tiene una agenda en la cabeza, y eso es una ventaja con respecto a otros sectores. Segundo porque creo que hay un cierto consenso con que es un lugar para hacer mejoras. La pregunta es, ¿la economía política de la coalición le va a permitir aprobar esto? No lo sé. Depende de la envergadura de lo que quieran hacer y cómo se muevan los lobbys que van a estar afectados para bloquear estos cambios. La renovación de los contratos vinculados al GLP es una oportunidad para que se inicie un capítulo de cambios y que se apliquen también en la distribución de combustibles líquidos. Creo que ahí es donde tienen más chances. En el tema educación, transporte carretero, o salud, no hay una acumulación suficiente en el discurso político como para poder hacer algo en este periodo. Ya estamos entrando en la segunda parte del gobierno. Las iniciativas que no se empiecen a considerar de aquí a un año va a ser muy difícil que sean aprobadas en este periodo. Todo lo que venga después de julio de 2023 entra en el letargo electoral.

¿Está de acuerdo con que la Rendición de cuentas tenga gasto incremental como la anunció el presidente?

La política fiscal viene de un periodo de contracción, que tuvo lugar en 2020 y 2021, lo cual ha permitido una mejora del resultado fiscal, pero buena parte de esas mejoras tienen que ver con fenómenos transitorios. Ahora la política fiscal va a ingresar en un terreno, en piloto automático, de neutralidad. De una fase contractiva a una fase más neutra en su influencia en el ciclo. Si a eso, esta Rendición de Cuentas le agregara algún tipo de iniciativa, ya sea por el lado del gasto o de los ingresos, de expansión, ingresaríamos en el riesgo de un terreno de política fiscal expansiva. ¿Por qué en el riesgo? Porque estamos en un momento en que la política monetaria ha ido ingresando en un terreno contractivo y a su vez una política salarial en una fase de promoción de aumento de salarios. Si tenés una política monetaria contractiva, una política de ingresos que va en dirección contraria estimulando la demanda, y a su vez una política fiscal que no es contractiva, es el típico escenario de inconsistencia macro que termina en Uruguay, como todos sabemos, en una apreciación del tipo de cambio real. Eso, en un escenario donde el dólar se fortalece y en el que Uruguay ya tiene algún desvío del tipo de cambio, constituye un problema para la competitividad. Dicho todo esto, asumiendo cuales son los objetivos del gobierno, creo que es el momento de consolidar el ajuste fiscal frágil que se hizo en este período, y no es el momento de empezar a librar cheques contra un crecimiento que, además, no va a tener lugar. Nadie debería tomar decisiones en materia fiscal pensando en el crecimiento del 8,3% sino en el crecimiento del 2%, que es el que convergemos. Simplemente lo que deberíamos festejar es que rebotamos y corregimos el desvío, pero no estamos en condiciones de aumentar el gasto si la prudencia fiscal constituye el objetivo central.

Esa consolidación también implicaría reformas.

Desde que asumió el gobierno, tenía que hacer tres cosas en materia fiscal. Un ajuste corriente, promover reformas que permitieran una gestión más transparente y más eficaz de la política fiscal, y una reforma de la seguridad social que era el principal componente del desvío de recursos. El ajuste corriente lo hizo. Es verdad que hizo un apretón fiscal pero también es cierto que la inflación y la caída del salario real lo ayudó. Lo que hizo esencialmente fue contener inversiones pero no avanzó en una reforma estructural sobre el gasto corriente. A su vez se introdujo una regla fiscal, que avanzó en la dirección de restringir el margen de discrecionalidad del Poder Ejecutivo. Y el tercer componente es la reforma de la seguridad social. En los tres frentes tenemos avances parciales. Es el momento de consolidar eso. A pesar de que este no es un momento de alta presión de las calificadoras de riesgo, porque todo el mundo empeoró sus finanzas, a Uruguay en 2025, dada su fragilidad macro, le van a volver a exigir que su fiscalidad se vuelva muy sólida.

¿Cómo cree que se resolverá la encrucijada por la pérdida del salario real tanto en el sector público como en el privado?

Ese es uno de los cuellos de botella en los que el gobierno se metió. El cuello de botella básicamente supuso un compromiso de contracción fiscal, con un compromiso de recuperación salarial, con uno de desinflación. Si la desinflación hubiera tenido lugar, alguno de estos objetivos podrían haber sido más consistentes. Pero el problema es que por diversas razones, algunas previas a la guerra y otras que se consolidaron, la inflación no converge a lo que el gobierno pretendía y por lo tanto hay aquí una manifiesta inconsistencia. ¿Qué va a ocurrir con esto? El gobierno va a tener que abandonar alguno de estos objetivos. Creo que no se va a volver dispendioso fiscalmente, porque su matriz es cuidadosa y prudente en esta materia. Tampoco va a incumplir su compromiso de iniciar la recuperación salarial. Yo no sé si va a alcanzar la meta, pero por razones políticas va a intentar no incumplir este compromiso. Y por lo tanto la meta que va a abandonar es la meta inflacionaria. A lo que vamos a asistir es a una tasa de inflación que se va a consolidar por encima (del rango meta). Este año va a estar entorno al 9% y el año que viene va a converger al 7%, y en nuestra impresión va a permanecer ahí por un período prolongado.

Los salarios naturalmente van a empujar la inflación, ¿el camino tomado por el BCU cree que va a lograr controlarla?

El gobierno se trazó unas metas en tres frentes que eran difícilmente conciliables y que solamente un escenario exógeno muy favorable podía dar lugar a que se alcanzaran simultáneamente. Que era: ajuste fiscal, compromiso de recuperar el salario perdido y desinflación. Lo que va a terminar ocurriendo es que la inflación no converge al 4% al final del período, ni al 6% en la segunda mitad de este año como estaba previsto.

¿Por qué señala que una modificación del Impuesto a la Asistencia de la Seguridad Social (IASS) es regresivo?

En primer lugar los contribuyentes del IASS son personas, dentro del colectivo de jubilados, de altos ingresos en términos relativos. Y dentro del colectivo de Uruguay también lo son. Alguien podrá decir que no son personas ricas, ni de altos ingresos, pero son personas que en términos relativos, son las personas que más ingresos tienen. Entonces si uno desarma el IASS y lo reduce en algún sentido lo que está haciendo es reduciendo el gravamen sobre personas que, por más que no sean de altos ingresos, en términos relativos lo son. Y a su vez restándole recursos al fisco para poder transferir a la población más vulnerable. Por esas dos razones creo que desarmar el IASS es regresivo en términos de distribución del ingreso.

¿Cómo cree que se va a parar Lacalle Pou en la región ante los cambios de gobiernos hacia alternativas de izquierda?

En América Latina se insinúa un ciclo de gobiernos de izquierda pero un poco más particulares de los que vimos en el ciclo anterior. A lo que estamos asistiendo, más que a un retorno de la izquierda, es a un reverdecer de los gobiernos populistas. Esto no es lo mismo que el ciclo donde teníamos a Lago o a Bachelet en Chile, a Lula en Brasil, a Morales en Bolivia o a Lugo en Paraguay y al Frente Amplio en Uruguay. Me parece que el perfil de Petro, de Fernández, de Bolsonaro mismo, independientemente de su filiación, son una naturaleza de gobiernos más populistas, con tentaciones de actuaciones discrecionales, no muy alineadas a ciertas restricciones macro. En ese sentido la tendencia todavía es difusa de percibir. No obstante eso, por cómo se conformó el resultado electoral, el gobierno de Lacalle tiene más dificultades de las que tendría si los resultados electorales en Colombia o en Chile hubieran sido otros. Creo que Uruguay más bien está navegando en solitario en términos de su inserción externa por dos razones. Por un lado por esta suerte de divergencia ideológica. Pero, más que por eso, porque las orientaciones de política exterior de estos gobiernos todavía son difusas. La idea de Uruguay de insertarse en el mundo seguramente va a ser bypaseando la región. A Lacalle no me lo imagino preocupándose por construir muchos consensos y acuerdos en la región para escalar, sino más bien buscando soluciones de tipo unilateral. Lo cual en el corto plazo no me parece en sí mismo malo, porque la región creo que está empantanada en muchos debates domésticos. Entonces creo que vamos a navegar en solitario.

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