Cripto

Criptomonedas: el lado gris de su adopción en las economías emergentes

La posible inestabilidad financiera y los riesgos asociados a flujos financieros ilícitos ponen a las criptomonedas al filo en los mercados emergentes

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14 de agosto, 2022 | 04:00 AM
Tiempo de lectura: 3 minutos

Bogotá — A pesar de su rápida adopción en los mercados emergentes, la penetración de las criptomonedas en estas economías también da señales de las ineficiencias propias que existen y en algunos casos de la importante depreciación que están sufriendo sus monedas oficiales.

“Si bien estas monedas digitales privadas han recompensado a algunos y facilitan las remesas, son un activo financiero inestable que también puede generar riesgos y costos sociales”, advierte al respecto un informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad, por sus siglas en inglés).

En su reporte titulado No todo lo que brilla es oro: El alto coste de dejar las criptodivisas sin regular, la Unctad pone luz sobre los vacíos que deja la adopción de las cripto en un escenario de poca claridad normativa y en el que estas empiezan a cobrar cada vez más relevancia en actividades como las remesas o los pagos por trabajos remotos.

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De acuerdo a cifras compartidas por esa entidad, el ecosistema de criptodivisas se expandió un impresionante 2.300% entre septiembre de 2019 y junio de 2021, con especial participación de las economías emergentes.

Es así que los países que están impulsando esa adopción, en proporción al porcentaje de la población, son Ucrania (12,79%), Rusia (11,9%), Venezuela (10,3%); Singapur (9,4%), Kenia (8,5%), Estados Unidos (8,3%), India (7,3%), Sudáfrica (7,1%), Nigeria (6,3%), Colombia (6,1%), Vietnam (6,1%), Tailandia (5,2%), Reino Unido e Irlanda del Norte (5%), Brasil (4,9%), entre otros.

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Porcentaje de la población que posee criptomonedasdfd

Si bien destaca algunas cualidades de este mercado, el informe también advierte que “los rendimientos del comercio y la tenencia de criptodivisas son, al igual que los de otras operaciones especulativas, muy individuales. En general, se ven ensombrecidos por los riesgos y costes que suponen en los países en desarrollo”.

Entre los riesgos asociados nombra la inestabilidad financiera, dado que considera que en caso de una caída de los precios las autoridades monetarias tendrían que entrar a intervenir con inyección de liquidez.

“Además, en los países en desarrollo, el uso de criptodivisas proporciona un nuevo canal para los flujos financieros ilícitos”, señala.

De otra parte, ve problemático el hecho de que las criptomonedas puedan socavar en estos mercados la eficacia de los controles de capital, al mismo tiempo que pueden llegar a representar una seria amenaza contra la soberanía monetaria de los países ante la posible sustitución de las monedas nacionales de forma no oficial.

Estos riesgos asociados también se trasladan a las llamadas monedas estables (stablecoins), que son tokens digitales que tienen paridad con divisas de curso legal como el dólar.

“El uso de stablecoins plantea los mayores riesgos en los países en desarrollo con una demanda insatisfecha de monedas de reserva. Por ejemplo, las turbulencias de mayo de 2022 provocaron una huida hacia stablecoins de mayor calidad que publican tenencias auditadas de sus respaldos”, señala en ese sentido la Unctad.

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Frente a estos desafíos, la Unctad planteó una serie de recomendaciones para estos Estados que incluyen adoptar una reglamentación financiera integral para las criptomonedas, que contemple, en otras medidas, imponer impuestos a esas transacciones o el cobro de tasas de entrada tanto a los exchanges como a las billeteras digitales.

También plantea unas medidas más fuertes a las economías emergentes como restringir e incluso prohibir la publicidad sobre criptomonedas en el espacio público o en redes sociales.

Asimismo, ve importante que no se permita “a las instituciones financieras reguladas la tenencia de monedas estables y criptodivisas o la oferta de productos relacionados a los clientes”.

Y finalmente, ofrecer un sistema de pagos público acorde a las tendencias digitales actual, bajo el principio de que sea seguro, fiable y asequible.

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