Chile

FAO sobre escenario alimentario en LatAm: 2023 podría ser un año de mayor riesgo

En entrevista con Bloomberg Línea, Mario Lubetkin dijo que la inflación y otras “tendencias graves” suponen un panorama difícil para América Latina y el Caribe

Las presiones inflacionarias, en especial por los altos precios de los alimentos y la energía, llevarán a la región a una senda de "bajo crecimiento", según la Cepal.
14 de septiembre, 2022 | 04:00 AM
Tiempo de lectura: 7 minutos

Santiago — Hace más de un mes y en medio de la incertidumbre por la economía mundial, el comunicador uruguayo Mario Lubetkin asumió como representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO) para América Latina y el Caribe, que tiene oficina en Santiago de Chile. “El desafío más grande en este momento es la seguridad alimentaria”, dice en conversación con Bloomberg Línea.

Este solo será uno de los ejes a abordar en su gestión, pues Lubetkin también tiene puesta su atención en los asuntos energéticos, económicos y climáticos que, finalmente, impactan sobre la alimentación.

Hambre y comer mal van de la mano porque al final los resultados negativos son similares, y determinan costos económicos para el Estado muy importantes

Mario Lubetkin

Sabe que el diagnostico no es esperanzador cuando evalúa las cifras de personas desnutridas, que alcanzó un total de 56,5 millones en 2021(8,6% de la población regional), y en condiciones de inseguridad alimentaria. “Se puede decir que hay un escenario claramente negativo. En los últimos años no hay inversión de tendencia. Si se sigue por este camino no se lograrán los objetivos por los cuales 193 jefes de Estado se juntaron en Nueva York, en 2015, para decidir una agenda global que proponía eliminar el hambre y la pobreza en 2030″.

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Mario Lubetkin, representante de la FAO para América Latina. Foto: FAO/Jorge Mahechadfd

Esta entrevista, realizada vía telefónica, fue editada por motivos de extensión y claridad.

BLOOMBERG LÍNEA: ¿Qué tan cerca está América Latina de una crisis alimentaria?

MARIO LUBETKIN: Las formas de categorización son todas discutibles. Podría decir que este año estamos en una situación muy difícil desde el punto de vista alimentario por el aumento de los precios y una serie de tendencias graves.

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Si bien este año hubo problemas severos, logísticos, para garantizar los aspectos básicos de la seguridad alimentaria, de la transportación, la distribución, los niveles ambientales; 2023 podría ser un año de mayor riesgo y peligro respecto a 2022 por un conjunto de razones.

Las perspectivas para América Latina apuntan a un menor crecimiento, mayor inflación y pobreza para 2023. ¿Con qué herramientas se cuentan para enfrentar este escenario?

No me animo a señalar que se viene un escenario de crisis alimentaria porque depende de una serie de factores. Pero, sin duda, será un escenario más grave que el de este año 2022 si no hay una inversión de la tendencia.

Si hablamos de medidas, nosotros insistimos en la necesidad, sobre todo para los sectores más vulnerables, de la creación de programas de seguridad social, transferencia de ingresos, apoyos directos, especialmente nos concentramos en los altos precios de los alimentos que se esperan, cómo eso incidirá en los sectores más pobres; por ejemplo, la urgencia de mantener abierto el comercio de alimentos y fertilizantes, evitando situaciones que afecten negativamente la actividad productiva, la búsqueda de productores sustitutivos en el próximo período a la luz de los faltantes que se vayan registrando.

Esto no es solamente una política, sino soluciones que impulsen algo clave: la transformación de los sistemas agroalimentarios para generar una estabilidad larga hacia el futuro.

¿Qué tanto necesita América Latina para transformar sus sistemas agroalimentarios?

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Si miramos los números de CEPAL, hay un conjunto de escenarios de riesgo: crecimiento bajo y niveles inflacionarios importantes. Pero, al mismo tiempo, América Latina tiene una capacidad potencial de producción alimentaria extraordinaria.

Hay soluciones parciales por parte de los países, pero todavía no se ha incorporado el tema de la producción alimentaria como un aspecto de la integración regional. Esto es cada vez más importante.

Hay voluntad, pero la sensación es que todavía falta un diálogo más fluido entre los países en la búsqueda de soluciones y experiencias positivas. América Latina, potencialmente, tiene condiciones para producir para 1.300 millones de personas, al menos se dice teóricamente.

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¿Cuál es su población? La mitad, todo potencial. La región tendría la capacidad de producción de fertilizantes, de optimizar sus capacidades de producción, avanzar a un proceso de innovación y desarrollo tecnológico. Están las condiciones, sobre todo para los países más importantes.

¿Hay capacidad de producción, pero no acceso?

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Hay capacidad de producción, y hay dificultades en todo lo que es la cadena. Estamos hablando de mantenimiento, transportación, estabilidad o resiliencia del ámbito de las tierras, entre otros aspectos.

Hay países, los más importantes de la producción agrícola, en mejores condiciones respecto a otros. Pero está claro que, frente a los límites en las inversiones para desarrollar rápidamente estos sectores, son fundamentales las innovaciones y el desarrollo tecnológico y digital.

Producción agrícola de frutas y vegetalesdfd

¿Dónde está América Latina en aspectos de innovación y desarrollo tecnológico? Creo que no está mal parada, pero debe tener un impulso muy grande considerando a los diferentes actores, adaptándonos a los niveles de subvenciones, incentivos a los productores y consumidores, para una mayor eficiencia compatible con el escenario de la naturaleza.

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La digitalización es el motor para una transformación real, creando oportunidades de nuevo tipo. Podemos ayudar en esto, pero tiene que ser una conjunción de los diferentes actores.

¿Son suficientes las ayudas otorgadas por los gobiernos a los más vulnerables para paliar la inflación?

Los gobiernos tienen que reflexionar, porque el sector agrícola alimentario es una de las áreas más importantes para impulsar el desarrollo económico y exportador.

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En 2021, el 11% de la inflación era neta a partir de la inflación alimentaria. Los países tienen que pensar más y mejorar la calidad y los niveles de inversiones a partir de las reflexiones de los propios presupuestos del Estado. No se trata de tal o cual país, sino de una línea de tendencia.

Perú, según nuestros estudios, no necesariamente va a ser uno de los países más golpeados por los efectos de Covid y conflictos militares.

Mario Lubetkin

Si, efectivamente, se piensa que los productos alimentarios costarán más caros el próximo año; eso puede generar aspectos que no tienen que ver con el desarrollo económico, sino con la inseguridad social.

América Latina tiene que facilitar el acceso a los recursos productivos, financieros, servicios; y conectar a los pequeños agricultores con los mercados. También fomentar la diversificación de la producción, desarrollar el conocimiento de los productos, las capacidades; proteger el agua y los ecosistemas; restaurar la tierra e impulsar a la conservación de la biodiversidad. No se trata de ir con una bandera, sino con el conjunto de banderas o de pilares que pueden determinar una modificación que tendencia.

¿Cuáles serían los países de América Latina más vulnerables en materia alimentaria ante el escenario de 2023?

El país más vulnerable en América Latina y el Caribe es Haití, donde el 47,2% de la población padece hambre, con más de 5 millones de personas. Según los datos del informe SOFI de 2021, los países que en ese momento tenían el mayor riesgo era Venezuela (22,9%), Nicaragua (18,6%), seguidos de Guatemala, Ecuador, Honduras y Bolivia.

Pero dependerá de la política de los países, si hay cambio de tendencia y otros países entran en un escenario más complicado. También dependerá de la actitud, las políticas y, si pienso en otras naciones, de las herramientas de protección social.

Es clave la conexión entre los alimentos, la nutrición y las dietas equilibradas. De la misma forma que hablamos de 54 millones de personas en situación de hambre igualmente hay 106 millones de obesos en América Latina.

Hambre y comer mal van de la mano porque al final los resultados negativos son similares, y determinan costos económicos para el Estado muy importantes. La dieta nutricional no es simplemente un tema de calidad de vida, sino también económico.

Un informe de FAO ubicó a Perú como el país con más alta inseguridad alimentaria en Sudamérica. ¿Cuánto más se podría extender esta situación en esta nación?

El problema son los ángulos de análisis. He visto lo que aparece en los medios peruanos, efectivamente hablaban de que Perú está como el país sudamericano de mayor inseguridad alimentaria. Al mismo tiempo, Perú –según nuestros estudios– no necesariamente va a ser uno de los países más golpeados por los efectos de Covid y conflictos militares.

Son diferentes ángulos. Sin duda, está en un escenario de fuerte dificultad y se incorpora a la lista de países que tienen que afrontar con mucha con fuerza, severidad y profundidad las transformaciones.

Estamos trabajando con el gobierno peruano, así como con la mayoría de los gobiernos de América Latina, y buscando soluciones innovadoras para tratar de ayudar a ese escenario que, en ciertos aspectos, es nuevo.

¿Qué desafíos ven en Argentina en este momento?

Tienen desafíos de un país productor alimentario, de transformar esa capacidad de producción alimentaria en una mejor condición para la sociedad.

No se encuentra en la situación de países caribeños donde importan el 25% de su producción alimentaria, Argentina produce. Por eso, el GAP es interno, y tiene que afrontarse y resolverse internamente. Está infinitamente en mejor condiciones que otros países, los cuales no tienen la producción alimentaria.

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