Bruselas (Bélgica) — Europa busca acelerar en su plan de transición energética y cortar totalmente la dependencia al gas ruso con miras a 2027, a medida que América Latina cobra mayor protagonismo en su estrategia para acceder a minerales críticos e impulsar inversiones verdes.
En su objetivo de consolidar la transición energética y reducir, de forma permanente, su dependencia al gas ruso, la Unión Europea ve en América Latina un aliado cada vez más importante en un contexto global de incertidumbre.
Muestra de este renovado interés es la visita de este jueves a Sao Paulo del comisario europeo de Asociaciones Internacionales, Jozef Síkela, cuya agenda estará centrada en posibles inversiones en proyectos de minerales críticos y tierras raras en el país.
El objetivo de Europa es reducir su dependencia de China en el suministro de insumos clave como el níquel, litio, cobalto y tierras raras para la transición energética, logrando asociaciones estratégicas con gigantes regionales como Brasil.
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Las tierras raras han adquirido una importancia creciente debido a su papel en tecnologías vinculadas a la transición energética, la digitalización y diversos sectores industriales avanzados.
En este escenario, la seguridad de las cadenas de suministro se ha convertido en una prioridad para las principales economías del mundo.
Funcionarios europeos dijeron a Bloomberg Línea en Bruselas (Bélgica) que esta estrategia surge en un entorno en el que proliferan líderes y políticas globales que definen como impredecibles.
“Lo más importante es el modelo de asociación que queremos construir con nuestros socios sudamericanos”, dijo a Bloomberg Línea Olof Gill, portavoz jefe adjunto de la Comisión Europea. “Así que básicamente se trata de un modelo en el que ambas partes acuerdan las reglas y se ponen de acuerdo en los objetivos respecto al tipo de industrias y al tipo de cadenas de suministro que desean que se desarrollen”.
La UE se quiere presentar ante Latinoamérica como un socio predecible, estable y basado en reglas claras en medio de la búsqueda de diversificación de las fuentes de energía y del pulso con otras potencias como EE.UU. y China.
En ese contexto, la Unión Europea busca fortalecer sus vínculos con América Latina mediante acuerdos como el de Mercosur, que fue firmado en enero de 2026, tras una negociación que se extendió por 25 años, y la modernización de pactos con mercados estratégicos como México.
“América Latina ofrece una combinación particularmente atractiva caracterizada por abundancia de recursos, potencial de crecimiento productivo y estabilidad relativa frente a otras regiones productoras”, dijo a Bloomberg Línea el secretario ejecutivo de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (Olacde), Andrés Rebolledo.
Por ello, manifiesta que el interés europeo por la región no debe interpretarse únicamente como una búsqueda de mayores volúmenes de petróleo y gas, sino como parte de una estrategia más amplia de diversificación de socios energéticos y acceso a recursos estratégicos para la transición energética.
En este escenario, señaló que América Latina y el Caribe no sólo puede consolidarse como un importante proveedor de petróleo y gas, sino también como un socio estratégico en el suministro de los recursos y tecnologías que demandará la transición energética durante las próximas décadas.
“Más que una búsqueda de acceso exclusivo a determinadas materias primas, lo que se observa es un esfuerzo por construir relaciones de cooperación de largo plazo con países que cuentan con capacidades y potencial de crecimiento”, apuntó Rebolledo. En ese escenario, “la relación entre Europa y América Latina y el Caribe podría fortalecerse sobre la base de intereses compartidos en materia de seguridad económica, desarrollo industrial y transformación energética”.
Profundizar vínculos
La Unión Europea busca profundizar sus vínculos a través de programas como la iniciativa Global Gateway, que prevé destinar más de 45.000 millones de euros en inversiones para América Latina y el Caribe hasta 2027.
Dentro de la iniciativa Global Gateway, se tienen identificados 24 proyectos estratégicos para la región en materia de interconexión eléctrica, con un costo total de 6.840 millones de euros.
El proyecto más grande es de interconexión eléctrica entre Colombia y Panamá, que lleva más de veinte años en gestación.
Uno de los criterios a considerar es el carácter estratégico y geopolítico de estos proyectos, por lo que los materiales críticos han ganado cada vez más relevancia.
Dentro de esa estrategia, también hay interés en proyectos en hidrógeno en Brasil, Chile y Paraguay, confirmaron personas de la comunidad que optaron por el anonimato por no estar autorizadas a hablar públicamente del tema.
Para los funcionarios europeos, la región destaca por su riqueza en minerales críticos y por las oportunidades que ofrece para desarrollar cadenas de valor e inversiones asociadas a las tecnologías limpias.
La UE ha acelerado sus esfuerzos para diversificar su matriz energética debido a acontecimientos geopolíticos como la invasión de Ucrania por parte de Rusia en 2022, la volatilidad de los mercados energéticos mundiales y las crecientes preocupaciones en torno a las dependencias de las cadenas de suministro.
En visión de los funcionarios europeos, la transición energética ya no es solo una política climática sino una estrategia de seguridad nacional y energética, de competitividad industrial y de autonomía económica.
Y en ese contexto, América Latina adquiere una relevancia creciente, especialmente porque cerca del 70% de su electricidad ya proviene de fuentes renovables.
La asociación que perfila Europa con América Latina está basada en pilares como la definición conjunta de objetivos industriales y desarrollo de cadenas de suministro vinculadas a la transición verde.
“En el mundo de hoy, el valor de la confianza como moneda de cambio es muy alto, porque otros actores globales son muy volátiles”, según dijo Olof Gill durante una visita de periodistas en el marco del proyecto Diálogos sobre el clima de la UE 2 (EUCDS 2) en Bélgica. “Cuando colaboramos con un socio en materias primas, queremos construir una cadena de suministro que nos brinde no sólo a nosotros, sino también al país socio, un abastecimiento confiable y constante de estas materias primas que son importantes para la energía verde”, dijo Gill.
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“También queremos asegurarnos de que el país socio se beneficie, ya que podemos contribuir a que la creación de riqueza se quede en el país, de modo que se construyan las cadenas de suministro, se extraigan las materias primas y tal vez incluso se refinen localmente. Así se generan empleos locales y se construyen nuevas economías”, apuntó Olof Gill. “Creemos que es una propuesta de asociación más ganar-ganar que la de China o Estados Unidos”.
La UE espera que sus fuentes renovables desplacen gradualmente a los combustibles fósiles, pasando del 17% de la energía disponible en 2019 a entre el 50 y el 60% en 2040 (y el 70% en 2050). Entre tanto, los combustibles fósiles pasarán de representar el 70% de la energía disponible en 2019 a entre el 27 y el 37% en 2040 (con un consumo residual en 2050).
Diversificación de fuentes
Para la Unión Europea, la región es un socio clave no solo para avanzar en la transición energética, sino también para diversificar las cadenas globales de suministro asociadas a las tecnologías limpias.
Europa quiere diversificar el origen de componentes como los paneles solares y de minerales críticos indispensables para la electrificación y las energías renovables.
La preocupación es que concentrar la cadena de suministro en un único país podría generar nuevas vulnerabilidades geopolíticas y económicas, reproduciendo el mismo tipo de dependencia que Europa busca dejar atrás en el sector energético.
La directora de Seguridad Energética y Relaciones Exteriores en la Comisión Europea, Cristina Lobillo, reconoció en Bruselas que la transición verde y digital depende de contar con un acceso seguro a las materias primas críticas.
Estos materiales son esenciales para el desarrollo de baterías, turbinas eólicas, paneles solares, vehículos eléctricos y tecnologías de hidrógeno.
En la actualidad, la Unión Europea sigue dependiendo de las importaciones procedentes de un número limitado de terceros países. “Esto genera riesgos importantes para Europa, especialmente en términos de competitividad industrial, seguridad energética y autonomía estratégica”, apuntó.
Detalló que el 70% del procesamiento de 19 de los 20 minerales críticos para la transición energética se realiza en China.
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“Entonces, cuando ves esta cifra, dices: ‘¡Ay, Dios mío, ¿cómo vamos a competir?’. Pero tal vez no se trate de competir, sino simplemente de enfocarnos en lo que podemos hacer en la Unión Europea para aportar este valor agregado”, dijo Cristina Lobillo en el marco de la Semana Europea de la Energía Sostenible (EUSEW), que se celebró en Bruselas del 9 al 11 de junio.
Entre las diferentes estrategias para fortalecer la cadena de valor nombró la Ley de Materias Primas Críticas (Ley CRM), que entró en vigor en mayo de 2024.
Su principal objetivo es apoyar el desarrollo de una cadena europea de suministro interno de materias primas estableciendo metas para 2030, diversificando las fuentes de suministro para reducir dependencias en materiales primas clave y finalmente reforzando el apoyo a proyectos estratégicos.
La Comisión ya designó una primera lista de proyectos estratégicos que se beneficiarán de un acceso más sencillo al financiamiento, procesos de autorización acelerados y mecanismos para conectar compradores con proveedores, con el fin de acelerar el desarrollo de cadenas de suministro dentro de Europa.
En su intervención, mencionó la importancia de seguir respaldando a la industria europea y diversificar las fuentes de suministro que serán esenciales para la transición energética. “No queremos repetir los errores del pasado, cuando dependíamos de un único proveedor de gas. Esa es la meta principal de todas estas iniciativas”.
La Unión Europea firmó acuerdos de cooperación con países de la región como Chile y Argentina en 2023 para impulsar el desarrollo sostenible de estos recursos.
Además, la UE seleccionó un proyecto en Brasil como estratégico bajo la Ley de Materias Primas Críticas, lo que le permite acceder a respaldo político y mecanismos de apoyo para acelerar su desarrollo.
Según Olacde, Europa pasó de comprar minerales a construir asociaciones estratégicas integrales.
Por ejemplo, evidencia un fenómeno mundial de integración vertical en la minería con participación de las automotrices para asegurar el suministro de insumos clave.
Es así que crecen acuerdos que incluyen financiamiento, procesamiento y transferencia tecnológica.
El objetivo es diversificar proveedores y fortalecer resiliencia de cadenas.
“Hoy Europa ve en la región un socio estratégico por recursos, escala y estabilidad y diversificación”, anotó Rebolledo. “El contexto es crítico: las tensiones geopolíticas aceleran inversiones y desarrollo de nuevos proyectos”.
Presiones en los precios energéticos
A diferencia de 2022, cuando la invasión rusa de Ucrania desencadenó una crisis energética para Europa debido a que cerca del 60% de sus importaciones de gas y petróleo provenían de Rusia, la actual tensión en Medio Oriente tiene un impacto mucho más limitado sobre el suministro energético del bloque.
Actualmente, solo alrededor del 4% de las importaciones europeas de gas provienen de Catar, mientras que el petróleo de ese país representa entre el 7% y el 8% del total, por lo que el riesgo de interrupciones se considera considerablemente menor.
Los principales proveedores de gas de la Unión Europea en la actualidad son Noruega, EE.UU., Argelia y Azerbaiyán. En petróleo, destacan fuentes como la de Estados Unidos, Noruega, Kazajistán y el norte de África.
Sin embargo, los funcionarios europeos explicaron que ya comienzan a percibirse otros efectos relevantes derivados de las tensiones en los mercados energéticos.
El primer problema es que los mercados energéticos siguen tensionados, lo que mantiene los precios elevados.
Actualmente, Europa paga alrededor de 52 euros por megavatio hora de gas, aunque esta cifra está muy por debajo del pico de 316 euros registrado en 2022 tras la invasión rusa de Ucrania.
En día pasados, Estados Unidos e Irán alcanzaron un acuerdo provisional para poner fin a las hostilidades y reabrir el estrecho de Ormuz.
Independientemente de que la crisis se alivie, funcionarios europeos señalaron que se podrían ver unos precios elevados de materias primas como el petróleo en los próximos 6 a 8 meses porque los mercados necesitarán tiempo para reequilibrarse tras el prolongado cierre del estrecho de Ormuz.
Durante la crisis en Medio Oriente, una de las principales preocupaciones de la Unión Europea ha estado centrada en el combustible para la aviación.
La Unión Europea mantiene una dependencia significativa de Oriente Medio para el suministro de queroseno, dado que alrededor del 30% de sus importaciones provienen directamente de esa región.
Si se suma el combustible refinado en países como India, que también depende de crudo de Oriente Medio, la exposición europea alcanza cerca del 40% de sus importaciones.
El escudo verde de la transición energética
Pese a las tensiones actuales en los mercados energéticos, Europa considera que la transición energética ha actuado como un “escudo verde” frente a las crisis externas.
La Unión Europea es importadora neta de carburantes fósiles con una contribución de cerca del 99%.
Dentro de este balance, importa alrededor de un 55% de la energía que necesita.
Esa dependencia tiene un costo elevado para Europa.
La factura anual europea por importaciones de petróleo y gas supera los 365.000 millones de euros anuales o unos 1.000 millones de euros diarios, según cifras oficiales.
Y debido a las tensiones recientes en Oriente Medio esta factura se ya habría aumentado en más de 50.000 millones de euros.
Con el llamado escudo verde, la estrategia europea se centra en desarrollar fuentes de energía propias, principalmente renovables y energía nuclear.
En este marco, las fuentes renovables y la energía nuclear pasan a ser consideradas prioridades absolutas en los próximos años.
Desde 2022, la Unión Europea ha generado más capacidad renovable que durante toda la década anterior.
La rápida expansión de las renovables plantea el desafío de su incorporación en las redes eléctricas europeas.
Esto exige modernizar las redes eléctricas para absorber una generación cada vez más variable, una dificultad que ya se ha evidenciado en algunos países como España y Portugal.
En paralelo, la energía nuclear vuelve a ganar protagonismo como una fuente estable, baja en emisiones y producida dentro de Europa.
Francia sigue liderando este sector, mientras que países como Polonia, Rumania, Bulgaria, Eslovaquia y Grecia impulsan nuevos proyectos nucleares.
La complementariedad es una de las claves en esta estrategia, puesto que ningún Estado miembro dispone por sí solo de todos los recursos energéticos que necesita.
Algunos Estados miembros cuentan con recursos renovables (sol, viento e hidroeléctrica), mientras que otros disponen de energía nuclear, puertos y terminales de GNL, capacidades de almacenamiento y conexiones con proveedores externos.
Por esto, la cooperación internacional, en particular entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe, será esencial para alcanzar las metas de descarbonización, asegurar las cadenas de suministro y acelerar el despliegue de tecnologías limpias.
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