Bloomberg — Las dos mayores petroleras de Latinoamérica están apostando fuerte por un proyecto de alto riesgo para extraer una enorme reserva de crudo de rocas que no han visto la luz del día en 160 millones de años.
Petroleo Brasileiro y Petróleos Mexicanos se han aliado para explorar una capa de la corteza terrestre situada bajo el golfo de México que es más antigua, más profunda y potencialmente más rica en petróleo que los megayacimientos existentes en el mundo. Los riesgos físicos, financieros y medioambientales son enormes, dados los desafíos que supone perforar en busca de crudo a kilómetros de profundidad bajo el lecho marino, atravesando capas rocosas inestables y sometidas a altas presiones.
El objetivo es un conjunto geológico frente a la costa del estado mexicano de Campeche que Pemex exploró sin éxito en 2018. Contrasta radicalmente con los pozos productivos de la parte estadounidense del Golfo, que extraen petróleo atrapado en rocas formadas hace aproximadamente 20 millones de años. En cambio, Petrobras y Pemex pretenden adentrarse en formaciones rocosas ocho veces más antiguas, de una época en la que los dinosaurios y los antiguos moluscos dominaban la tierra y los mares.
Para Pemex, se trata de un intento desesperado por revitalizarse mientras se enfrenta a una deuda asfixiante, una producción petrolera en declive y una reputación de ineficiencia y peligro. Pero esta iniciativa también es importante para los mercados petroleros mundiales, ya que la guerra en Irán y otras perturbaciones geopolíticas en Medio Oriente han puesto de manifiesto el riesgo de que una proporción tan elevada de la oferta esté concentrada en una sola región.
El atractivo de perforar en las formaciones más antiguas radica en que, potencialmente, pueden generar ganancias mucho mayores, ya que se trata de las denominadas “rocas madre”, donde los detritos orgánicos fueron triturados, calentados y transformados en petróleo. Por el contrario, las rocas más jóvenes no son más que bolsas en las que, con el paso del tiempo, quedaron atrapadas las filtraciones procedentes de las rocas madre.
Equipos de ambas empresas comenzaron a evaluar datos sísmicos y otros datos geológicos en las últimas semanas con el objetivo de lograr una hazaña que nunca se ha conseguido fuera del territorio de origen de Petrobras, Brasil.
“Petrobras se adentra en territorio inexplorado”, afirmó Pedro Zalan, geólogo que trabajó en proyectos de exploración durante sus 34 años de carrera en la empresa. La geología del lado mexicano del Golfo “la hace especialmente propicia para la acumulación de petróleo”.
Petrobras posee una capacidad única para explorar rocas madre en una capa de la corteza que los geólogos denominan presal. Una serie de gigantescos descubrimientos en alta mar cerca de Río de Janeiro, que comenzaron en 2006, marcó el inicio de un auge transformador en la producción de petróleo presal para la mayor economía de Sudamérica. Los intentos posteriores de otras empresas por replicar esos éxitos en formaciones presal de Angola, Gabón y la República del Congo fracasaron en su mayor parte.
“Pemex por sí sola no dispone de la tecnología ni del capital necesarios para este tipo de proyecto”, afirmó Mark Rowan, geólogo y consultor afincado en Colorado especializado en descubrimientos en las profundidades del golfo de México. “Pero el hecho de que sea de alto riesgo no significa que no haya hidrocarburos allí. Las empresas están dispuestas a perforar yacimientos muy arriesgados y a ser pioneras porque, en caso de éxito, las posibles recompensas son enormes”.
En 2018, Pemex perforó más de 7.800 metros por debajo del lecho marino y atravesó la capa de sal de Campeche. Aunque el pozo exploratorio ffue declarado improductivo, en la jerga del sector eso no es necesariamente sinónimo de inútil. Los datos y conocimientos extraídos de ese pozo pueden aportar pistas valiosas a los geólogos e ingenieros de Petrobras y Pemex.
“Al parecer, lo que encontró Pemex no los ahuyentó”, afirmó Rowan. “Eso sugiere que no hubo ningún factor que descartara por completo la posibilidad de un yacimiento y, posiblemente, que encontraron algo que les dio una razón de peso para seguir intentándolo”.
Incluso si hay petróleo bajo la sal, sacarlo a la superficie será todo un desafío. A las altas temperaturas y presiones que se registran en las profundidades del subsuelo, la sal se comporta más como un líquido que como un sólido, y perforarla requiere equipos y técnicas especializados.
Los pozos también deben resultar económicamente viables, y la perforación en aguas profundas puede costar fácilmente cientos de millones de dólares por pozo.
Además de explorar la zona presalina, las empresas tienen previsto buscar bajo las rocas sedimentarias formadas por avalanchas de lodo y arena a kilómetros por debajo de la superficie del mar, así como bajo formaciones salinas más jóvenes y menos profundas, según afirmó la directora de exploración y producción de Petrobras, Sylvia Anjos, Sylvia Anjos, durante una rueda de prensa el 7 de agosto.
Grandes petroleras, entre ellas Chevron Corp. y Shell Plc llevan más de 30 años extrayendo crudo de los denominados yacimientos subsalinos. Y aunque esas reservas se encuentran a gran profundidad y presentan sus propios riesgos, la perforación de los recursos presalinos, mucho más antiguos, que persiguen Petrobras y Pemex supone un nivel superior de complejidad y riesgo.
Un hallazgo a la altura del yacimiento de Tupi, descubierto por Petrobras en 2006, representaría el avance más significativo para Pemex en sus 88 años de historia. Contribuiría a alcanzar el objetivo de sucesivos presidentes mexicanos y directores generales de Pemex de revitalizar la producción de lo que en su día fue la joya de la corona económica del país.
En Brasil, la explotación de las reservas presalinas desencadenó un aumento de la producción de crudo que convirtió a una economía que dependía en gran medida de las exportaciones agrícolas en una superpotencia energética del hemisferio.
Solo el yacimiento de Tupi ha aportado 4.000 millones de barriles de crudo desde que entró en funcionamiento en 2010. Eso supone más de US$300.000 millones en valor económico, según el promedio de los precios internacionales del petróleo durante ese periodo.
“Depende en gran medida de lo que muestren realmente los datos del pozo presalino de Pemex de 2018, y han mantenido los resultados de ese estudio en el más estricto secreto”, afirmó Jon Blickwede, geólogo y propietario de Teyra GeoConsulting, con sede en Houston. “Si Pemex encontrara indicios de hidrocarburos, ya sea gas o petróleo, bajo la capa de sal, sería algo extremadamente significativo”.
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