Miami — El exfutbolista Juan José “Cheché” Vidal no recuerda el día exacto, pero sí el instante que cambió su historia: un paso en falso hacia la izquierda sobre la grama artificial del Nickerson Field, en Boston University, que terminó con la rotura del ligamento cruzado de su rodilla izquierda.
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“Veníamos de ganar los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1982 con Venezuela y el cambio de grama natural de La Habana, a la artificial de Boston me hizo daño”, dijo Vidal a Bloomberg Línea.
“Cheché” llevaba el cintillo de capitán de la selección Sub-20 de Venezuela y en los Sudamericanos juveniles midió fuerzas con quienes, poco tiempo después, se convertirían en grandes leyendas del fútbol, como Diego Maradona o Carlos ‘El Pibe’ Valderrama.
Aquel paso en falso sobre el astroturf no sólo lesionó a “Cheché”. Él asegura que fue el inicio de un calvario que truncó una prometedora carrera como futbolista. Una cirugía artroscópica, complicaciones como infecciones posteriores y ocho intervenciones quirúrgicas más terminaron por apartarlo de las canchas, según recuerda.
El debate sobre el tipo de césped en los campos sobre los que se juega el fútbol americano y el fútbol ha cobrado relevancia durante el segundo Mundial que se celebra en Estados Unidos, luego de que una encuesta realizada por la NFL Players Association (NFLPA) revelara que el 92% de los 1.700 jugadores entrevistados prefiere las canchas con grama natural.
El presidente de la Asociación, JC Tretter, dijo en un podcast que “hay que poner campos naturales de calidad, porque (…) el desgaste es innegable”, dijo.
Ni la NFL, ni la asociación de sus jugadores respondieron a solicitudes de Bloomberg Línea de comentarios sobre la encuesta y el debate entre las canchas de pasto sintético y natural. Sin embargo, tanto la NFL como la asociación han venido trabajando para estandarizar y mejorar la calidad y seguridad de las superficies sintéticas en un comité conjunto.
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Adecuación de sedes mundialistas
Por exigencia de la FIFA, de las 11 sedes estadounidenses del Mundial que son hogar de franquicias de la NFL, ocho reemplazaron temporalmente su superficie sintética para instalar césped natural.
Se trata de los estadios de Boston-Foxborough, Nueva York-Nueva Jersey, Filadelfia, Dallas, Houston, Atlanta, Los Ángeles y Seattle. Los tres campos restantes, ubicados en Miami, Kansas City y San Francisco, cuentan con césped natural y no tuvieron que hacer cambios.
Cuatro de esos 11 recintos están cubiertos o cuentan con techo retráctil, como sucede con el AT&T Stadium de Dallas, que alberga más partidos que cualquier otra sede mundialista: nueve encuentros en total, entre ellos dos duelos de Argentina, la vigente campeona, y un partido de semifinales.
La final se disputará el 19 de julio en MetLife Stadium en East Rutherford (New Jersey), que hace parte del área metropolitana de Nueva York. Cuando finalice el Mundial, esa cancha volverá a recibir a los New York Giants y los New York Jets, cuando inicie la temporada de la NFL.
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Inversión de muchos kilates
Detrás de esa transformación hubo una millonaria inversión. La FIFA financió la investigación para desarrollar el césped natural en los campos y la operatividad para garantizar que las canchas cumplieran sus estándares, según reportó Business Insider.
Los comités organizadores locales y los operadores de los estadios que, en su gran mayoría, son de propiedad privada, asumieron las obras para instalar y mantener la grama natural, a excepción del MetLife Stadium, pues el estado de New Jersey asumió los gastos, según lo reveló Sports Illustrated.
No todos los estadios son de propiedad privada. Algunos fueron financiados con recursos públicos o pertenecen a entidades públicas. El Lumen Field, en Seattle, por ejemplo, es de la Washington State Public Stadium Authority, entidad pública.
Una corporación pública, que hace parte del condado de Harris, es dueña del NRG Stadium en Houston, mientras que el Mercedes-Benz Stadium, en Atlanta, fue construido mediante una alianza entre autoridades locales, estatales y el equipo de la NFL, los Atlanta Falcons. El estadio es operado por AMB Sports & Entertainment, empresa del propietario de los Falcons, Arthur Blank.
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Para la FIFA, el tema del césped del Mundial 2026 fue un proyecto tanto académico como científico y lo realizó en conjunto con las universidades de Michigan State y de Tennessee y fue liderado por los profesores John ‘Trey’ Rogers III y John Sorochan, con el propósito de crear una grama natural que garantizara un desempeño uniforme en las todas las sedes mundialistas.
La consistencia en el césped que se buscaba en la investigación debía abarcar la estabilidad y resistencia del campo, así como que el balón rebotara siempre de la misma manera. El resultado fueron paneles modulares de césped natural, que podían transportarse e instalarse en los campos de fútbol americano.
La transformación, además de costosa, fue dispendiosa. La FIFA exigió que los campos permanecieran al menos diez semanas sin actividad para permitir que el césped se enraizara correctamente. Según le dijo Rogers al portal especializado Sportico, instalar la grama natural costó alrededor de US$3 a US$4 millones, sin contar con el costo del mantenimiento y cuidado durante la Copa Mundial.
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Atlanta ilustra la complejidad del proceso. Chris Henderson, director deportivo del equipo de fútbol Atlanta United, exjugador de Estados Unidos en el Mundial de Italia 90, explicó a Bloomberg Línea que, una vez instalado el césped natural, el techo del Mercedes-Benz Stadium permaneció cerrado para evitar alterar el crecimiento del pasto natural.
“Cuando se abre el techo, la grama, buscando el sol, cambia de orientación”, dijo Henderson a Bloomberg Línea.
Debate más allá del Mundial
Más allá de la investigación financiada por la FIFA y realizada en conjunto con las universidades, el debate entre el pasto artificial y el natural probablemente continúe, una vez haya concluido el Mundial 2026. Sin embargo, para las franquicias de la NFL este es un asunto delicado.
“Es un tema sensible para los equipos de la NFL; no quieren hablar del tema”, dijo una persona que trabaja para un equipo de la NFL, que es experta en el tema, y que pidió no ser identificada porque no está autorizada para referirse al asunto de manera pública. A su juicio, detrás del debate pesa, por encima de todo, el factor económico.
Es decir, la mayor ventaja del césped artificial no está relacionada con el rendimiento deportivo, sino con la economía y las finanzas de los equipos.
Según compañías como FieldTurf, preparar una cancha sintética requiere una inversión inicial superior: alrededor de US$320.000 sólo en la construcción de la base que lo soporta y el drenaje, más los US$400.000 de la superficie como tal, en contraste con los US$570.000 que costaría un campo de fútbol con pasto natural.
“El costo inicial (de la grama artificial) es mayor, pero con el tiempo cuesta menos”, dijo a Bloomberg Línea Luis del Río, CEO de la empresa Eurograss U.S.A. Inc., una empresa de Miami dedicada a la distribución e instalación de canchas de fútbol artificiales.
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De acuerdo con FieldTurf, la grama artificial tiene una vida útil mucho más prolongada, de 8 a 12 años, y menores costos de mantenimiento, unos US$5.000 al año aproximadamente. Y esa gramilla permite que se realicen otros eventos como conciertos, sin un deterioro significativo de la superficie. En cambio, el precio de mantener el césped natural puede llegar a los US$20,000 al año y se puede dañar si no se toman precauciones cuando se hagan espectáculos musicales.
“Los dueños ganan dinero con conciertos y otros espectáculos en los estadios, pero los jugadores no recibimos nada de esos ingresos”, afirmó JC Tretter, el presidente de la Asociación de Jugadores en su pódcast. “Eso será parte de la discusión en el próximo convenio colectivo. Va mucho más allá de las estadísticas, de lesiones: el cuerpo simplemente se siente diferente sobre césped natural”.
Aunque los costos de instalar la grama artificial sean más altos, Del Río dice que, a largo plazo, se compensan por la durabilidad de la cancha sintética. “Es mejor para la lluvia, el fango y el desgaste de la grama”, dijo. “Pero (los jugadores) se pegan unas ostias (golpes)”. Del Rio dice que sus mejores clientes son los propietarios de las canchas de fútbol 5 o fulbito, como se le conoce coloquialmente.
La decisión de mantener el césped artificial va de la mano con la eficiencia financiera de la liga. La NFL es la organización deportiva profesional con mayores ingresos del mundo. Según Sportico, en su último ejercicio fiscal, la NFL superó los US$23.000 millones en ingresos, muy por encima del baloncesto de la NBA, las Grandes Ligas de Béisbol (MLB) o la Premier League inglesa. Cada una de sus 32 franquicias está valorada en más de US$5.000 millones. Los Cowboys de Dallas son el equipo más valioso, con de US$13.000 millones, según estimaciones de Forbes.
El factor salud
La instalación del césped natural para el Mundial también reavivó un viejo reclamo dentro de la NFL. Desde hace años, entrenadores y la asociación de jugadores de la NFL sostienen que la gramilla artificial aumenta el desgaste físico y propicia algunas lesiones.
Sin embargo, no hay evidencia científica definitiva que sustente esa afirmación. Una investigación que analizó 53 estudios, publicada en el American Journal of Sports Medicine, dijo que no había suficiente información que respaldara la aserción de que hubiera más probabilidad de lesionarse en una cancha con césped artificial, que en una con pasto natural.
No obstante, Jan Pieter Hommen, cirujano ortopeda especializado en medicina deportiva radicado en Miami, considera que las superficies sintéticas tienden a propiciar lesiones de pie, tobillo y rodilla, debido a la mayor fricción que generan, cuando un deportista planta el pie en la gramilla y cambia de dirección de manera súbita.
“Las roturas del ligamento cruzado anterior suelen producirse durante movimientos de desaceleración brusca, cuando el jugador intenta detenerse o rematar al arco”, dijo a Bloomberg Línea. “Los ligamentos colaterales, en cambio, suelen lesionarse por impactos laterales inesperados”.
También dice que las mujeres presentan una predisposición anatómica mayor debido al ángulo que tienen entre la pelvis y las rodillas. Del Río, el CEO de Eurograss, coincide en que la sensación del impacto cambia según el terreno.
“En un campo natural el césped absorbe buena parte del golpe”, dijo a Bloomberg Línea. “En uno sintético, quien absorbe ese impacto es el cuerpo”.
El factor humano
Jehu Chesson un exjugador de la NFL que nació en Liberia y jugaba fútbol antes de emigrar a Estados Unidos, dice que, en promedio, la carrera de un jugador de la NFL “apenas dura cuatro años”. El comisionado de la liga, Roger Goodell reveló en una conferencia que una cifra más precisa seria de seis años.
Chesson no cree que el césped artificial provoque más lesiones, pero sí tiene claro cuál prefiere. “Yo no conozco todas las estadísticas, pero prefiero jugar sobre césped natural”, dijo a Bloomberg Línea mientras recuerda una caída que sufrió durante un partido en Filadelfia.
Su golpe en las costillas no quedó registrado oficialmente como una lesión, pero dice que el golpe contra la superficie sintética le dejó una impresión difícil de olvidar.
“Cuando caes al piso, el sintético no se siente bien”, agregó. “Como jugadores deberíamos tener voz sobre dónde jugamos. También entiendo el negocio y lo costoso que resulta mantener un campo natural, pero cuando firmas un contrato simplemente juegas bajo las condiciones que te ponen”.
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