“1999 se encuentra con 1990”: Deutsche Bank advierte un mundo que choca entre IA y guerra

El banco considera que la economía mundial vive el choque entre el auge de la inteligencia artificial y la guerra en Medio Oriente, una combinación que impulsa los mercados, pero también eleva los riesgos de inflación.

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Bloomberg Línea — La economía mundial enfrenta una combinación poco habitual de fuerzas que, según Deutsche Bank, recuerda al mismo tiempo al auge tecnológico de finales de los años noventa y a las tensiones geopolíticas que marcaron el inicio de la década de 1990.

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Los analistas Jim Reid y David Folkerts-Landau sostienen que 2026 continúa siendo “todo menos aburrido” y describen un escenario en el que el optimismo asociado a la inteligencia artificial convive con las consecuencias económicas de la guerra en Medio Oriente.

Para los estrategas, el mundo se parece a una situación donde “1999 se encuentra con 1990, pero esperamos que no con 1973”, una referencia al riesgo de que un choque energético termine provocando un episodio inflacionario de gran magnitud.

La tesis de Deutsche Bank parte de una aparente contradicción. Mientras la guerra entre Irán y Estados Unidos ha elevado los precios de la energía y aumentado la incertidumbre global, la inversión asociada a la inteligencia artificial sigue impulsando el crecimiento en varias economías y amortiguando parte del impacto económico del conflicto.

Esa combinación explica por qué el banco apenas redujo su previsión de crecimiento mundial para 2026 hasta 3,0%, frente al 3,1% proyectado en noviembre, aunque elevó de forma significativa sus estimaciones de inflación.

“La revolución tecnológica actual sería transformadora para el mundo, con una diferencia extrema entre ganadores y perdedores”, escribieron Reid y Folkerts-Landau. Al mismo tiempo, advirtieron que el debate sobre el impacto económico de la inteligencia artificial ha cambiado con rapidez.

Si a comienzos de año las preocupaciones se concentraban en la destrucción de empleos y las presiones desinflacionarias, ahora el foco se encuentra en los efectos inflacionarios derivados del auge de la inversión tecnológica.

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La guerra redefine las previsiones de inflación

El principal cambio frente al escenario que Deutsche Bank manejaba a finales de 2025 proviene del mercado energético.

El banco espera que Estados Unidos e Irán alcancen un acuerdo durante junio que permita reabrir el estrecho de Ormuz y normalizar gradualmente los flujos de petróleo. Bajo ese escenario, el precio del Brent descendería hasta US$86 por barril durante el cuarto trimestre de este año y hasta US$80 en 2027.

Sin embargo, el conflicto obligó a revisar las previsiones macroeconómicas globales. Deutsche Bank ahora proyecta que la inflación mundial alcance 3,8% en 2026, frente al 3,1% registrado el año anterior.

Ese cambio resulta relevante, porque modifica la trayectoria esperada de los bancos centrales y altera las perspectivas para distintas regiones.

Estados Unidos aparece como la economía más resistente. El banco apenas redujo su previsión de crecimiento para 2026 hasta 2,2%, respaldada por condiciones financieras favorables, estímulos fiscales y gasto relacionado con inteligencia artificial.

La inflación, en cambio, continúa siendo un desafío. Deutsche Bank prevé que la Reserva Federal mantenga las tasas sin cambios por tiempo indefinido y advierte que los riesgos apuntan incluso hacia posibles incrementos.

Europa enfrenta una situación distinta. Como importadora neta de energía, la zona euro absorbe de forma más directa el impacto del petróleo. Deutsche Bank redujo su previsión de crecimiento para la región hasta apenas 0,5% en 2026 y considera que la economía se encuentra cerca de una recesión técnica.

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Al mismo tiempo, elevó su proyección de inflación y ahora espera dos aumentos de tasas por parte del Banco Central Europeo.

El riesgo más severo permanece asociado a una interrupción prolongada del transporte marítimo por Ormuz. En ese escenario, el Brent podría acercarse a US$150 por barril, un nivel que, según el banco, convertiría el impacto sobre Estados Unidos en un problema material y empujaría a Europa hacia una recesión.

El auge de la IA sostiene la visión sobre los mercados

A pesar de los riesgos geopolíticos, Deutsche Bank mantiene una visión constructiva sobre los activos financieros. “Esperen que la fiebre tecnológica, y sus implicaciones, se intensifiquen”, escribieron Reid y Folkerts-Landau.

Los estrategas consideran que la inversión asociada a inteligencia artificial sigue expandiéndose a nivel global y continúa generando demanda en sectores como tecnología, energía, materiales y servicios financieros.

Esa dinámica ayudó a impulsar las utilidades corporativas durante el primer trimestre y respalda una expectativa de crecimiento de ganancias de doble dígito en varios mercados.

La entidad mantiene su objetivo de que el S&P 500 alcance los 8.000 puntos al cierre de 2026. La proyección descansa sobre un beneficio por acción estimado de US$320 para las compañías del índice, equivalente a un crecimiento de 14,2%.

El banco también espera una depreciación gradual del dólar, aunque más moderada de lo previsto anteriormente. En renta fija, anticipa incrementos limitados en los rendimientos de los bonos estadounidenses y europeos debido a la persistencia de las presiones inflacionarias.

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Detrás de esas previsiones aparece una idea central del informe. Para Deutsche Bank, la guerra ha elevado los riesgos de corto plazo, pero no ha eliminado el impacto económico de la inteligencia artificial.

Por el contrario, la expansión de la inversión tecnológica ha ayudado a absorber parte del choque energético y sigue modificando las perspectivas de crecimiento, inflación y mercados financieros.