El envejecimiento de la población está modificando las condiciones demográficas sobre las que se apoyó durante décadas el crecimiento económico mundial, según un informe de Moody’s Ratings publicado el 28 de septiembre.
La caída de la fecundidad se convirtió en un fenómeno global y más del 70% de la población mundial vive actualmente en países con tasas iguales o inferiores al nivel de reemplazo.
América Latina forma parte de esta transformación. Según Moody’s, las tasas de fecundidad de gran parte de la región son actualmente comparables a las de Europa y Japón, mientras que Brasil se encuentra entre los mercados emergentes que avanzan hacia una población de mayor edad.
La tasa global de fecundidad cayó de 4,9 hijos por mujer en 1950 a alrededor de 2,2 en la actualidad, apenas por encima del nivel de reemplazo de 2,1. Moody’s señala que India ya cayó por debajo de ese nivel, mientras que la tasa de fecundidad de China se ubica en torno a 0,9, frente a 1,2 en Japón.
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¿Qué sucede en Brasil, el país más poblado de América Latina?
El descenso de la fecundidad modifica las estructuras etarias y el crecimiento demográfico. Los países que actualmente experimentan las mayores caídas de la fecundidad también serán los que envejezcan con mayor rapidez en las próximas décadas.
Moody’s incluye a Brasil entre los mercados emergentes que avanzan por este camino, junto con India, Tailandia y Turquía. En el caso de India, aunque su población todavía es relativamente joven, la fecundidad ya está por debajo del nivel de reemplazo y su estructura etaria comenzó a cambiar.
El informe señala que varios mercados emergentes enfrentarán los costos asociados al envejecimiento con niveles de ingreso mucho más bajos que los de las economías avanzadas que atravesaron este proceso anteriormente. Entre esos costos se encuentran las pensiones, la atención médica y los cuidados de largo plazo.
¿Cómo impactará el envejecimiento en las economías?
Moody’s identifica cuatro canales principales a través de los cuales el envejecimiento afecta a las economías y las condiciones crediticias: la oferta de mano de obra, las finanzas públicas, la demanda de los consumidores y los patrones de ahorro, riqueza y mercados de capitales.
Un crecimiento más lento de la fuerza laboral puede reducir el crecimiento económico potencial si no es compensado por aumentos de productividad. Al mismo tiempo, los desajustes de competencias pueden generar escasez de trabajadores y presiones salariales en ocupaciones difíciles de automatizar o que mantienen una elevada demanda.
Las presiones sobre las finanzas públicas también aumentan a medida que disminuye la proporción de trabajadores respecto de los jubilados. El gasto en pensiones, atención médica y cuidados de largo plazo comienza a aumentar mucho antes de que las poblaciones empiecen a disminuir efectivamente.
La demanda de los consumidores también cambia con el envejecimiento. Las poblaciones de mayor edad suelen consumir de manera diferente y en menor cantidad, con una mayor demanda de atención médica, servicios para la jubilación, viviendas asistidas, gestión patrimonial y viviendas adaptadas para personas mayores.
Ese proceso puede generar obstáculos para sectores vinculados con la formación de hogares, la educación y los consumidores más jóvenes. Moody’s señala que una menor demanda agregada no puede compensarse fácilmente mediante tecnología o políticas públicas.
El envejecimiento también modificará los patrones de ahorro, inversión y propiedad de la riqueza. Los activos financieros, las viviendas y las empresas privadas pasarán cada vez más de las generaciones mayores a las cohortes más jóvenes, en una de las mayores transferencias intergeneracionales de riqueza de la historia.
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¿Qué opciones tienen los países?
El informe identifica tres herramientas principales para que los países se adapten al envejecimiento: ampliar la fuerza laboral, aumentar la productividad y reformar las instituciones.
La inmigración puede contribuir al crecimiento de la fuerza laboral en países con tasas de fecundidad inferiores al nivel de reemplazo. También puede incrementarse la participación laboral mediante una mayor incorporación de mujeres y una edad jubilatoria más elevada, aunque el margen para hacerlo varía entre países.
La experiencia de Japón muestra algunas de estas respuestas. La automatización, una mayor participación femenina, una vida laboral más prolongada y una mayor dependencia de trabajadores extranjeros ayudaron a compensar los efectos del descenso y envejecimiento de la población.
La participación laboral en Japón alcanzó 64,1% entre las personas de 15 años o más y 82,6% entre quienes tienen entre 15 y 64 años en julio de 2026. Moody’s señala que, a medida que se jubilen grandes cohortes de trabajadores de mayor edad, será cada vez más difícil evitar la disminución de la fuerza laboral.
La automatización, la inteligencia artificial y las inversiones en educación y capacitación pueden aumentar la productividad y permitir que las economías produzcan más con menos trabajadores. A su vez, Moody’s señala que será necesario adaptar los sistemas de pensiones, la provisión de atención médica y los marcos fiscales a medida que aumenten las tasas de dependencia.
Las políticas destinadas a elevar la fecundidad tampoco han logrado, en general, aumentarla de manera sostenida. Entre ellas se incluyen pagos en efectivo, beneficios fiscales, subsidios para vivienda, servicios de cuidado infantil, licencias parentales y tratamientos de fertilidad.
Según Moody’s, estas medidas pueden facilitar la adaptación, pero no eliminan las tendencias demográficas de fondo. A medida que disminuya el número de consumidores, hogares y trabajadores, la productividad tendrá una importancia creciente para sostener el crecimiento económico.