Los países de América Latina que más envejecen y los desafíos para sus economías en 2050

Para 2050, habrá cada vez más personas de 65 años o más trabajando, mientras que disminuirá la participación de los jóvenes, en parte porque pasarán más tiempo estudiando antes de incorporarse al mercado laboral.

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Una persona usa una máscara protectora mientras alimenta palomas en la Plaza de Bolívar en Bogotá, Colombia, el martes 14 de abril de 2020.

Bloomberg Línea — América Latina enfrenta el desafío de convertir el envejecimiento de su población en una oportunidad económica, para lo cual deberá reforzar los sistemas de cuidados, la protección social, garantizar un envejecimiento saludable y una migración estratégica, dijo a Bloomberg Línea José Manuel Salazar-Xirinachs, secretario ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

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“El envejecimiento poblacional acelerado implica una serie de desafíos para las políticas públicas relacionados con el aumento de la demanda de servicios de salud, cuidados —especialmente de largo plazo— y protección social y, por lo tanto, con el incremento del gasto público y privado asociado a estos sectores”, dijo Salazar-Xirinachs.

En su opinión, estos desafíos se agravan aún más en un contexto regional caracterizado por altos niveles de informalidad y desigualdades socioeconómicas y de género.

El envejecimiento poblacional afecta al PIB per cápita de manera directa a través de dos vías.

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La primera es la disminución de la proporción de población en edad de trabajar. Y la segunda es el aumento del peso demográfico de los trabajadores mayores, cuyas tasas de empleo típicamente son menores respecto a aquellas de trabajadores más jóvenes.

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Entre las mayores economías, los países de la región con el mayor porcentaje de población de ambos sexos de 65 años y más son Cuba (17,6%), Uruguay (16,5%) y Chile (15,1%), según las estimaciones de las Naciones Unidas para 2026.

A nivel regional, un 10,5% de la población total tiene 65 años y más.

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Porcentaje de la población de 60 años y más en territorios en América Latina y el Caribe.

Para Salazar-Xirinachs, estos niveles de envejecimiento poblacional son el resultado acumulado de las trayectorias demográficas de largo plazo, más allá de la situación contemporánea de la fecundidad y la mortalidad.

Chile y Cuba exhiben las edades medianas para ambos sexos más altas entre los países de América Latina.

En Chile era de 36,4 años y en Cuba de 41,9 años en 2024, frente a un promedio regional de 31,3 años.

Esto va de la mano con elevadas proporciones de personas mayores de 65 años y una decreciente proporción de población de niñas, niños y adolescentes.

Los desafíos del envejecimiento demográfico son mixtos

Una persona lleva una máscara protectora mientras está sentada en Bogotá, Colombia, el martes 14 de abril de 2020.

Según la Cepal, en primera instancia, el envejecimiento poblacional en Chile y Cuba ha llevado al fin del bono demográfico, aquella ventana de oportunidad para el crecimiento económico que se abre cuando aumentan las personas en edad de trabajar, potencialmente generadoras de ingresos, respecto a las personas dependientes, como niños, niñas, adolescentes y personas mayores.

En segundo lugar, está el desafío de la disminución de la oferta laboral.

En Chile se proyecta que la fuerza de trabajo continuará creciendo hasta 2041, pero en Cuba comenzó a decrecer ya en 2018.

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En tercer lugar está el desafío de la productividad, ya que “se considera que entre más envejecida está la fuerza de trabajo mayor será la depreciación del conocimiento de los trabajadores, y por ende menor será la innovación y la productividad”, indicó Salazar-Xirinachs.

En cuarto lugar, aumenta la presión sobre el gasto social en pensiones, salud y cuidados.

De acuerdo con la Cepal, una mayor proporción de personas mayores implica desafíos para la sostenibilidad financiera de los sistemas de pensiones, ya que disminuyen los aportantes y crecen los receptores.

También implica la transformación de la salud, que tiene que orientarse a una población envejecida.

Asimismo, requiere contar con políticas de cuidado de largo plazo para el acompañamiento intenso y específico por parte de personal especializado a personas que requieren ayuda para la realización de actividades básicas de la vida diaria.

La transición demográfica

Trabajadores

En particular, el envejecimiento poblacional está fuertemente relacionado con el inicio y la velocidad de la transición demográfica.

Chile, Cuba y Uruguay son países que empezaron antes que el promedio de América Latina su transición demográfica.

Por ejemplo, Cuba tiene una tasa global de fecundidad (número de hijos nacidos vivos por mujer) inferior a la tasa de reemplazo de 2,1 desde 1978, Chile desde 1999 y Uruguay desde 2004, mientras que la región cruzó ese nivel en 2015.

“Y el envejecimiento depende también del tamaño y de la composición etaria del saldo migratorio de los países en el tiempo; por ejemplo, Cuba ha experimentado un fuerte proceso de emigración de personas en edades reproductivas, especialmente a partir de 2021”, anotó el secretario ejecutivo de Cepal.

Según la Cepal, los países generalmente no están bien preparados para enfrentar el rápido cambio demográfico, porque esto requiere un cierto grado de planificación de mediano y largo plazo.

Sin embargo, destaca iniciativas como el Consejo Consultivo Previsional chileno que utiliza las proyecciones demográficas para analizar el impacto del envejecimiento y la migración sobre las pensiones.

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A su vez, se ha establecido recientemente una Comisión Asesora Presidencial del Plan Chile Renace para analizar el tema del descenso de la natalidad y hacer propuestas de política pública para generar mejores condiciones para la formación de familias, la natalidad y la crianza.

En mayo de este año, también se ha promulgado en Chile la Ley Integral de Personas Mayores y de Promoción del Envejecimiento Digno, Activo y Saludable, que establece un marco integral para contribuir a la plena inclusión y participación de las personas mayores en la sociedad.

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Las oportunidades que se abren

Chile

La Cepal dice que el envejecimiento poblacional puede generar oportunidades de crecimiento económico a través de la transformación y expansión de sectores económicos que responden a las necesidades, demandas y preferencias de una población cada vez más longeva, lo que generalmente se conoce como “economía plateada”.

Entre los sectores que podrían beneficiarse y consolidarse como motores del crecimiento ante el aumento del consumo de una población cada vez mayor destacan la salud y los cuidados, las finanzas, la industria farmacéutica, las tecnologías digitales, el turismo, la educación y la recreación, y la vivienda y los entornos adaptados.

“Sin embargo, es importante recalcar que América Latina y el Caribe enfrenta el fenómeno del envejecimiento en un contexto de alta desigualdad socioeconómica y de aún elevados niveles de pobreza. Esto obliga a dimensionar las oportunidades de crecimiento de manera diferente respecto a regiones más desarrolladas”, anotó Salazar-Xirinachs.

El cambio demográfico está reduciendo el tamaño de la población en edad escolar en una región que acumula deudas históricas con respecto a la calidad de la educación, así como con respecto a la inclusión y retención de los estudiantes, especialmente de grupos sociales vulnerables.

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Para la Cepal, esto abre las puertas para crear sistemas educativos más justos, eficientes e inclusivos.

Considera que mejorar la calidad de la educación es clave para fomentar la productividad de las futuras generaciones, que además podrán beneficiarse de grandes innovaciones en acto como la inteligencia artificial.

Asimismo, la disminución de la fuerza laboral puede ser contrarrestada por una mayor incorporación de las mujeres en el mercado laboral, en condiciones de igualdad.

Todavía las mujeres representan menos de la mitad de la fuerza de trabajo en la región: en 2026, en Chile las mujeres representan el 42% de la fuerza de trabajo y en Cuba el 39%.

Una mayor inclusión a la fuerza de trabajo de las mujeres puede generar importantes retornos económicos, contribuir a la sostenibilidad de los sistemas de protección social y, por lo tanto, ayudar a mitigar los efectos económicos potencialmente negativos del envejecimiento poblacional.

Pero para que eso ocurra se deben abordar las desigualdades que existen en la distribución del trabajo de cuidados entre hombres y mujeres, buscar un mayor equilibrio entre el tiempo dedicado al trabajo remunerado y el tiempo dedicado al trabajo no remunerado, y mejorar la calidad del empleo en nuestra región, donde muchas personas se insertan en ocupaciones informales.

Las lecciones de Europa

Unos peatones cruzan una calle en el centro de Madrid, España, el sábado 1 de febrero de 2025.

Patricia Gabaldón, profesora de economía de IE University en IE Business School, dice a Bloomberg Línea que el proceso de envejecimiento de Europa deja a América Latina dos lecciones, una de calendario y otra de contenido.

“La de calendario es que Europa reformó tarde y bajo presión: los grandes ajustes de pensiones llegaron con la crisis después del 2008/2009, cuando ya no quedaba margen fiscal ni tiempo de transición, y el coste político fue enorme”, explicó Gabaldón.

La de contenido, ahondó, es que lo que “mejor funcionó” no fue recortar prestaciones, sino alargar y hacer más productiva la vida laboral: eliminar los incentivos a la prejubilación, invertir en formación continua y, sobre todo, sacar la edad de jubilación de la negociación política vinculándola automáticamente a la esperanza de vida, como han hecho ya varios países europeos.

Al mismo tiempo, en estos países se invierte en gran medida en cuidados, que liberan mucho tiempo de trabajo que tradicionalmente han hecho las mujeres.

Según indicó la académica, el principal problema es que los países de América Latina están envejeciendo muy rápido antes de enriquecerse y con una parte importante del empleo en la informalidad, lo que hace que el sistema de pensiones sostenido solo sobre cotizaciones formales dejará fuera a una parte muy importante de la población, que envejecerá sin sustento financiero.

A su juicio, lo urgente es combinar la promoción del ahorro en forma de pensiones futuras con incentivos reales a la formalización, invertir en salud preventiva para que alargar la vida laboral no sea regresivo, y tratar los sistemas de cuidados como inversión para incorporar más trabajadores al mercado laboral (más trabajadores y por más tiempo).

Además, la región tiene dos reservas que Europa ya casi agotó. La primera son las mujeres: su tasa de participación sigue siendo menor que la de los hombres, debido a la sobrecarga del cuidado no remunerado. “Construir sistemas de cuidados que permitan a la mujer entrar en el mercado formal será bueno para todos”.

La segunda es la migración, que en la región ya es mayoritariamente intrarregional, y cuyos migrantes se mueven en la irregularidad y en empleos por debajo de su cualificación. “Si la región consigue ampliar la edad de jubilación, la formalización y la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, tanto los sistemas de pensiones como el ahorro mejorarían mucho, lo que reduciría el coste del envejecimiento en América Latina”.

Panorama al 2050

Perú.

Tomando como indicador de envejecimiento el porcentaje de población de ambos sexos mayor de 65 años dentro del total de la población, en 2050 los países más envejecidos de América Latina serán Cuba (30,2%), Chile (26,7%) y Costa Rica (25,3%).

En el promedio regional, al 2050 el 18,9% de la población tendrá 65 años y más, de acuerdo a datos compartidos por Cepal.

A nivel regional entre 2025 y 2050 la población de personas de 65 años y más se duplicará al pasar de 68 millones a 138 millones.

Sin embargo, es importante notar también que el mayor crecimiento relativo de la población de personas mayores entre 2025 y 2050 ocurrirá en Honduras.

En ese país centroamericano la población de personas de 65 años y más en 2050 triplicará aquella de 2025.

Ese fenómeno también será evidente en Nicaragua (2,8 veces) y Guatemala (2,6 veces).

Para convertir el envejecimiento poblacional en una oportunidad desde la Cepal sugieren varias reformas:

  • Avanzar hacia una sociedad del cuidado, en particular cuidados de largo plazo para las personas mayores con dependencia funcional. La Cepal ha estimado que hacia 2035 la inversión en servicios de cuidados a nivel regional podría generar más de 31,3 millones de empleos, de los cuales 10,6 millones están vinculados a servicios de cuidado infantil temprano y 20,7 millones a cuidados de largo plazo.
  • Políticas de protección social universal que ofrezcan seguridad económica para las personas mayores y eviten la pobreza en la vejez. El rápido envejecimiento aumenta la carga sobre los sistemas de pensiones, tanto contributivas como no contributivas. Para prevenir la pobreza en la vejez se requiere combinar sistemas de pensiones contributivas y no contributivas.
  • Políticas de envejecimiento saludable para alcanzar una vejez con autonomía y calidad de vida.
  • Promover una migración con sentido estratégico. Las personas migrantes pueden ayudar a moderar los efectos del envejecimiento de la población en el envejecimiento de la fuerza de trabajo y la productividad. En países en transición demográfica avanzada —la inmigración aporta principalmente población joven, lo que puede moderar el ritmo de envejecimiento. “La presencia de mujeres migrantes en edad reproductiva eleva el número de nacimientos en países con fecundidad baja o ultrabaja, mitigando temporalmente la caída poblacional”, señala.
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