Bloomberg Línea — Durante décadas, era difícil separar el apellido Cisneros de la historia empresarial y cotidiana de Venezuela.
Estaba en los refrescos que acompañaron la expansión del consumo masivo, en los helados, en la televisión que entraba cada noche a millones de hogares y en algunas de las compañías que llevaron el capital venezolano fuera de sus fronteras.
Para varias generaciones, Venevisión, Pepsi-Cola, Tío Rico y otros negocios formaban parte de una misma constelación empresarial.
Esa fue, durante buena parte del siglo XX, la imagen de los Cisneros: la de uno de los grandes imperios privados surgidos al calor de la modernización venezolana. Un grupo que comenzó con una empresa de transporte en Caracas y terminó participando en negocios de medios, alimentos, entretenimiento y telecomunicaciones dentro y fuera del país.
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Por eso, durante años, hablar de esta familia era hablar, casi automáticamente, de una sola dinastía empresarial. Pero esa imagen ya no describe del todo la realidad.
El apellido permanece, al igual que buena parte de su peso histórico. El conglomerado que ayudó a convertirlo en una referencia del poder económico venezolano, en cambio, se fue fragmentando con el paso de las generaciones, la transformación de los negocios y una división formal de sus estructuras patrimoniales.
Hoy, detrás del mismo apellido hay tres ramas empresariales distintas:
- La Organización Cisneros, dirigida por Adriana Cisneros;
- Cisneros Corporation, vinculada a los descendientes de Ricardo Cisneros; y
- el patrimonio dejado por Oswaldo Cisneros, fallecido en 2020 y todavía sometido a un proceso sucesorio.
Comparten una historia. Ya no un mismo centro de decisión. Y entender esa diferencia se ha vuelto relevante en un momento en el que operaciones, inversiones y controversias de una rama todavía suelen atribuirse indistintamente a “la familia Cisneros”.
Los orígenes
La historia de esa confusión comenzó, en realidad, en el origen del imperio.
En 1929, Diego Cisneros Bermúdez fundó en Caracas D. Cisneros & Cía., una empresa dedicada al transporte urbano. Su primer vehículo, un camión adaptado para pasajeros que cubría la ruta entre Plaza Bolívar y Monte Piedad, fue bautizado como “El Expedito”.
Una década después, Diego dio el salto que acercaría el apellido al consumo masivo. Junto con su hermano Antonio José, abrió en Caracas una planta embotelladora tras obtener el derecho exclusivo para comercializar Pepsi-Cola en Venezuela. Aquel negocio se convertiría en uno de los pilares de la primera generación.
La televisión terminó de hacer al apellido reconocible mucho más allá del mundo empresarial.
En 1960, Diego Cisneros adquirió el Canal 4 y, al año siguiente, salió al aire Venevisión. Durante las décadas posteriores, la televisora se convirtió en uno de los activos más visibles de la familia y en parte de la vida cotidiana de varias generaciones de venezolanos.
Crecimiento continuo
El grupo siguió creciendo al mismo ritmo en que Venezuela ampliaba su mercado de consumo. En 1978 adquirió Helados Club y lo convirtió en Tío Rico. Más adelante, los Cisneros expandieron sus intereses hacia otros sectores y, bajo la segunda generación, comenzaron a llevar sus negocios fuera del país.
En 1984 compraron Spalding y Evenflo en Estados Unidos. En 1992, Gustavo y Ricardo Cisneros participaron en el consorcio que adquirió Univision por US$550 millones. Tres años después, el grupo lanzó DIRECTV Latin America junto a Hughes Electronics.
Aquella expansión convirtió al apellido en algo más que una referencia del empresariado venezolano. Los Cisneros pasaron a formar parte de la generación de grupos latinoamericanos que intentó jugar en los grandes mercados internacionales.
En su período de mayor centralización, entre principios de los años noventa y comienzos de este siglo, el conglomerado facturaba en torno a US$4.000 millones anuales, según las estimaciones históricas recogidas en el dossier.
Pero incluso cuando el grupo parecía concentrar cada vez más negocios bajo un mismo apellido, sus raíces familiares ya eran más complejas de lo que sugería la imagen pública.
Árbol genealógico
Gustavo y Ricardo Cisneros eran hijos de Diego, el fundador.
Oswaldo Cisneros, en cambio, era hijo de Antonio José, hermano y socio de Diego. Era primo de Gustavo y Ricardo.
Ese detalle ayuda a explicar la estructura actual. Las tres ramas que hoy suelen ser agrupadas bajo la etiqueta de “Los Cisneros” no descienden de un mismo padre, sino de los dos hermanos que estuvieron en el origen de los negocios familiares.
Oswaldo desarrolló una trayectoria propia alrededor del negocio embotellador y protagonizó en 1996 uno de los episodios más recordados del empresariado venezolano: la ruptura con Pepsi y el acuerdo con Coca-Cola. Años después, en 2005-2006, adquirió Digitel por US$425 millones.
Durante años, sin embargo, esas diferencias convivieron bajo una misma percepción pública. El apellido seguía funcionando como una marca común para una red de negocios y empresarios vinculados por la historia familiar.
El punto de quiebre más claro llegó en 2008. Ese año, Gustavo y Ricardo Cisneros dividieron formalmente el holding común. La línea de Ricardo quedó organizada bajo Cisneros Corporation, con sede en Coral Gables, Florida, y vinculada a sus hijos Eduardo, Andrés y Henrique.
La Organización Cisneros continuó bajo la línea de Gustavo.
La separación no hizo desaparecer el apellido de las empresas. Hizo algo más difícil de percibir: separó los patrimonios y los centros de decisión.
La Organización Cisneros siguió transformando su portafolio. Cisneros Corporation desarrolló sus propios negocios. Y el patrimonio de Oswaldo, que había sido gestionado al margen de las otras dos estructuras, siguió otro camino.
Con el relevo generacional, la distancia se hizo todavía más evidente.
Adriana Cisneros
Adriana Cisneros asumió como directora ejecutiva de la Organización Cisneros en 2013, una década antes de la muerte de su padre, Gustavo, en diciembre de 2023.
La organización que dirige conserva algunos de los activos que más directamente conectan con la memoria histórica del conglomerado, como Venevisión. Pero su portafolio actual se ha ido desplazando hacia nuevos sectores, entre ellos tecnología, infraestructura espacial, turismo e inversiones.
El grupo participó tempranamente en AST SpaceMobile y desarrolla Tropicalia, un proyecto turístico en República Dominicana. Su apuesta más reciente en Venezuela es el Fondo Intrépida, presentado en la Bolsa de Valores de Caracas con una meta inicial de US$1.000 millones, ampliable a US$2.000 millones, para invertir en agroindustria, bienes raíces, infraestructura, servicios públicos, telecomunicaciones y turismo sostenible.
“Vamos a invertir en los sectores en los que nos sentimos cómodos”, dijo Adriana Cisneros al explicar que el fondo no contempla inversiones en petróleo, petroquímica ni minería.
La definición de esa estrategia marca también una frontera dentro del apellido: la Organización Cisneros no participa en Petrodelta ni en Petrocabimas, dos de las operaciones petroleras que han llevado recientemente a otras ramas de la familia al centro de disputas.
Esa diferencia ayuda a entender hasta qué punto el apellido dejó de representar una única estrategia empresarial. Mientras la Organización Cisneros busca ahora concentrar sus nuevas inversiones en sectores en los que ya tiene experiencia operativa, otras ramas de la familia mantienen intereses en negocios de consumo, telecomunicaciones y activos vinculados al sector petrolero.
La línea de Ricardo Cisneros, por su parte, siguió una trayectoria diferente.
Sus hijos Eduardo, Andrés y Henrique están al frente de Cisneros Corporation, cuyos negocios incluyen activos conocidos por el público venezolano como Cervecería Regional y los Leones del Caracas, además de inversiones industriales y de capital privado.
La rama también está vinculada al 3B1 Guacamaya Fund, creado para invertir en oportunidades venezolanas y que, según el dossier, ha reunido más de US$200 millones para participar en compañías del país.
Una de las controversias recientes relacionadas con este grupo gira en torno a Petrocabimas, una empresa mixta petrolera cuya titularidad ha sido objeto de disputa. El caso no involucra a la Organización Cisneros ni al patrimonio de Oswaldo Cisneros.
Es precisamente ese tipo de distinción la que suele perderse detrás del apellido. La tercera rama enfrenta hoy una realidad todavía más compleja.
Oswaldo Cisneros murió en Miami en noviembre de 2020 y dejó un patrimonio cuya sucesión continúa abierta. El proceso involucra a nueve herederos y ha generado litigios en distintas jurisdicciones.
Digitel es el principal activo operativo de esa rama y continúa siendo una de las mayores empresas de telecomunicaciones de Venezuela. Pero la administración del patrimonio también ha quedado marcada por la disputa sobre activos petroleros, entre ellos la reversión de la participación que una sociedad vinculada a la familia mantenía en Petrodelta.
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Ese expediente tampoco involucra a Adriana Cisneros ni a Cisneros Corporation. Son tres historias distintas bajo un apellido que, durante tanto tiempo, funcionó como una sola identidad empresarial.
Presencia vigente
La transformación no significa que los Cisneros hayan dejado de ser una de las familias de origen venezolano con mayor presencia empresarial. Su nombre continúa ligado a compañías, inversiones y activos relevantes dentro y fuera del país.
Lo que cambió fue la forma en que ese poder se organiza. La familia que Venezuela aprendió a reconocer a través de una televisión, una bebida o un conglomerado que compraba compañías en Estados Unidos ya no opera como un solo bloque.
La expansión internacional, la venta y transformación de activos, la escisión de 2008 y el relevo generacional fueron separando lo que durante décadas apareció concentrado bajo una misma marca familiar.
A pocos años de que se cumpla un siglo de la empresa fundada por Diego Cisneros, la confusión persiste porque el apellido sobrevivió al conglomerado. El nombre, si bien sigue siendo uno de los más reconocibles del empresariado venezolano, guarda que detrás de él ya no hay una sola empresa ni una sola economía familiar.












