Bloomberg Línea — El alza del petróleo tras las disrupciones en Medio Oriente está elevando las presiones inflacionarias en América Latina y obligando a revisar al alza las previsiones para 2026, según un informe de Goldman Sachs (GS).
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El documento parte de un cambio relevante en el escenario base del crudo. La firma elevó sus proyecciones y ahora anticipa al “Brent relajándose solo a US$90 para diciembre de 2026 (antes US$80) y a US$80 para diciembre de 2027”, lo que implica un entorno de precios más altos por más tiempo. Este ajuste responde a una disrupción más prolongada en los flujos energéticos, pues la recuperación de la producción también está siendo más lenta.
Ese nuevo nivel de precios cambia la forma en que el petróleo impacta la inflación. El informe estima que “un shock de 10% en el precio del petróleo eleva la inflación en América Latina en aproximadamente 30 puntos básicos”, estableciendo una relación directa entre energía y precios al consumidor. Este vínculo se amplifica porque el impacto no se limita al combustible, sino que se extiende a fertilizantes, químicos y otros insumos industriales.
Inflación más alta y presión generalizada en precios
El principal ajuste del informe se concentra en las expectativas inflacionarias. Goldman Sachs revisó al alza su previsión para la región y ahora proyecta que la inflación alcanzará 8,0% en 2026, frente al 7,8% estimado previamente, con una moderación posterior a 5,8% en 2027.
La revisión no es homogénea. Argentina encabeza el incremento con una proyección de 29,0%, seguida por Brasil con 5,0%, Chile con 4,2% y Colombia con 6,5%. Ecuador también registra un ajuste al alza hasta 2,7%, mientras que México se mantiene en 4,5% y Perú sube a 3,6%. Este patrón refleja tanto la exposición al petróleo como las políticas internas de precios.
El informe señala que “los riesgos para los precios al consumidor se están ampliando más allá de los combustibles”, lo que introduce una dinámica más persistente. A medida que el shock energético se filtra en las cadenas productivas, la inflación deja de ser un fenómeno puntual y adquiere un carácter más estructural. Este escenario refuerza la idea de una inflación más persistente en la región, en un momento en el que los bancos centrales aún no consolidan el proceso de desinflación.
Un elemento central es el grado de traslado de los precios internacionales a los consumidores. En países como Chile y Perú, donde los precios locales siguen más de cerca las referencias globales, los aumentos han sido más pronunciados.
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En contraste, economías como Brasil, Colombia y México han utilizado subsidios o mecanismos fiscales para amortiguar el impacto, lo que contiene parcialmente la inflación en el corto plazo, pero genera distorsiones fiscales.
Un aumento generalizado en la región:
- Argentina: sube a 29,0% (+100 pb)
- Brasil: sube a 5,0% (+20 pb)
- Chile: sube a 4,2% (+40 pb)
- Colombia: sube a 6,5% (+20 pb)
- Ecuador: sube a 2,7% (+30 pb)
- México: sin cambios en 4,5% (0 pb)
- Perú: sube a 3,6% (+40 pb)
- América Latina (promedio): sube a 8,0% (+28 pb)
En Argentina, la presión inflacionaria se ve amplificada por el comportamiento de los combustibles. El banco asegura que los precios de la gasolina han subido algo menos de 30% en lo que va del año y cerca de 20% desde el inicio del conflicto en Medio Oriente.
El banco estima que, si los precios internacionales se mantienen en los niveles actuales, la gasolina aún podría subir cerca de 10% adicional, lo que seguiría trasladando presión sobre la inflación en los próximos meses.
Ganadores y perdedores: el rol de ser exportador o importador
El efecto del petróleo sobre el crecimiento introduce una divergencia clara entre países. Goldman Sachs destaca que “el impacto en el crecimiento depende de si un país es exportador o importador neto de petróleo”, estableciendo el eje principal de diferenciación regional.
En ese contexto, Argentina, Brasil, Colombia y Ecuador se benefician de precios más altos del crudo, ya que el aumento de ingresos por exportaciones compensa parte de la presión inflacionaria. En cambio, Chile, México y Perú enfrentan un efecto adverso, dado que mayores costos energéticos deterioran sus términos de intercambio.
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Este contraste explica por qué el ajuste en crecimiento es moderado a nivel agregado, pero más visible en economías específicas. El informe proyecta que la región crecerá 1,9% en 2026, ligeramente por debajo del 2,0% previo, con recortes más marcados en México, cuya estimación baja a 1,3%, y en Chile, que se reduce a 1,9%.
El canal de transmisión no se limita al comercio exterior. El documento advierte que “un endurecimiento de 10 puntos básicos en las condiciones financieras globales reduce el crecimiento en América Latina en aproximadamente 10 puntos básicos”, lo que conecta el shock energético con el entorno financiero internacional. A esto se suma el impacto de una desaceleración global, que también se traslada a la región.
Los riesgos hacia adelante
Frente a este escenario, la respuesta de los bancos centrales aparece condicionada por la naturaleza del shock. Goldman Sachs espera “que la mayoría de los bancos centrales miren más allá del shock de oferta impulsado por el petróleo”, siempre que no se desanclen las expectativas de inflación.
Sin embargo, el margen de maniobra es limitado en algunos países. En Brasil, el deterioro de las expectativas inflacionarias llevó a elevar la proyección de la tasa Selic a 13,25% hacia finales de 2026, reflejando una postura más cautelosa. Este ajuste responde a un entorno en el que la inflación se mantiene elevada y la actividad económica muestra resiliencia.
El informe introduce además un escenario de riesgo en el que el shock energético se prolonga o se intensifica. En ese caso, “un shock de petróleo más largo y profundo podría cambiar el foco de la política desde la inflación hacia el crecimiento”, lo que sugiere un dilema más complejo para las autoridades monetarias.
La trayectoria futura dependerá de la evolución del conflicto en Medio Oriente, de la recuperación de la oferta energética y de la reacción de los mercados. Mientras tanto, el aumento del petróieo ya redefine las expectativas de inflación en América fatina y desplaza ei equilibrio macroeconómico hacia un entorno de mayor presión sobre precios y menor margen de política.