PIB, empleo y mercados: así se siente el impacto de la IA en Estados Unidos

La inversión en inteligencia artificial ya aporta 0,4 puntos porcentuales al crecimiento del PIB de Estados Unidos y podría repetir esa contribución en 2026, consolidando su peso en el ciclo económico.

Por

Bloomberg Línea — La inteligencia artificial dejó de ser una narrativa bursátil para convertirse en un vector medible en el PIB, el empleo y los mercados financieros. Los datos de inversión, adopción empresarial y productividad permiten observar su huella en tiempo real.

Ver más: ¿El Brent está camino a los US$100? La tensión entre Irán y EE.UU. presiona al petróleo

Oxford Economics estima que el impulso ya es visible en las cuentas nacionales de Estados Unidos. Bernard Yaros y Matthew Martin señalan que “la inversión en IA impulsó el crecimiento real del PIB en 0,4 puntos porcentuales en 2025, lo que es una contribución grande para cualquier industria”, una magnitud que sitúa al sector como uno de los principales motores del ciclo actual.

El fenómeno no se limita a un efecto estadístico. El gasto en infraestructura, semiconductores, software y centros de datos, junto con el comportamiento del mercado laboral y la rotación sectorial en bolsa, revela que la economía comienza a reconfigurarse en torno a este nuevo ciclo tecnológico.

El dividendo del PIB y el ciclo de inversión

El análisis de Oxford Economics anticipa que la inversión vinculada a la IA en EE.UU. tendrá este año una contribución al crecimiento real del PIB similar a la registrada en 2025, lo que implica un aumento de US$200.000 millones en gasto nominal respecto al año anterior. El impulso se distribuye entre equipos de procesamiento de información, gasto en I+D, construcción de centros de datos, estructuras energéticas y exportaciones netas de bienes y servicios vinculados a esta tecnología.

El desglose de las cuentas nacionales sugiere que el efecto podría estar subestimado en algunos componentes debido a la clasificación de importaciones de hardware, aunque también existe el riesgo de sobreestimación en I+D. Aun con esas salvedades, el volumen agregado confirma la magnitud del ciclo.

Goldman Sachs (GS) refuerza este diagnóstico. Joseph Briggs y Sarah Dong indican que “la inversión relacionada con la IA en las cuentas nacionales de EE.UU. continúa aumentando y ahora se sitúa US$271.000 millones por encima de su nivel de 2022”.

Además, los analistas de renta variable prevén que los ingresos globales de semiconductores crezcan 43% desde los niveles actuales hacia finales de 2026. El flujo de hardware también ofrece señales, ya que “los envíos de hardware relacionado con IA desde Taiwán al mundo aumentaron aún más hasta US$56.000 millones en enero”.

Suscríbete al newsletter Línea de Mercado, una selección de Bloomberg Línea con las noticias bursátiles más destacadas del día.

El epicentro de este ciclo reside en los grandes proveedores de nube. El capex de los hyperscalers alcanzó US$412.000 millones en 2025 y el consenso apunta a US$660.000 millones en 2026 y US$792.000 millones en 2027. La revisión al alza de estos planes de inversión se convirtió en un indicador adelantado de la profundidad del ciclo.

El canal financiero amplifica el efecto macroeconómico. Oxford Economics recuerda que cada dólar adicional de riqueza bursátil eleva el consumo en US$0,05, lo que vincula la revalorización de las acciones tecnológicas con el gasto de los hogares.

Sin embargo, la monetización de estas inversiones se ha convertido en el foco de escrutinio. Ryan Hammond, de Goldman Sachs, advierte que “después de un par de años en los que la IA fue el motor de crecimiento de los retornos del S&P 500, para nosotros, la operación de IA simplemente parece mucho más complicada en 2026”, reflejo de una etapa en la que el mercado exige resultados tangibles.

Adopción empresarial y productividad

El ritmo de adopción constituye la variable crítica para evaluar la difusión de la tecnología. Oxford Economics identifica una brecha persistente entre uso actual y uso planificado que anticipa aceleración en los próximos meses. La encuesta Business Trends and Outlook Survey muestra que 18,9% de los establecimientos en Estados Unidos utilizan IA y que la proporción podría elevarse a 22,1% en seis meses.

Briggs y Dong subrayan que hay un liderazgo de servicios de información, servicios profesionales, educación y finanzas. Las empresas con más de 250 empleados registran una tasa de adopción de 34,8%, mientras que el mayor incremento reciente en Estados Unidos se observa en compañías de 50 a 99 empleados.

El impacto en la productividad constituye el componente más incierto y a la vez más relevante para el crecimiento potencial. Goldman Sachs observa que “grandes impactos en la productividad laboral en las áreas limitadas donde la IA generativa ha sido desplegada”, y añade que los estudios académicos implican un aumento promedio de 24% en productividad, frente a mejoras cercanas a 32% según testimonios empresariales.

Ver más: La IA obliga a Wall Street a replantear cuánto valdrán las empresas a largo plazo

Los datos oficiales comienzan a reflejar esta relación. Industrias con mayor tasa de adopción muestran un crecimiento de productividad superior en el último año, aunque la evidencia permanece acotada a sectores específicos.

Mercado laboral y reconfiguración bursátil

El mercado laboral ofrece una señal más matizada. Oxford Economics detecta que la tasa de desempleo en ocupaciones expuestas a IA ascendió a 3,8% en diciembre desde 3% en enero, un incremento superior al promedio nacional de EE.UU. en el mismo período, con mayor intensidad en trabajadores menores de 34 años, cuya tasa alcanzó 5,3%.

El aumento se explica, en parte, por un incremento de la oferta laboral. La tasa de participación entre menores de 34 años subió 0,6 puntos porcentuales desde julio hasta 70,7%, frente a 0,2 puntos en el total nacional. En este contexto, una moderación en la contratación genera mayor presión sobre el desempleo sin necesidad de un choque exclusivo derivado de la IA.

Goldman Sachs señala que “el impacto de la IA en el mercado laboral se está volviendo más visible pero sigue siendo estrecho”, con contracciones de 5.000 a 10.000 empleos mensuales en sectores como marketing, diseño gráfico y tecnología, mientras solo 8.000 empleados fueron afectados por despidos corporativos atribuidos a IA en enero. Al mismo tiempo, el empleo en construcción vinculado a centros de datos aumentó en 216.000 puestos desde 2022.

En los mercados financieros, la disrupción sectorial se ha hecho evidente. Hammond identifica que “la palabra definitoria del mercado de 2026 hasta ahora ha sido ampliación”, en referencia a la rotación hacia acciones fuera de Estados Unidos, pequeñas capitalizaciones y sectores cíclicos, al tiempo que áreas como software y servicios legales enfrentan revisiones de valoración ante la rapidez de despliegue de aplicaciones sectoriales.

La dimensión geopolítica añade complejidad. Jared Cohen, analista de Goldman Sachs, sostiene que “la verdad es que la IA no es una sola carrera”, aunque reconoce que “Estados Unidos lidera en general, especialmente en términos de chips, modelos y ventas”.

Ver más: La inteligencia artificial deja el chat: BofA anticipa la etapa de la inversión en robots

La brecha en inversión también es significativa, ya que los US$70.000 millones que se espera inviertan firmas chinas de internet representan entre 15% y 20% del nivel previsto en Estados Unidos. No obstante, cuellos de botella energéticos e infraestructura de transmisión podrían limitar la expansión, en un contexto en el que los centros de datos presionan las tarifas eléctricas.

El balance final muestra un ciclo de inversión que ya aporta 0,4 puntos porcentuales al crecimiento anual del PIB en EE.UU., un mercado laboral que comienza a reflejar ajustes sectoriales sin desplazamientos masivos y un mercado bursátil que transita desde la euforia hacia una fase de diferenciación.

La magnitud del capex proyectado y la trayectoria de adopción determinarán si el escenario converge hacia una expansión prolongada o si el ciclo enfrenta una corrección vinculada a expectativas de demanda o restricciones energéticas. En cualquier caso, la inteligencia artificial va camino a dejar de ser una promesa para convertirse en un factor estructural en la dinámica macroeconómica.