Bloomberg Línea — El petróleo sigue lejos de los máximos que muchos inversionistas esperaban tras el cierre del Estrecho de Ormuz y el deterioro de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán. Además, las bolsas globales mantienen una resistencia mayor a la prevista, frente a uno de los mayores riesgos geopolíticos para el sistema energético mundial.
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Para Citi (C), la explicación no pasa por una sola variable. El banco sostiene que la economía global enfrenta el shock con inventarios todavía elevados, una menor dependencia estructural del petróleo y señales intermitentes de desescalada diplomática, que limitan las apuestas especulativas más agresivas.
Aunque el Brent llegó a tocar US$126 por barril, el mercado retrocedió rápidamente hacia la zona de US$100. Anthony Yuen, analista de Citi, afirma que “los mercados petroleros están subestimando la duración y los riesgos extremos”, aunque añade que el mercado continúa descontando algún tipo de resolución militar o diplomática entre Washington y Teherán.
La entidad mantiene una previsión de US$120 para el Brent a corto plazo y considera que el sesgo sigue siendo alcista si las negociaciones continúan deteriorándose.
Aun así, el informe sostiene que parte del mercado sigue apostando por una reapertura parcial o total del estrecho de Ormuz hacia finales de mayo, una expectativa que ha impedido una escalada sostenida de los precios energéticos.
Inventarios, China y expectativas de desescalada
Uno de los factores que más ha moderado el impacto del conflicto ha sido el uso de inventarios acumulados desde 2022. Citi sostiene que las reservas comerciales y estratégicas han permitido cubrir parte de la pérdida de suministro derivada de las interrupciones en Ormuz, aunque advierte que ese margen comienza a estrecharse.
El informe señala que “las grandes reducciones de inventarios acumulados desde 2022 han ayudado a cerrar la brecha entre la mayor pérdida de suministro y la aparente caída de la demanda”. Sin embargo, también advierte que una prolongación del conflicto podría obligar a los gobiernos a actuar con más cautela respecto al uso de reservas estratégicas.
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La Agencia Internacional de Energía también contribuyó a contener el mercado mediante una liberación de 400 millones de barriles, de los cuales cerca de 200 millones ya habrían ingresado al sistema hacia finales de abril. Ese flujo ayudó a aliviar parte de la presión sobre los precios, incluso cuando los inventarios estadounidenses de gasolina y destilados comenzaron a caer con rapidez.
El comportamiento de China también alteró el equilibrio global. Citi estima que Beijing redujo sus importaciones de crudo en alrededor de 2,4 millones de barriles diarios entre abril y mayo, hasta unos 9,2 millones de barriles por día, frente al promedio de 11,6 millones registrado en 2025.
Ese ajuste redujo presión sobre el mercado físico global porque permitió absorber parte del shock de oferta sin recurrir a una caída inmediata del consumo interno. Según el informe, China pudo reducir compras externas gracias a menores necesidades de almacenamiento y a un recorte de exportaciones de combustibles refinados.
Yuen sostiene que “la capacidad de China para reducir importaciones de petróleo potencialmente depende de su capacidad para flexibilizar al menos dos de sus necesidades de uso de petróleo”, entre ellas la acumulación de inventarios y las exportaciones de derivados.
El impacto va más allá de China. Menores exportaciones chinas de combustibles obligan a otros refinadores a cubrir parte de ese vacío, lo que redistribuye tensiones dentro del sistema energético global sin provocar todavía una ruptura completa del mercado.
A eso se sumó el efecto de los titulares sobre posibles avances diplomáticos. Citi señala que las noticias sobre potenciales negociaciones o escenarios de desescalada provocaron caídas bruscas del petróleo cada vez que aumentaban las posiciones especulativas. El banco afirma que “nadie que quiera mantener posiciones largas quiere quedar atrapado si existe una desescalada sostenible”.
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¿Por qué las bolsas y la economía resisten mejor?
El informe también explica por qué las bolsas y parte de la economía global han mostrado una resistencia mayor a la observada en otros shocks petroleros.
La primera razón es estructural. Citi considera que el petróleo representa hoy una proporción menor del gasto de los consumidores que en décadas anteriores, mientras sectores menos dependientes de la energía, como tecnología, tienen un peso mucho mayor dentro de Wall Street.
La política fiscal también ha jugado un papel central. Subsidios, límites a precios de combustibles, reducciones temporales de impuestos y recomendaciones de teletrabajo ayudaron a contener el impacto sobre los hogares, especialmente en economías desarrolladas.
Ese respaldo evitó una destrucción de demanda más severa. Para Citi, los consumidores todavía no enfrentan plenamente el aumento de los precios internacionales del petróleo porque parte del shock sigue siendo absorbido por los gobiernos. El riesgo es que esa estrategia pierda efectividad si la disrupción energética se prolonga durante más meses.
El golpe sobre la demanda también se concentró en segmentos menos sensibles para el gasto cotidiano. Citi estima que cerca de la mitad de la destrucción de demanda detectada hasta ahora proviene de la nafta y del combustible para aviación.
“La aviación pertenece más a la categoría de gasto discrecional que los consumidores pueden optar por evitar sin afectar tanto el gasto general”, explica el informe. En paralelo, menores tasas de utilización en la industria petroquímica afectan primero a inventarios industriales antes de trasladarse al consumo masivo.
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Ese patrón ayuda a explicar por qué el mercado todavía no refleja un escenario de crisis económica global pese al deterioro geopolítico en Medio Oriente. La evolución de las negociaciones entre Washington y Teherán y la velocidad de caída de los inventarios serán claves para el mercado durante las próximas semanas.