Bloomberg Línea — Las monedas de América Latina han resistido la reciente fortaleza global del dólar e incluso algunas divisas vinculadas a exportadores de energía han recuperado pérdidas frente a la moneda estadounidense, pero Goldman Sachs (GS) advirtió que el shock petrolero ya está trasladándose a la inflación regional y complicando el panorama para los bancos centrales.
Ver más: Del boom al ajuste: desplome del precio del cacao presiona a productores de América Latina
El banco sostuvo que, tras el conflicto en Medio Oriente, “Latam ha mostrado hasta ahora una resiliencia notable, pero de ninguna manera es inmune al aumento de los precios internacionales del petróleo y sus derivados”, mientras que “la mayor parte de nuestras revisiones macroeconómicas han sido sobre inflación (al alza) más que sobre crecimiento (a la baja)”, escribió Alberto Ramos, jefe de investigación macroeconómica para América Latina de Goldman Sachs.
Ese cambio es relevante porque altera la dinámica que predominó durante buena parte de 2025. La fortaleza de varias monedas latinoamericanas había ayudado a contener la inflación de bienes importados, pero el encarecimiento del petróleo comenzó a trasladarse hacia combustibles y servicios, sectores con mayor impacto persistente sobre los precios al consumidor.
Goldman Sachs elevó su proyección de inflación regional para 2026 a 8,0% desde 6,6% antes del conflicto. Entre los mayores ajustes aparecen Argentina, cuya previsión subió a 29,0% desde 22,5%; Chile, a 4,2% desde 2,8%; y Perú, a 3,7% desde 2,4%. En Colombia, el banco ahora proyecta una inflación de 6,5% para 2026.

Desde el inicio de la guerra entre EE.UU. e Israel en contra de Irán, varias monedas de América Latina resistieron la fortaleza global del dólar e incluso registran ganancias frente a la divisa estadounidense. El guaraní paraguayo (USDPYG) y el real brasileño (USDBRL) encabezaron las alzas en la región, mientras monedas como el peso mexicano (USDMXN) y el peso colombiano (USDCOP) también han logrado apreciarse.
Sin embargo, esa fortaleza cambiaria no ha impedido que el encarecimiento de la energía comience a trasladarse a la inflación regional.
Inflación y petróleo presionan a los bancos centrales
El informe señala que la inflación regional “ya no es un trabajo en progreso, es un trabajo en reversa”, con una inflación de servicios persistentemente elevada en América Latina. Goldman indicó que la inflación de servicios corre actualmente en 5,4% anual, frente a 5,1% un año atrás, mientras la inflación de combustibles aceleró a 2,5% anual en marzo desde una caída de 1,5% en febrero.
El banco considera que el deterioro es especialmente relevante, porque ocurre en economías donde la inflación ya se mantenía elevada antes del shock petrolero, entre ellas Brasil, México y Colombia. Eso reduce el margen para flexibilizar la política monetaria pese a la desaceleración económica en parte de la región.
En México, Goldman Sachs afirmó que “el ciclo de normalización de tasas probablemente ha concluido”, después de que Banxico redujera la tasa de referencia a 6,50% en mayo. Sin embargo, el banco considera que la autoridad monetaria sigue otorgando “significativamente más peso al débil panorama de crecimiento que a la inflación subyacente y de servicios alta y persistente”.
→ Suscríbete al newsletter Línea de Mercado, una selección de Bloomberg Línea con las noticias bursátiles más destacadas del día.
La economía mexicana sigue mostrando señales de debilidad. Goldman estima que el PIB cayó 0,8% trimestral ajustado estacionalmente en el primer trimestre de 2026 y redujo su previsión de crecimiento anual a 1,2%. Ramos señaló que “la inversión se verá impactada por la incertidumbre doméstica y externa”, incluida la revisión del T-MEC.
Brasil muestra una dinámica distinta. Goldman proyecta que el país lideró el crecimiento regional durante el primer trimestre, apoyado por un mercado laboral sólido y transferencias fiscales que sostienen el ingreso real de los hogares. Aun así, considera que el entorno inflacionario se volvió “significativamente más desafiante” debido al shock petrolero, el deterioro de expectativas de inflación y la fortaleza de la demanda interna.
El banco espera que la inflación brasileña cierre 2026 cerca de 5% y proyecta que la tasa Selic terminará ese año en 13,25%, frente a una previsión previa de 12,50%.

Monedas fuertes amortiguan parte del impacto
Pese al deterioro inflacionario, Goldman destacó que los activos latinoamericanos reaccionaron favorablemente tras el conflicto en Medio Oriente. “Los precios de las acciones subieron, las monedas se fortalecieron y las tasas locales se comprimieron”, escribió Ramos.
Las monedas de exportadores energéticos estuvieron entre las más favorecidas. El banco señaló que el real brasileño y el peso colombiano “fueron de los activos con mejor desempeño y registraron una reversión completa de las pérdidas de marzo frente al dólar estadounidense”.
Esa apreciación cambiaria ayudó a contener la inflación de bienes transables, que Goldman ubica en 2,7% anual. Sin embargo, el efecto compensatorio del tipo de cambio pierde fuerza cuando el aumento del petróleo comienza a extenderse hacia combustibles, transporte y servicios.
Ver más: Wall Street proyecta un nuevo mercado con el commodity clave de la era de la IA
Colombia aparece como uno de los casos más sensibles dentro del nuevo escenario regional. Goldman elevó su previsión de inflación para 2026 a 6,5% y atribuyó buena parte del aumento al incremento de 23% del salario mínimo y a riesgos crecientes fuera del componente subyacente tradicional.
El banco también prevé nuevas alzas de tasas por parte del banco central colombiano y estima que la tasa de política monetaria alcanzará 12,25%. El entorno político sigue añadiendo incertidumbre antes de las elecciones presidenciales, en una carrera que Ramos describió como abierta y marcada por encuestas volátiles.

En Argentina, Goldman sostuvo que el gobierno de Javier Milei mantiene “una firme ancla fiscal” y continúa cumpliendo las metas acordadas con el FMI, aunque reconoció que el crecimiento sigue débil y la inflación permanece rígida. El banco señaló que “los desafíos, políticos y sociales, han aumentado, y el margen de error se ha reducido”.
La combinación entre monedas relativamente fuertes, petróleo más caro e inflación persistente redefine ahora el principal desafío macroeconómico regional. El foco de los mercados pasa de la resistencia cambiaria hacia la capacidad de los bancos centrales para contener nuevas presiones inflacionarias sin profundizar la desaceleración del crecimiento.













