Panamá

Deudores apoyan flexibilidad de la banca panameña

Reestructuraciones fueron particularmente numerosas en los sectores más afectados por la crisis, como hoteles, restaurantes y transporte.

El supervisor del sector bancario en Panamá obliga a los bancos a presentar informes sobre el tamaño y estructura de la cartera de préstamos diferidos, señala el Banco Mundial
12 de abril, 2022 | 10:53 AM

Ciudad de Panamá — La resiliencia del sector bancario a los efectos de la pandemia se vio respaldada por una amplia gama de medidas, que en el caso de Panamá les dieron más tiempo y flexibilidad a los deudores para cumplir sus obligaciones financieras en medio del trauma económico provocado por la pandemia, señala el Banco Mundial en un reciente informe.

Esta acción, añade la entidad de crédito internacional, le evitó a los bancos tener que clasificar a estos préstamos como dudosos (o de mención especial).

A febrero de este año la cartera de crédito local registró un saldo de $55,412.9 millones, un incremento de $1,269.5 millones, o sea un2.3%, respecto a igual periodo del 2021.

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Los datos de la nación canalera, de acuerdo con el Banco Mundial, muestran que las reestructuraciones fueron particularmente numerosas en los sectores más afectados por la crisis, como hoteles, restaurantes y transporte.

No obstante, se indica que la mayoría de las reestructuraciones crediticias afectaron a los préstamos concedidos al sector doméstico (consumo, hipotecas, tarjetas de crédito y automotores), subrayando el impacto de la pandemia en la capacidad de repago de los hogares.

Esta semana la agencia de calificación crediticia Moody´s Investors Service (Moody´s) mantuvo la perspectiva “estable” de siete sistemas bancarios de América Latina, entre ellos Panamá, Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Colombia y Perú, y revisó la perspectiva a “estable” en dos sistemas (Centroamérica y el Caribe, y Chile).

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La perspectiva “estable” está respaldada por las condiciones macroeconómicas y operativas, así como por los sólidos fundamentos crediticios de los bancos, lo que según la calificadora ayudará a manejar la incertidumbre derivada de la creciente inflación y la volatilidad global que debe afectar, aunque en menor escala, la actividad económica regional.

El Banco Mundial, por su parte, advierte en su informe que en algunas jurisdicciones de América Latina las repercusiones de las recientemente levantadas medidas de tolerancia normativa siguen empañando la confiabilidad de los indicadores prudenciales, dado que la existencia de reestructuraciones generalizadas podría ocultar un riesgo persistente de insolvencia por parte de los deudores y subestimar el riesgo crediticio de los bancos.

Indica que los bancos también pueden tener el incentivo de realizar reestructuraciones perpetuas o “perennes”, algo que quitaría recursos a los créditos para la producción.

El Banco Mundial aconseja que, para minimizar estos riesgos, los supervisores deben asegurar un proceso adecuado de monitoreo y presentación de informes.

Detalla que el supervisor del sector bancario en Panamá obliga a los bancos a presentar informes detallados sobre el tamaño y estructura de la cartera de préstamos diferidos y a realizar una evaluación de la capacidad de pago de los deudores.

“Esta información puede ayudar a entender el porcentaje de préstamos diferidos que presentan un riesgo elevado y prever su impacto futuro sobre los préstamos dudosos. También es fundamental que los bancos mantengan reservas de capital suficientes para enfrentar cualquier deterioro en la calidad de los activos”.

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Sigue habiendo focos de vulnerabilidad, aunque para el Banco Mundial en la mayoría de los países de América Latina y el Caribe los coeficientes de suficiencia de capital permanecieron estables o incluso aumentaron durante la pandemia, a medida que los bancos redujeron el pago de dividendos y los activos ponderados por riesgo, mientras que asoma una recuperación incipiente de la rentabilidad bancaria.

El análisis del organismo multilateral registra que las reservas de capital parecen ser escasas en algunos sectores bancarios de América Central y el Caribe.

Los países de la región, añade, también deben seguir mejorando sus marcos para la resolución de insolvencias y deudas para asegurar que cualquier insolvencia eventual en el sector privado no resulte en procedimientos dilatados y en resultados ineficientes que obstaculicen una reasignación eficiente del capital y restrinjan el reingreso de los empresarios a la economía.

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