EE.UU.

Acuerdo entre EE.UU. y el Talibán empujó a Afganistán al colapso: organismo

El inspector general especial para la reconstrucción cita en un informe preliminar errores en la guerra más larga de EE.UU.

En esta fotografía tomada el 1 de mayo de 2017, soldados del Ejército Nacional Afgano (ANA) se entrenan en el centro de entrenamiento militar de Kabul (KMTC) en las afueras de Kabul.
Por Tony Capaccio
18 de mayo, 2022 | 12:53 PM

Bloomberg — El acuerdo de Estados Unidos con el Talibán, forjado bajo la gestión de Donald Trump e implementado bajo el gobierno del presidente Joe Biden, fue “el factor más importante” en el rápido colapso de las fuerzas de Afganistán cuando las tropas estadounidenses se retiraron de ese país el año pasado.

Al igual que en Vietnam décadas antes, EE.UU. “gastó años y miles de millones de dólares entrenando y equipando” a las Fuerzas de Seguridad Nacional afganas “sólo para verlas colapsar rápidamente frente a insurgencias mucho menos equipadas una vez que se retiró el apoyo logístico, de equipamiento y aéreo de EE.UU.”, dijo John Sopko, el Inspector General Especial para la Reconstrucción de Afganistán (SIGAR), en un informe “provisional” de lecciones aprendidas publicado el miércoles.

EE.UU. destinó US$146.000 millones a la reconstrucción de Afganistán, de los cuales unos US$90.000 millones se destinaron a la creación de las fuerzas de seguridad del país, integradas por 300.000 miembros. A lo largo de 20 años, el conflicto causó la muerte de 2.443 soldados estadounidenses y 1.144 aliados. Sopko dijo anteriormente que es probable que murieran muchos más de los 66.000 soldados afganos y 48.000 civiles estimados.

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El acuerdo entre EE.UU. y el Talibán, que prometía que las tropas estadounidenses se retirarían si el Talibán se comprometía a impedir las operaciones terroristas de Al Qaeda y el Estado Islámico, “introdujo una enorme incertidumbre en la relación entre EE.UU. y Afganistán”, escribió Sopko. Muchas de sus disposiciones aún no son públicas, dijo, “pero se cree que están contenidas en acuerdos secretos, escritos y verbales, entre enviados estadounidenses y talibanes.”

Incluso sin tener acceso a las disposiciones secretas, “muchos afganos pensaron que el acuerdo entre EE.UU. y el Talibán era un acto de mala fe y una señal de que EE.UU. estaba entregando Afganistán al enemigo mientras se apresuraba a salir del país”, escribió Sopko. “Su efecto inmediato fue que el acuerdo degradó” la moral de las fuerzas de seguridad.

Tras la firma del acuerdo, el nivel de apoyo del ejército estadounidense disminuyó, incluyendo una importante caída de los ataques aéreos en 2020, tras el nivel más alto del año anterior, dijo Sopko.

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“El colapso del gobierno anterior era previsto y evidente” después del acuerdo “porque la administración dependía totalmente de la presencia de fuerzas extranjeras”, dijo por teléfono Inamullah Samangani, un portavoz adjunto de el Talibán. El grupo militante reconquistó Afganistán en agosto del año pasado tras dos décadas de guerra y tras la caótica retirada de EE.UU. y sus tropas aliadas.

El depuesto presidente Ashraf Ghani y su círculo íntimo, incluido el exasesor de seguridad nacional Hamdullah Mohib, huyeron del país mientras el Talibán avanzaban hacia la capital, Kabul. Ghani dijo más tarde que se había ido para evitar más derramamiento de sangre o una nueva guerra civil que destruiría todo lo que el país ha construido o logrado durante el lapso de 20 años.

La misión de construir una fuerza viable en Afganistán abarcó a cuatro presidentes estadounidenses, siete secretarios de Estado, ocho secretarios de Defensa e igual número de jefes del Mando Central, según el informe.

Entre otras condiciones que socavaron el gobierno de Afganistán, según Sopko, estuvo el nombramiento por parte del presidente Ashraf Ghani de leales no calificados, “dejando de lado a la joven generación” de oficiales militares con estrechos vínculos con EEE.UU. Otra fue la incapacidad del gobierno de Ghani para establecer una estrategia viable que pudiera asumir la responsabilidad de la seguridad en todo el país tras la retirada de las fuerzas estadounidenses.

Las tropas afganas “no sólo habían perdido el apoyo de EE.UU. para las operaciones ofensivas, sino que ya no sabían si las fuerzas estadounidenses acudirían en su defensa o cuándo lo harían”, ya que “la inacción de EE.UU. alimentó la desconfianza” entre las fuerzas de seguridad “hacia EE.UU. y su propio gobierno”.

El Talibán “no capturó la mayoría de los distritos y provincias mediante la victoria militar”, escribió Sopko. “En su lugar, los funcionarios del gobierno local, los ancianos tribales y los comandantes de las ANSF negociaron las rendiciones”.

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Para algunos soldados afganos, escribió Sopko, “luchar contra el Talibán era una paga, no una causa por la que mereciera la pena perder la vida”.

A preguntas el martes sobre las críticas a la retirada de EE.UU., el portavoz del Pentágono, John Kirby, dijo a periodistas que “era hora de que esa guerra terminara, hora de traer el resto de esas tropas a casa”, y añadió que no ha habido ningún ataque del tipo del 11 de septiembre contra EEE.UU. desde entonces.

-Con la asistencia de Eltaf Najafizada.

Este artículo fue traducido por Estefanía Salinas Concha.

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