Colombia rumbo a una desaceleración económica por ciclo alcista de tasas del banco central

El más reciente Informe de Política Monetaria del Banco de la República anticipa que la recuperación perderá tracción desde 2026, en un escenario marcado por alzas aceleradas en la tasa de interés.

De acuerdo con las proyecciones técnicas del Banco de la República, el PIB pasaría de crecer 2,9% en 2025 a 2,6% en 2026 y apenas 1,6% en 2027, niveles inferiores al promedio histórico previo a la pandemia.
05 de febrero, 2026 | 03:39 PM

Bloomberg Línea — La economía colombiana estaría entrando en la fase final de su recuperación, presionada por un endurecimiento monetario más rápido de lo previsto y un crecimiento que se desacelerará de forma sostenida en los próximos años.

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Es probable que el staff del Emisor haya recomendado a la Junta aumentar en 100 puntos base la tasa de interés en enero, 75 básicos en marzo y 50 más en abril para llegar a una tasa de 11,50% al inicio del segundo trimestre”, señala Alejandro Rojas, economista senior de Banco de Bogotá, en su análisis del Informe de Política Monetaria del banco central.

De acuerdo con las proyecciones técnicas del Banco de la República, el PIB pasaría de crecer 2,9% en 2025 a 2,6% en 2026 y apenas 1,6% en 2027, niveles inferiores al promedio histórico previo a la pandemia.

Dice Rojas que el enfriamiento comenzaría a sentirse con mayor claridad desde el cuarto trimestre de 2026, justo cuando los efectos del alza de tasas se transmitan de lleno a la actividad productiva y al consumo.

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El diagnóstico parte de una preocupación central del Emisor: anclar las expectativas de inflación en el menor tiempo posible. Según el IPM y las minutas recientes, el Banco de la República priorizaría llevar la tasa de intervención a su nivel máximo del ciclo alcista de manera acelerada, para contener el potencial deterioro en la inflación y sus expectativas derivados del fuerte incremento del salario mínimo pese a que esto puede tener repercusiones negativas en actividad.

Bajo este escenario, con una inflación cercana a 5,6% en abril —como prevé el propio banco central— y una tasa en 11,50%, la autoridad monetaria tendría margen para pausar y evaluar la evolución macroeconómica antes de definir nuevos movimientos.

Sin embargo, el impacto de ese ajuste monetario no sería neutro. Un incremento rápido y sorpresivo de las tasas empezaría a moderar la demanda interna hacia finales de 2026, afectando tanto el canal del crédito como el del tipo de cambio.

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Por un lado, el mayor costo del financiamiento incentivaría el ahorro y desincentivaría la toma de nuevos préstamos, golpeando el consumo y la inversión privada. Por otro, tasas internas más altas favorecerían una apreciación del peso, con efectos directos sobre los ingresos externos de la economía.

Esa apreciación cambiaria implicaría menores ingresos en pesos por concepto de remesas, exportaciones de café, ventas externas no tradicionales y, en general, por las fuentes de divisas provenientes del exterior. La combinación de crédito más caro y un tipo de cambio menos competitivo terminaría conteniendo la actividad económica, en un contexto en el que el crecimiento ya muestra señales de agotamiento estructural.

El escenario descrito por el equipo técnico del Emisor también tiene implicaciones políticas y fiscales. De materializarse estas proyecciones, el próximo gobierno iniciaría 2027 no sólo con una situación fiscal exigente, sino además con una economía que empezaría a debilitarse de forma más visible, según Rojas.

Al final el ciclo alcista de tasas del Banco de la República responde a decisiones discrecionales del Gobierno como aumentar fuertemente el salario mínimo, incluso por encima de lo pedido por las centrales obreras, y tener un amplio déficit fiscal que presiona la prima de riesgo país y que hace que como economía tengamos tasas de interés más altas y el Banco de la República se vea optado por abogar a ella.

Esta situación genera un menor crecimiento implica menores ingresos tributarios y menos espacio de maniobra para atender compromisos de gasto, justo en un momento en el que las demandas sociales y las presiones presupuestales seguirán en aumento.

En ese sentido, el mensaje del Informe de Política Monetaria es claro: para cumplir su deber constitucional que es preservar el valor de la moneda el Banco de la República tiene que optar por mayores tasas de interés aun si ello implica aceptar un menor ritmo de expansión económica en los próximos años.

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Para los mercados, las empresas y los hogares, el reto estará en adaptarse a un entorno de tasas altas por más tiempo, menor impulso de la demanda y una economía que dejará atrás, definitivamente, el rebote postpandemia.

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