Inflación 2026: ¿Por qué el mercado no cede ante el Banco Central de Colombia?

La inflación esperada para el cierre de 2026 sigue por encima del 6% pese al alza de un punto porcentual en las tasas. Analistas advierten que el mercado espera mayor evidencia antes de corregir de forma sostenida sus proyecciones.

El arranque de 2026 estuvo marcado por una decisión de política monetaria más agresiva de lo previsto por parte del banco central colombiano.
23 de febrero, 2026 | 05:00 AM

Bloomberg Línea — El incremento de 100 puntos básicos decidido en enero por el Banco de la República no logró, al menos por ahora, anclar de forma contundente las expectativas de inflación. Tanto las encuestas de analistas como los indicadores implícitos en el mercado de deuda pública muestran que el mercado anticipa presiones persistentes de precios y una convergencia más lenta hacia la meta del 3%.

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“En la encuesta de expectativas del Banco de la República se observa un ajuste relativamente pequeño en las proyecciones a uno y dos años. Si bien va en la dirección correcta, parecería insuficiente frente a la magnitud del ajuste en la tasa de interés”, afirmó Camilo Pérez, director de Investigaciones Económicas del Banco de Bogotá.

El arranque de 2026 estuvo marcado por una decisión de política monetaria más agresiva de lo previsto. En su reunión de enero, la autoridad monetaria elevó la tasa hasta 10,25%, buscando enviar una señal clara de compromiso con el control de la inflación, en un contexto de deterioro de las expectativas tras el significativo incremento del salario mínimo para este año.

Sin embargo, de acuerdo con ANIF, la respuesta de política monetaria “no ha logrado moderar en la misma medida las expectativas de inflación”, dado que tanto las encuestas como los indicadores de mercado apuntan a una inflación aún elevada. El centro de pensamiento señala que, pese al ajuste, “no se evidenciaron cambios significativos en las expectativas de inflación a corto, mediano y largo plazo”.

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Las cifras de la encuesta del banco central para febrero muestran una leve revisión a la baja frente a enero, pero en niveles todavía altos.

Para el cierre de 2026, la mediana pasó de 6,4% en enero a 6,3% en febrero, muy por encima de la meta. Para 2027, la expectativa se mantuvo en 4,8%, tras haber subido desde 3,8% en diciembre.

Este comportamiento, según ANIF, confirma un desanclaje de las expectativas a pesar de la reacción claramente restrictiva del emisor.

El mercado de deuda pública refuerza ese diagnóstico. Con información hasta la segunda semana de febrero, el Break-Even Inflation —que mide la inflación implícita en los TES— se ubicó en 7,4% a un año, 6,5% a cinco años y 6,3% a diez años, con un promedio de 6,7%.

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Estos niveles reflejan que los inversionistas no anticipan una convergencia rápida hacia el 3%.

Para Pérez, este movimiento en las expectativas es apenas el inicio del proceso de ajuste. “Podría decirse que este movimiento es apenas una ‘cuota inicial’ en la reacción de las expectativas. Nuestra visión es que, en esta primera etapa, por más contundente que sea el ciclo de ajuste —de cien puntos básicos y posiblemente repetido en las próximas reuniones—, será difícil controlar las expectativas en el muy corto plazo”, sostuvo.

El economista explicó que parte de la dificultad radica en que el choque de precios ya ocurrió y que sólo en los próximos meses, cuando la tasa alcance un nivel más alto, habrá mayor claridad sobre el efecto en la demanda.

Además, señaló que confluyen múltiples factores: el impacto del salario mínimo, la caída en precios de combustibles, energía y gas, la posible aparición de un fenómeno climático y el comportamiento de la tasa de cambio.

“La reacción más clara probablemente se verá hacia el segundo trimestre, cuando haya, primero, mayor evidencia de la inflación observada, es decir, de cómo se están comportando efectivamente los precios, y segundo, cuando el mercado haya tenido más tiempo para asimilar las noticias encontradas”, indicó Pérez. A su juicio, el banco central “deberá ser paciente para observar una reacción más evidente en materia de expectativas”.

Desde otra perspectiva, Daniel Velandia, director de Investigaciones Económicas de Credicorp Capital, considera que la credibilidad del banco no es hoy el eje central de la discusión. “Creo que, en este contexto, la credibilidad no es el factor central, especialmente cuando ha estado presionada por acciones del Gobierno. El comportamiento reciente de la inflación se explica, en buena medida, por el altísimo gasto público y, más recientemente, por el deterioro de las expectativas asociado al salario mínimo”, afirmó.

Velandia subrayó que el banco central está reaccionando a eventos en buena parte inesperados durante el último año.

“Las expectativas no muestran una reacción muy fuerte, pero ese era el primer objetivo: evitar que siguieran subiendo. Si se observan plazos un poco más largos, incluso la expectativa a 12 meses también descendió. Ese es el primer efecto: lograr que las expectativas de inflación dejen de aumentar”, explicó.

En esa línea, sostuvo que, si bien se consiguió ese objetivo inicial, el proceso está lejos de concluir. “Se consigue ese objetivo inicial, pero evidentemente se requiere una acción contundente para que, más adelante, comiencen a caer de manera sostenida. Por ahora, nuestra expectativa es un incremento de 75 puntos básicos en la reunión de marzo”, anticipó.

El análisis de ANIF coincide en que, de mantenerse el panorama actual, las próximas decisiones podrían contemplar nuevos aumentos significativos en la tasa de interés en busca de anclar las expectativas y facilitar la convergencia hacia la meta en el mediano plazo. El documento advierte que el desanclaje generalizado “es una señal de alerta” para la autoridad monetaria.

En síntesis, el mensaje que envían las cifras es claro: el endurecimiento monetario era necesario, pero aún no es suficiente.

Las expectativas de inflación para 2026 se mantienen por encima del 6%, el mercado no descuenta un retorno rápido al rango meta y los analistas prevén más ajustes.

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El reto del Banco de la República será persistir en su estrategia hasta lograr que las expectativas no solo dejen de subir, sino que comiencen a descender de manera sostenida, en un entorno marcado por choques de oferta, presiones fiscales y alta sensibilidad del mercado frente a nuevas sorpresas inflacionarias.

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