Bloomberg Línea — “El oro reafirmó su rol como activo refugio, registrando un fuerte incremento en enero debido a mayor incertidumbre global, tensiones geopolíticas y expectativas de una política monetaria más flexible”, dice el centro de estudios ANIF en su más reciente Comentario Económico, que describe cómo el metal precioso comenzó el año con un desempeño sobresaliente en medio de un entorno internacional complejo.
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El documento recuerda que “el oro ha sido tradicionalmente considerado un activo refugio y reserva de valor, especialmente en contextos de alta incertidumbre económica, política o financiera”.
A diferencia de las acciones, “su demanda tiende a aumentar cuando se intensifican las dudas sobre el rumbo de la economía global o cuando las expectativas de inflación y de debilidad de las monedas de reserva se fortalecen”.
Por ello, “muchos inversores lo utilizan como cobertura contra volatilidad de mercados, depreciaciones del dólar y tensiones geopolíticas”.
En ese contexto, “al comenzar 2026, los mercados vivieron un rally extraordinario del oro”. El precio del metal “subió durante gran parte de enero, impulsado por una percepción de mayor riesgo global, tensiones geopolíticas, expectativas de recortes futuros de tasas por parte de la Reserva Federal y una debilidad del dólar que lo hizo más atractivo fuera de Estados Unidos”.
Ese impulso llevó al oro “a alcanzar máximos históricos en la última semana de enero, superando incluso los US$5,400 por onza en ese periodo”.
Sin embargo, a final de enero se produjo un giro. “El punto de quiebre se produjo el 30 de enero, tras la potencial nominación de Kevin Warsh como presidente de la Reserva Federal, interpretada por los mercados como una señal de tasas de interés altas por más tiempo, lo que fortaleció el dólar y golpeó al oro”.
El anuncio fue “inicialmente interpretado por los mercados como una señal de que la Fed podría adoptar una postura más ortodoxa, es decir, mantener tasas de interés altas por mayor tiempo”.
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Como consecuencia, “el metal precioso inició una corrección abrupta, con caídas de precios del orden del 8,9% que se intensificaron al día siguiente debido a que la Bolsa de Metales de Chicago (CME) anunció que subiría las garantías exigidas para operar contratos de futuros sobre metales”.
En la práctica, “esto obligó a muchos inversionistas a poner más dinero para mantener sus posiciones; quienes no pudieron hacerlo tuvieron que vender rápidamente lo que aceleró aún más la caída del precio”.
El ajuste no fue aislado. “Al mismo tiempo, los mercados accionarios, incluido el S&P 500, reaccionaron a este cambio en las expectativas de política monetaria, aunque de forma más moderada”. Mientras el oro corrigió con fuerza, “las acciones mostraron una mayor resistencia, reflejando que el episodio fue más un reacomodamiento de portafolios que un deterioro generalizado del apetito por riesgo”.
En paralelo, “se observa un ligero repunte en los bonos del tesoro estadounidense, lo que sugiere que parte de los inversionistas optó por moverse hacia activos considerados más estables y predecibles”.
En un entorno de “mayor fortaleza del dólar y expectativas de tasas altas por más tiempo”, los bonos “recuperaron el atractivo como alternativa de refugio, mientras que el oro perdió parte de la prima defensiva que había acumulado durante el inicio del año”.
En conjunto, “la evolución reciente del precio del oro confirma su papel como activo refugio, pero también pone de manifiesto su sensibilidad a cambios en las expectativas de política monetaria y a ajustes técnicos de mercado”.
El repunte inicial respondió “a un entorno de elevada incertidumbre”, mientras que la corrección estuvo asociada “a un cambio en el mensaje de la Reserva Federal, al fortalecimiento del dólar y a un reacomodamiento de posiciones financieras”.













