Bloomberg Línea — El Banco de la República publicó las memorias de lo que ocurrió en la reunión de política monetaria del pasado 31 de marzo en la que el ministro de Hacienda, Germán Ávila, abandonó la Junta inconforme tras ser derrotado en votación.
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De acuerdo con las minutas de política monetaria, el grupo mayoritario votó por incrementar la tasa de interés de política en 100 puntos básicos, al considerar que el contexto inflacionario y las expectativas justificaban continuar con un ciclo de ajustes.
Para estos miembros, la evolución reciente de los precios y los riesgos externos exigían una postura más estricta para asegurar el retorno de la inflación a la meta.
Desde su perspectiva, “en la sesión de enero había previsto que la decisión adoptada en ese momento por la Junta no era suficiente para contrarrestar el aumento en las expectativas de inflación y mantener la postura contractiva de la política monetaria”, por lo que señalaron que dicha decisión sería “solo el inicio de un nuevo ciclo monetario”.
También subrayaron que “el comportamiento de la inflación total y básica observado en los dos primeros meses del año, al igual que el fuerte aumento de las expectativas de inflación de los analistas y de las implícitas en los mercados de deuda pública, confirman la necesidad de proseguir con el ciclo de ajustes”.
Este grupo advirtió, además, que los riesgos externos reforzaban su postura. Señalaron que “las implicaciones de la guerra desatada en el golfo pérsico ya ha empezado a generar alzas sobre los precios de los combustibles, los fertilizantes y otros productos básicos que podrían acentuar las presiones inflacionarias en Colombia y el mundo”.
Igualmente indicaron que “el alivio en regulados observado en febrero no implica una disipación generalizada de las presiones inflacionarias”, y resaltaron que “la inflación anual en servicios continuó aumentando al alcanzar 6.5% en febrero superior a su registro de diciembre (5.9%)”.
Si bien las votaciones de la Junta son secretas al público, el mercado calcula que los votos por subir 100 básicos fueron del gerente Leonardo Villar, y los codirectores Mauricio Villamizar, Bibiana Taboada y Olga Lucía Acosta, los cuatro integrantes de esa instancia que han sido atacados por el presidente Petro.
Los miembros que votaron por una reducción de 50 puntos básicos, en donde estaría el ministro Ávila, sostuvieron una visión distinta sobre el origen de la inflación y el papel de la política monetaria.
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Para este grupo, el comportamiento de los precios no obedecía principalmente a excesos de demanda, sino a factores externos y mecanismos de indexación.
En esa línea afirmaron que “la inflación observada ha mostrado una reducción importante frente a los picos alcanzados en años anteriores y que esta responde más a choques de oferta y a la indexación a la inflación pasada que a excesos de demanda que justifiquen una postura contractiva de la política monetaria”.
También señalaron que “los conflictos geopolíticos generan choques de oferta como el alza en los precios del petróleo e incrementos en los costos de transporte internacional que elevan los precios de los bienes e insumos agropecuarios importados que la política monetaria no puede neutralizar”.
Este grupo insistió en que el nivel actual de tasas ya es suficientemente restrictivo. En sus palabras, “la postura de política monetaria ya es altamente contractiva al tenerse en Colombia una de las tasas de interés reales más altas de la región junto con Brasil”.
Así mismo advirtieron que “un incremento adicional de la tasa de interés de política ampliaría aún más el diferencial cambiario, lo que acentuaría la revaluación del peso colombiano, afectando al sector exportador”.
También cuestionaron el uso de las expectativas como guía central de la política monetaria. Argumentaron que “las expectativas obtenidas a partir de encuestas recogen principalmente las opiniones de los analistas del sector financiero, las cuales no son expectativas reales, sino que reflejan los intereses del sector financiero”.
Añadieron que “no consideran fiables las medidas de expectativas a partir de los mercados de deuda”, pues sostienen que estas incorporan factores adicionales como primas por riesgo, liquidez y condiciones regulatorias.
Por su parte, el miembro que votó por mantener inalterada la tasa de interés adoptó una postura intermedia basada en la persistencia de los efectos económicos de la pandemia y la incertidumbre global.
El integrante de la Junta consideró que el proceso de ajuste económico aún no ha concluido y que nuevas alzas podrían afectar la confianza y la inversión.
Según su intervención, “el ciclo de crisis provocado por la pandemia aún no se estabiliza y, para el caso colombiano, se observa recomposición de la estructura económica tanto en lo productivo como en el empleo, efectos que aún no se pueden medir”.
También sostuvo que “en momentos de crisis, en los que la incertidumbre no genera incentivos a la inversión y genera distorsión en las expectativas, el Estado puede cumplir un papel activo para generar confianza”.
Este miembro también expresó reservas sobre los efectos de nuevas alzas en la tasa de interés y sobre el proceso de formación de expectativas.
Señaló que “castigar la estructura económica en estos momentos podría resultar más costoso, en especial cuando el ciclo de disminución de la tasa después de la pandemia llegó de forma tardía y partimos de tasas de interés muy altas”.
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Finalmente, indicó que existe “insuficiencia del análisis de encuestas para comprender globalmente el proceso de formación de expectativas”, al considerar que estas suponen que los agentes procesan la misma información y tienen comportamientos homogéneos.













