Bloomberg Línea — Estados Unidos y El Salvador firmaron una declaración conjunta para cerrar las negociaciones de un acuerdo de cooperación nuclear con fines pacíficos, un paso institucional que habilita a la nación centroamericana a acceder a tecnología de reactores y combustible estadounidense.
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El “Acuerdo 123”, en referencia a una sección de la Ley de Energía Atómica de Estados Unidos de 1954, constituye el requisito legal indispensable para que Washington autorice la exportación de material nuclear significativo.
Hasta la fecha, EE.UU. ha suscrito una veintena de acuerdos de este tipo que cubren a 50 países, entre los que figuran Francia, Reino Unido, Japón, Emiratos Árabes, Canadá, India, así como Argentina, Brasil y México.
El Departamento de Estado y el Gobierno de Nayib Bukele acordaron “trabajar juntos en los pasos necesarios previos a la firma y la entrada en vigor del acuerdo”.
La iniciativa tiene una aplicación práctica para la estrategia de El Salvador, que ya ha visitado referentes como la central nuclear de Almaraz en España, además de fijarse la meta de capacitar a 400 profesionales en energía atómica y contar con su primer reactor nuclear de investigación para 2030.
La firma de la declaración de intenciones, ocurrida el 13 de marzo, pretende acelerar el cronograma, puesto que el acuerdo abre la puerta a empresas estadounidenses para proveer Reactores Modulares Pequeños (SMR, por sus siglas en inglés) y asesoría técnica, lo que permitirá al país diversificar su matriz eléctrica ante un consumo que supera los 6.100 gigavatios hora anuales y con proyecciones de duplicarse para 2050.
El Gobierno salvadoreño estima que la energía nuclear podría aportar hasta un 26% de esa demanda futura. De acuerdo con la embajadora de El Salvador en EE.UU., Milena Mayorga, el país tendrá energía nuclear en siete años.
Con este marco legal, el Organismo para la Implementación del Programa de Energía Nuclear (OIPEN), creado en julio de 2024 y operando bajo la tutela de la Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica del Río Lempa (CEL) de El Salvador, podrá avanzar en los estudios de localización de plantas y en la instalación de reactores con aplicaciones que van desde la generación eléctrica hasta usos médicos y agrícolas.
El documento fue rubricado por el director general de Energía, Hidrocarburos y Minas de El Salvador, Daniel Álvarez, y el subsecretario de Estado, Thomas G. DiNanno, quien destacó el compromiso de trabajo conjunto previo a la entrada en vigor del acuerdo.
“Este hito fortalece la asociación bilateral, promueve la seguridad energética y apoya la cooperación económica”, dijo el funcionario, en un post en X.
Con el acuerdo, El Salvador estaría obligado a cumplir con nueve criterios de no proliferación, garantizando que el material transferido no sea utilizado para fines militares ni para dispositivos explosivos nucleares, bajo la fiscalización del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
Asimismo, otorgaría a Estados Unidos derechos de consentimiento sobre el enriquecimiento y reprocesamiento del material suministrado, y que el material o equipo transferido no se utilice para un dispositivo explosivo nuclear ni para ningún otro fin militar.
Días antes, el 10 de marzo, el país también firmó un memorando de entendimiento con la Comisión Reguladora Nuclear de Estados Unidos (NCR), en Rockville, Maryland, que apoyará el uso seguro de la tecnología nuclear mediante el intercambio de información técnica y prácticas regulatorias.












