Bloomberg — El asesinato de “El Mencho”, uno de los narcotraficantes más buscados de México, puede ser tanto una bendición como una maldición para la presidenta Claudia Sheinbaum.
Se trató de una victoria política tanto dentro como fuera del país, y la señal más clara hasta el momento de que había salido de la sombra de su predecesor con un duro golpe contra una de las organizaciones de narcotraficantes más peligrosas del país.
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No obstante, como demostraron los videos difundidos el domingo sobre los incendios de automóviles y los bloqueos de carreteras, también podría dar lugar a una mayor desestabilización de la ya frágil seguridad que vive la nación.
A pesar de ser una gran oportunidad para las fotos oficiales y un material excelente para los guiones de Hollywood, los expertos aseguran que el hecho de eliminar al líder de un cartel no implica necesariamente que se reduce su control sobre el país.
Por el contrario, existe el riesgo de que se produzca un vacío de poder que, sin duda, provocará más violencia. Hay quienes temen que la persecución desvíe la atención de los problemas de desapariciones y homicidios que el país, con una población de unos 130 millones de habitantes, debe afrontar a diario.
Según Gladys McCormick, experta en seguridad de la Universidad de Siracusa, “la estrategia de ir a por los cabecillas de los cárteles permite obtener beneficios a corto plazo. Es muy eficaz para generar un golpe de dopamina al pensar que estamos haciendo algo contra los cárteles, pero tan pronto como la próxima semana podríamos ver un efecto de fragmentación que entra en juego”.
Sheinbaum se está apartando de los preceptos del expresidente Andrés Manuel López Obrador, cuya popularidad la ayudó a llegar al poder tras desempeñarse como jefa de Gobierno de Ciudad de México. Su estrategia pasiva permitió que los cárteles con los que los gobiernos mexicanos han lidiado, y a veces se han involucrado ilícitamente, ampliaran su control sobre vastas zonas del país.
También diversificaron sus negocios mucho más allá de las drogas, profundizando en el robo de combustible, la extorsión y la minería.
El Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) encarna claramente esa tendencia. En los últimos años se volvió más visible y poderoso, exhibiendo vehículos fuertemente blindados y utilizando ataques con drones.
Su modelo de franquicia permitió una rápida expansión a más de 40 países en todo el mundo, según EE.UU. Algunos investigadores estiman que los grupos criminales están ahora entre los principales empleadores de México.
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“Este fue el último clavo en el ataúd de la estrategia de ‘abrazos, no balazos’”, afirmó McCormick, en alusión a la política de López Obrador de atender las causas de raíz de la actividad criminal y la capacidad de los cárteles para reclutar jóvenes.
Además de la amenaza latente de más violencia, Sheinbaum aún debe lidiar con el presidente Donald Trump, quien en reiteradas ocasiones ha ofrecido el poder militar de Estados Unidos para ayudar a México a adoptar un enfoque más decisivo contra las organizaciones criminales.
Incluso tras los elogios iniciales por el operativo para abatir a “El Mencho” este domingo, su homólogo del norte dijo que México debía “dar un paso más”.
“La exigencia de EE.UU. va a continuar. Tendría que haber una estrategia distinta o mas amplia en México”, dijo Catalina Pérez Correa, investigadora de políticas de drogas en Ciudad de México.
“Se detienen a sus cabezas, pero no se detienen las condiciones que permiten que haya ganancias económicas por parte de las organizaciones”. Cortar sus fuentes de financiamiento es clave para ver resultados reales, agregó.
Empresa violenta
El crecimiento del CJNG es, en gran medida, la historia de cómo los grupos criminales en México se armaron y proliferaron frente a una ofensiva militar de dos décadas que resultó ineficaz y violenta.
Oseguera, quien fue deportado de Estados Unidos tras cumplir condena por cargos de drogas en la década de 1990, fundó el cártel de Jalisco hace unos 15 años cuando surgió un vacío de poder tras la muerte del líder de otro cártel mexicano.
El CJNG, como se le conoce por sus siglas, se convirtió en un importante proveedor de fentanilo, metanfetamina y cocaína para el mercado de Estados Unidos.
La Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) señaló que un pequeño grupo de altos mandos reportaba directamente a Oseguera, quien usó miles de millones en ganancias para ampliar la huella global del cártel y tomar el control de importantes puertos en la costa del Pacífico.
El CJNG “rápida y violentamente” se convirtió en una de las organizaciones criminales transnacionales más poderosas de México y del mundo, según un informe liderado por el Consorcio Nacional para el Estudio del Terrorismo y Respuestas al Terrorismo. “El CJNG es una amenaza criminal organizada a la seguridad distinta a las experimentadas anteriormente”, señala el reporte.
En 2015, el cártel derribó un helicóptero militar que participaba en un operativo para capturar a “El Mencho”. En 2020, el grupo asesinó al exgobernador de Jalisco mientras cenaba y en 2019 mató a 13 policías en una emboscada.
El año pasado, el hallazgo de restos humanos en un rancho de Jalisco utilizado por el CJNG provocó indignación por la aparente indiferencia del gobierno. Sheinbaum ha prometido un enfoque de seguridad multifacético y destacó el arresto de un alcalde de su propio partido previamente este año como señal de que nadie quedaría exento.
Quienes advierten sobre el riesgo de eliminar a un líder de cártel, especialmente de la talla de Oseguera, señalan lo ocurrido en el estado de Sinaloa como prueba de que las consecuencias pueden tardar meses o incluso años en resolverse.
La detención de Ismael “El Mayo” Zambada, líder de una facción del cártel de Sinaloa, en 2024 desató una guerra interna que ha dejado más de 2.400 muertos y ha alterado gravemente la vida cotidiana de un millón de residentes y negocios en ese estado del oeste del país.
La violencia, que el mes pasado incluyó el secuestro de 10 trabajadores de una mina operada por una empresa canadiense, se ha convertido en un foco para las fuerzas de seguridad bajo el gobierno de Sheinbaum, que asumió el poder el mismo año en que estalló la pugna interna del cártel de Sinaloa. Posteriormente, las autoridades identificaron cinco de los cuerpos.
El domingo, el Cártel Jalisco Nueva Generación hizo sentir de inmediato a nivel nacional su rechazo por la muerte de Oseguera. Medios locales reportaron bloqueos carreteros, ataques contra comercios y vehículos incendiados en 22 estados, una demostración del poder y alcance geográfico del cártel.
“Jalisco está estructurado de manera más laxa conforme se desciende en la cadena de mando que Sinaloa, y además tienen un portafolio mucho más diversificado”, dijo McCormick.
La reacción inmediata en algunas partes del país fue una muestra de ese poder, agregó, al señalar a los estados de Michoacán, Veracruz, Colima y Guanajuato como lugares que podrían registrar mayor violencia de cárteles.
Cambio regional
Latinoamérica ha observado en meses recientes cómo EE.UU. mató a más de 100 personas en embarcaciones presuntamente vinculadas al tráfico de drogas. Una operación militar estadounidense en Venezuela en enero terminó con la captura del presidente Nicolás Maduro, quien ahora enfrenta cargos por facilitar el narcotráfico.
Así, los gobiernos de la región sienten la presión, en parte por Estados Unidos y en parte porque el crimen y la violencia siguen entre las principales preocupaciones ciudadanas.
En Colombia, el controvertido plan de paz del presidente Gustavo Petro con grupos armados permitió la generación de cantidades récord de cocaína y un inicio violento de la temporada electoral. Incluso con pocos meses restantes en el cargo, ha enfrentado una presión enorme de Trump.
En Brasil, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que busca la reelección, ha intentado una estrategia centrada en combatir el financiamiento de los cárteles.
Una redada masiva en el centro financiero de São Paulo el año pasado se llevó a cabo sin gran repercusión, mientras que una operación policial que terminó con la muerte de más de 100 personas en Río de Janeiro recibió amplio respaldo popular.
Para México, el problema es tanto interno como externo, mientras Sheinbaum ha insistido en que su gobierno ha logrado una disminución de más de 40% en homicidios desde que asumió el cargo.
Trump ha mencionado las importaciones de fentanilo hacia Estados Unidos y las sobredosis de sus ciudadanos como motivo para intervenir en asuntos de América Latina desde el inicio de su segundo mandato. Analistas señalan que ha sido un argumento conveniente para un gobierno que busca una presencia más amplia y agresiva en la región.
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Cuando un reportero preguntó si México estaba preparado para las consecuencias de un cambio en el equilibrio de poder dentro del cártel de Jalisco, el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, rostro de buena parte de la estrategia de seguridad del gobierno, respondió que estaban atentos a “cualquier tipo de reacción que haya o de reestructuración dentro del cártel, primero, que vaya a ser violenta”
El secretario de Defensa, Ricardo Trevilla, dijo el lunes que el gobierno de Sheinbaum ha intensificado la destrucción de laboratorios de drogas y, a un nivel más estructural, ha fortalecido la Guardia Nacional que complementa a las Fuerzas Armadas tradicionales y ha mejorado sus capacidades de inteligencia.
Muchos mexicanos que han visto episodios similares, incluso durante la presidencia de Felipe Calderón, aún no se sienten tranquilos. La muerte de Oseguera puede recordar la captura del líder de cártel Edgar Valdez Villarreal, conocido como “La Barbie”, en 2010 o la persecución de Joaquín “El Chapo” Guzmán.
Pero McCormick sostiene que, al analizarlo de cerca, es bastante distinto.
“García Harfuch y Sheinbaum se vieron obligados a adoptar esta estrategia, pero se están centrando activamente en la coordinación y la colaboración con las autoridades locales”, afirmó. “Es un enfoque diferente al de Calderón”.
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