¿Acciones, oro o bonos? UBS calculó cuál fue el activo más rentable en 126 años de historia

Un siglo y cuarto de datos comparables entre países muestra una jerarquía clara. La diversificación y la disciplina de largo plazo emergen como factores clave.

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Bloomberg Línea — Determinar qué activos generaron mayor rentabilidad en 126 años exige separar percepciones de evidencia. El Global Investment Returns Yearbook 2026 de UBS, elaborado con datos desde 1900, ofrece una respuesta basada en series históricas comparables entre países y clases de activos.

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El estudio compila retornos reales de acciones, bonos, letras del Tesoro, divisas y oro, con una metodología homogénea que permite evaluar el desempeño acumulado y anualizado bajo distintos entornos económicos. La pregunta central es directa: ¿qué activo recompensó más al inversionista en el largo plazo?

Dan Dowd, responsable de Investigación Global de UBS Investment Bank, sostuvo que “esta perspectiva histórica es especialmente importante en un momento en que la concentración del mercado, el cambio tecnológico y la incertidumbre geopolítica son elevados”. Para el experto, el análisis permite “entender cómo la asignación de activos, la diversificación y los principios duraderos de riesgo y rentabilidad configuran los resultados de inversión a largo plazo”.

Los datos muestran una jerarquía consistente. Desde 1900, las acciones lideran con amplitud, seguidas por los bonos y luego por las letras del Tesoro, mientras que la inflación erosiona de forma acumulativa el poder adquisitivo.

Acciones, bonos y letras: la jerarquía histórica del rendimiento

El informe establece que las acciones han sido el activo líquido con mejor desempeño en todos los países con historiales continuos. Una inversión inicial de US$1 en acciones en 1900 habría alcanzado US$124.854 en términos nominales a finales de 2025. En el mismo periodo, los bonos a largo plazo llegaron a US$284 y las letras del Tesoro a US$69, mientras que el índice de inflación terminó en US$38.

En términos reales globales, el índice mundial construido por UBS registró una rentabilidad anualizada de 5,3% para las acciones y 1,7% para los bonos en 126 años. La prima de riesgo accionaria frente a letras del Tesoro estadounidenses fue de 4,8%, lo que confirma que el exceso de retorno compensó el riesgo asumido.

Estados Unidos ocupa un lugar central en esa trayectoria. El mercado accionario estadounidense generó una rentabilidad real anualizada de 6,6% desde 1900, la más alta en moneda común entre los países analizados. El informe advierte sobre el riesgo de extrapolar ese desempeño y recuerda que la concentración actual es elevada, con 64,4% del valor bursátil mundial en manos de ese mercado.

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El propio documento señala que “extrapolar desde un mercado tan exitoso puede llevar a un sesgo de ‘éxito’”, lo que introduce una cautela metodológica al analizar retornos pasados como guía del futuro.

La comparación internacional confirma la supremacía de la renta variable. UBS indica que las acciones superaron a los bonos, a las letras y a la inflación en todos los países con datos continuos, mientras que los bonos superaron a las letras en casi todos los casos. La relación entre riesgo y retorno aparece como una constante empírica.

“Aunque los mercados y las tecnologías evolucionan, los principios fundamentales de una inversión exitosa perduran”, aseguró Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management.

Mercados desarrollados y emergentes en 126 años

La distinción entre mercados desarrollados y emergentes introduce matices. Desde 1900, los mercados desarrollados registraron una rentabilidad anualizada de 8,5% en acciones frente a 6,9% en los emergentes. Sin embargo, entre 1960 y 2025 los emergentes superaron a los desarrollados con 10,9% anual frente a 9,6%.

El índice de mercados emergentes del estudio agrupa a todos los países clasificados como en desarrollo en cada inicio de año. En 1900 contaba con siete países y en 2025 sumaba 66 en renta variable. En el conjunto de 126 años, la rentabilidad real anualizada fue de 3,8% para las acciones emergentes y de -0,3% para los bonos.

El informe atribuye la debilidad histórica a los resultados de la década de 1940, aunque muestra que desde 1960 la renta variable emergente superó a la desarrollada. En bonos, los emergentes han superado a los desarrollados en horizontes de 40, 30, 20 años y en la última década.

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“La historia sigue demostrando la importancia de la diversificación, una asignación de activos disciplinada y el mantenimiento de una perspectiva a largo plazo”, agregó Haefele.

Este comportamiento confirma que el crecimiento económico no se traduce de manera automática en mayor rentabilidad accionaria en horizontes amplios. La trayectoria depende de shocks históricos, cierres de mercado y eventos extremos que afectan la continuidad de las series.

Inflación, oro y riesgos extremos

El efecto de la inflación atraviesa todo el análisis. Aunque la inflación promedio en Estados Unidos fue de 2,9% anual desde 1900, el poder adquisitivo de US$1 en 1900 equivale a US$38 en la actualidad. El ajuste por inflación resulta determinante para evaluar rendimientos reales.

El oro ocupa un lugar particular. El informe indica que el precio real del oro en dólares aumentó 5,2 veces desde 1900, lo que equivale a una rentabilidad real anualizada de 1,3%. En los 54 años posteriores a Bretton Woods, las tasas reales fueron mayores en Estados Unidos, Reino Unido y Suiza.

La relación entre oro e inflación no es lineal. En 13 de los 28 años en los que la inflación superó 3%, el oro registró retornos negativos. La evidencia muestra que su capacidad de cobertura depende del horizonte temporal y del régimen monetario.

Los riesgos geopolíticos también aparecen en la serie histórica. El análisis econométrico del informe encuentra ausencia de relación sistemática entre un índice de amenaza geopolítica y los retornos futuros de la renta variable mundial a un mes o un año. Sin embargo, eventos extremos como las guerras mundiales o el shock petrolero de 1973 a 1974 coincidieron con algunos de los peores episodios bursátiles desde 1900.

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En contraste, tres de los cuatro mayores mercados bajistas en tiempos de paz fueron provocados por factores económicos. La conclusión es que el riesgo económico ha tenido mayor incidencia estructural en las caídas prolongadas.

La diversificación mantiene vigencia en ese contexto. El estudio muestra que una cartera global con cobertura cambiaria redujo volatilidad en la mayoría de los mercados y que una combinación 60% acciones y 40% bonos nunca cayó más de 50% en términos reales desde 1900, pese a que acciones y bonos por separado registraron pérdidas superiores a 70% en ciertos episodios.

“En periodos de incertidumbre económica y geopolítica, puede resultar fácil perder la perspectiva del horizonte de inversión a largo plazo”, destacó el profesor Paul Marsh, de la London Business School. “El Yearbook, con su base de datos que abarca 126 años, proporciona una rica fuente de información y experiencia para ayudar a los lectores a filtrar el ruido a corto plazo y aprender del pasado para invertir mejor en el futuro”.

En 126 años, la evidencia empírica coloca a la renta variable en la cima del rendimiento acumulado, con primas consistentes frente a activos de menor riesgo y frente a la inflación. Los bonos preservaron capital en términos reales, aunque con retornos inferiores, mientras que el oro cumplió un papel de resguardo en horizontes amplios sin ofrecer la misma expansión que las acciones.

La serie histórica incluye episodios de pérdida total como Rusia en 1917 y 2022 o China en 1949, además de la destrucción del mercado de bonos alemán durante la hiperinflación de 1922 a 1923. La inclusión de estos eventos evita el sesgo de supervivencia y refuerza la conclusión de que la rentabilidad de largo plazo es inseparable del riesgo.

El balance final responde a la pregunta inicial con datos acumulados. Las acciones fueron el activo que más rindió en 126 años, tanto a escala global como en la mayoría de los países analizados. El diferencial frente a bonos y letras confirma que el premio por riesgo se materializó en horizontes extensos, aunque no sin episodios de alta volatilidad y pérdidas profundas.