Bloomberg Línea — La evolución del conflicto en Medio Oriente ha obligado a revisar las previsiones de energía y mercados financieros, con escenarios que apuntan a disrupciones más persistentes en el suministro global.
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ING replantea su marco de análisis ante la falta de señales de normalización en el estrecho de Ormuz y ajustó esta semana sus previsiones de petróleo, gas, tasas de interés y divisas bajo tres trayectorias posibles del conflicto.
El punto de partida incorpora un deterioro del flujo energético que ya condiciona las expectativas de precios y crecimiento, en un entorno en el que el equilibrio del mercado depende de factores geopolíticos más que de dinámicas tradicionales de oferta y demanda.
Warren Patterson, responsable de estrategia de materias primas de ING, asegura que “los mercados energéticos están teniendo que incorporar continuamente una disrupción más prolongada en los flujos de petróleo y gas a través del estrecho de Ormuz, con pocas señales de desescalada o de reanudación de los flujos de petróleo y GNL a través del punto clave”, lo que introduce un sesgo estructural en las previsiones del banco.
El impacto inicial se traduce en cierres de producción y limitaciones logísticas que prolongan el ajuste incluso si se restablecen los flujos, con cerca de 8 millones de barriles diarios fuera del mercado según datos de la Agencia Internacional de la Energía, mientras la vulnerabilidad de la infraestructura energética añade un factor adicional de incertidumbre.
La magnitud de la disrupción también limita la capacidad de respuesta de la oferta global, con desvíos de flujos insuficientes y reservas estratégicas que solo cubren un periodo acotado, en un contexto en el que ING advierte que “la magnitud de la disrupción del suministro de petróleo hace difícil que el mercado encuentre una solución adecuada”. El banco neerlandés plantea tres escenarios para la guerra.
Escenario 1: disrupción en marzo y normalización gradual
El escenario base plantea una interrupción total de los flujos hasta finales de marzo con una recuperación progresiva durante el segundo trimestre, lo que retrasa la normalización hasta el inicio del tercer trimestre.
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En este marco, el Brent se sitúa en US$76 en el primer trimestre, sube a US$91 en el segundo y modera a US$85 en el tercero, con un promedio anual de US$82, mientras el gas natural en Europa muestra niveles de 39 euros por MWh en el primer trimestre y 50 euros en el segundo.
El ajuste en los mercados energéticos se traslada a la política monetaria. ING proyecta que la Reserva Federal mantiene una senda de flexibilización, con tasas que convergen hacia 3,25% a finales de año, en un entorno en el que el deterioro de la demanda compensa el impacto inflacionario del shock energético.
ING explica “que un shock energético corre el riesgo de ser destructivo para la demanda al erosionar el poder de gasto, lo que finalmente conduce a una menor inflación subyacente en el medio a largo plazo”, lo que condiciona la respuesta de la Fed.
En la eurozona, el Banco Central Europeo mantiene los tipos en torno a 2%, con un debate interno sobre posibles subidas que no se materializa en este escenario, mientras los mercados de deuda reflejan una presión inicial al alza en los rendimientos seguida de estabilización.
El bono del Tesoro estadounidense a diez años se mueve hacia el rango de 4,25% a 4,5% antes de moderarse, mientras el euro muestra una trayectoria de apreciación gradual hacia niveles de 1,20 frente al dólar a finales de año.
Escenario 2: desescalada rápida y recuperación temprana
El escenario optimista contempla una resolución más rápida del conflicto y una reapertura del estrecho de Ormuz en un plazo corto, lo que permite una normalización de los flujos hacia mayo.
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En este caso, el precio del Brent alcanza US$85 en el segundo trimestre y desciende a US$79 en el tercero, con un promedio anual de US$78, mientras el gas europeo reduce su presión con niveles de 40 euros por MWh en el segundo trimestre.
La trayectoria de la política monetaria se mantiene alineada con el escenario base, con la Fed aplicando recortes graduales y el BCE manteniendo su tipo de referencia sin cambios, en un contexto de menor presión inflacionaria.
El marco macroeconómico se sostiene sobre una recuperación más rápida del comercio energético, lo que reduce el impacto en crecimiento y limita la volatilidad en los mercados financieros, aunque ING advierte que este escenario requiere una desescalada acelerada y una rápida capacidad de aumento de producción.
El comportamiento de los bonos refleja una menor tensión, con rendimientos que se estabilizan en niveles inferiores a los del escenario base, mientras el euro mantiene su tendencia de apreciación gradual frente al dólar.
Escenario 3: guerra prolongada y shock de precios
El escenario más extremo incorpora una prolongación del conflicto con interrupciones casi totales hasta finales de mayo y una recuperación lenta hasta agosto, lo que introduce tensiones persistentes en el suministro energético.
En este contexto, el Brent alcanza US$120 en el segundo trimestre, se mantiene en US$115 en el tercero y cierra el año en torno a US$105, con un promedio anual de US$104, mientras el gas natural europeo sube hasta 80 euros por MWh en el segundo trimestre.
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El análisis de ING recoge que “los precios del petróleo se disparan a máximos históricos bajo este escenario, y los precios necesitarán mantenerse elevados para equilibrar el mercado mediante destrucción de la demanda”, lo que refleja la ausencia de soluciones desde el lado de la oferta.
El impacto en los mercados financieros es más acusado, con una corrección en activos de riesgo que se traduce en un descenso de los rendimientos a largo plazo, con el bono a diez años cayendo hacia el entorno de 3,75%.
La Reserva Federal responde con una postura más expansiva ante el deterioro de la actividad, mientras el BCE enfrenta presiones para endurecer la política monetaria en un contexto de inflación elevada, lo que introduce tensiones adicionales en la curva de tipos europea.
En el mercado de divisas, el euro se debilita hacia niveles cercanos a 1,10 en el corto plazo antes de recuperar terreno en la segunda mitad del año, en un entorno marcado por la divergencia de políticas y la evolución del conflicto.
El conjunto de escenarios refleja una dependencia elevada de la evolución geopolítica, con implicaciones directas en energía, inflación y crecimiento, en un momento en el que la capacidad de ajuste del mercado permanece limitada.