Guerra en Irán no frena a los emergentes y abre oportunidades para mercados de América Latina

La rotación hacia mercados emergentes entra en una fase más selectiva, con foco en utilidades, que abre espacio para nuevas entradas para América Latina.

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Bloomberg Línea — El reposicionamiento global hacia mercados emergentes entra en una nueva fase en 2026, marcada por mayor volatilidad y una asignación aún rezagada frente a promedios históricos, con América Latina destacando dentro de ese universo. Así, el flujo de capitales apunta a una segunda ola, más selectiva, con fundamentos corporativos como principal soporte del desempeño.

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El punto de partida refleja un entorno tensionado. El conflicto en Medio Oriente, junto con el repunte del petróleo, que acumula un alza de 77% en lo que va del año, ha reconfigurado las expectativas de inflación y tasas de interés, en un momento en que los mercados emergentes comenzaban a recuperar protagonismo.

Aun así, el escenario no altera la base del argumento de inversión, ya que el equipo de Renta4 liderado por César Huiman indica que “el giro en la narrativa ha sido rápido, pero no necesariamente estructural”.

El desempeño reciente respalda esa lectura. En 2025, los mercados emergentes superaron a los desarrollados por primera vez desde 2017, con retornos cercanos a 34%, mientras que en 2026 mantienen una trayectoria más resiliente de lo anticipado pese a episodios de corrección como el de marzo, cuando la renta variable global cayó cerca de 9%.

“En 2026, si bien la volatilidad ha aumentado, el desempeño ha sido más resiliente de lo esperado, aunque con un cambio claro, ya que el mercado ha pasado de una asignación generalizada hacia EM a una estrategia más selectiva”, destacaron los analistas.

Crecimiento de utilidades redefine el ciclo

La dinámica actual desplaza el foco desde la expansión de valorizaciones hacia la ejecución operativa. En ese marco, el desempeño esperado en mercados emergentes se explica principalmente por resultados corporativos, en un entorno donde las condiciones financieras siguen siendo exigentes y limitan el potencial de re-rating generalizado.

“El 2026 se perfila como un año de transición para los mercados emergentes, ya que el conflicto en Medio Oriente, el repunte del petróleo y la mayor cautela global han elevado la volatilidad justo cuando la clase de activo comenzaba a recuperar protagonismo”, dice el informe. “Sin embargo, más que invalidar la tesis de emergentes, este entorno la ha vuelto más selectiva”.

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La combinación de estos factores redefine la naturaleza del ciclo. Renta4 destaca que "el consenso sigue proyectando para EM un retorno total de 10,9%, por encima del 1,8% estimado para desarrollados”, aunque con un cambio en la composición del retorno.

América Latina se posiciona como uno de los principales beneficiarios de esta transición. La región cerró 2025 con un retorno de 46% y acumula más de 14% en 2026, con una proyección de retorno total de 24% impulsada por un crecimiento de utilidades cercano a 30%. Este patrón confirma que la valorización juega un rol más acotado, con una contracción estimada de múltiplos de 11%.

Dentro de la región, los mercados andinos concentran una parte relevante del potencial. Colombia, Perú y Chile presentan retornos esperados de 39%, 37% y 11%, respectivamente, aunque con motores diferenciados. En Perú y Chile, el impulso proviene del crecimiento de utilidades, con expansiones de EPS de 49% y 22%, mientras que en Colombia el ajuste se vincula a valorización, con un re-rating del P/E forward de 67%.

Este punto introduce una restricción relevante hacia adelante. El ajuste de múltiplos observado en 2025, con expansiones de 38% en Chile, 26% en Colombia y 17% en Perú, reduce el margen para nuevas alzas generalizadas, en un contexto donde el soporte principal permanece en los fundamentos corporativos y la exposición a commodities, particularmente cobre y oro, que registraron alzas de 42% y 65% en 2025.

El crecimiento de utilidades pasa a ser el eje central, con un avance esperado del EPS de 37% en emergentes frente a 16% en desarrollados, mientras que los múltiplos actuarían como detractor con contracciones de -29% y -16%, respectivamente.

Flujos globales: brecha abre espacio para nueva demanda

La evolución de los flujos confirma que el proceso de rotación hacia mercados emergentes aún no se ha completado. Actualmente, solo 5,2% del AUM global de renta variable está asignado a estos mercados, frente a un promedio de 6,5% en la última década, lo que implica una brecha de 1,3 puntos porcentuales equivalente a aproximadamente US$536.000 millones.

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“Si bien el conflicto ha generado una reversión parcial de flujos hacia activos defensivos, el punto de partida hoy es distinto ya que los EM continúan transando con un descuento cercano al 40% frente a desarrollados, pero ahora con condiciones macro más favorables”, escribieron los analistas de Renta4.

Ese diferencial define el espacio potencial para una segunda ola de entradas de capital. “Vemos un espacio significativo para un segundo impulso de demanda si el desempeño relativo se sostiene y la narrativa se consolida”, agregaron.

En 2025, los flujos hacia mercados emergentes se concentraron en ETF, con entradas cercanas a US$184.000 millones, mientras que los vehículos activos registraron salidas por alrededor de US$57.000 millones. Este patrón es consistente con etapas iniciales de ciclo, donde la exposición se construye antes de avanzar hacia una mayor selectividad.

América Latina captura una proporción relevante de este proceso. Si la región absorbiera 9,4% de los flujos potenciales, podría recibir cerca de US$50.000 millones, de los cuales aproximadamente US$4.800 millones corresponderían a la región andina.

Las cifras recientes ya reflejan esta tendencia: en 2025, los países andinos recibieron US$1.868 millones, mientras que en lo que va de 2026 Chile acumula US$914 millones; Perú, US$710 millones y Colombia, US$231 millones, todos por encima de sus promedios históricos.

Selectividad y commodities sostienen el atractivo relativo

El entorno macro introduce matices en la trayectoria de corto plazo. El alza del petróleo presiona la inflación global y puede endurecer las condiciones financieras, especialmente si se prolongan las disrupciones en el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del suministro mundial. Sin embargo, ese mismo contexto refuerza la posición de economías exportadoras de materias primas.

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Perú y Chile combinan este factor con ciclos de recorte de tasas en marcha, lo que sostiene las perspectivas de crecimiento, aunque con sensibilidad a presiones inflacionarias derivadas del encarecimiento energético. En paralelo, la disciplina fiscal en varios mercados emergentes contrasta con niveles de deuda superiores al 100% del PIB en economías desarrolladas.

La evolución de los flujos en 2026 sugiere continuidad en la tendencia, con una aceleración relativa en mercados que partían desde niveles más deprimidos. Bajo este esquema, la transición desde asignaciones generalizadas hacia estrategias más selectivas define la siguiente etapa del ciclo, en la que la dispersión de retornos y la ejecución corporativa adquieren mayor relevancia.