Bloomberg Línea — El dólar comenzó la primera semana completa de operaciones de 2026 con una recuperación tras los acontecimientos en Venezuela. La detención del presidente Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos generó una reacción inmediata en los mercados financieros globales. La atención se ha centrado en las posibles implicaciones de mediano y largo plazo para la oferta petrolera y el equilibrio geopolítico regional.
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La reacción inicial de los inversores fue buscar activos refugio, incluyendo el oro, el franco suizo y el propio dólar, en un contexto de incertidumbre sobre una transición política ordenada en Venezuela. Al mismo tiempo, las monedas latinoamericanas quedaron expuestas ante un eventual aumento de la percepción de riesgo regional, especialmente aquellas de países gobernados por administraciones de izquierda.
Chris Turner, jefe global de estrategia de mercados de ING, señaló que “los inversores probablemente preferirán la liquidez del dólar” y añadió que “las monedas latinas de los gobiernos de izquierda del hemisferio occidental también podrían verse presionadas hoy, especialmente el peso colombiano, pero también el peso mexicano, dada su relativa liquidez y su uso como indicador indirecto del riesgo latinoamericano”.
El impacto petrolero
El arresto de Maduro abrió una nueva fase de incertidumbre sobre el suministro de crudo venezolano, que ya enfrentaba dificultades por sanciones y deterioro estructural. Warren Patterson, jefe de estrategia de materias primas de ING, afirmó que “los acontecimientos del fin de semana no nos han llevado a cambiar nuestra visión sobre el mercado petrolero para 2026” y puntualizó que “seguimos esperando que un mercado bien abastecido influya en los precios y seguimos pronosticando que el Brent promediará US$57 por barril durante 2026”.
La producción venezolana se ubica actualmente en torno a los 900.000 barriles diarios, pero con restricciones logísticas y limitaciones derivadas de las sanciones estadounidenses. Patterson indicó que “una transición fluida, con un gobierno que también esté más dispuesto a cooperar con Estados Unidos, probablemente genere más desventajas para el mercado”.
En el corto plazo, el riesgo se concentra en una interrupción del suministro si la transición se torna desordenada. Al respecto, Patterson advirtió que “una transición más compleja pone en riesgo alrededor de 900.000 b/d de suministro”. Si bien parte de ese volumen se dirige a China, Estados Unidos importa aún cerca de 150.000 barriles diarios. Aun así, el impacto potencial se vería acotado por el contexto de un mercado global abastecido.
La posibilidad de una normalización parcial en las relaciones entre Caracas y Washington también abriría espacio para una reactivación de inversiones extranjeras en el sector energético. No obstante, la historia de expropiaciones a compañías complica ese escenario. Patterson explicó que “es más fácil decirlo que hacerlo, dado que tanto ExxonMobil como ConocoPhillips sufrieron la expropiación de sus activos en Venezuela en 2007”.
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El dólar más allá de Venezuela
En el plano político, el presidente Donald Trump declaró que Estados Unidos estaba preparado para enviar una “segunda oleada” de fuerzas militares a Venezuela, aunque finalmente no lo ha hecho. Esta declaración alimentó preocupaciones sobre un posible aventurerismo exterior, tal como lo califica ING, lo que podría reconfigurar flujos de capital hacia activos percibidos como seguros.
Turner advirtió que “si Estados Unidos se viera involucrado en una serie de operaciones confusas en varias monedas latinoamericanas, los inversores podrían tener una visión más pesimista de su impacto en el sector fiscal y el dólar”.

Por fuera del caso venezolano, el billete verde también encontró apoyo en datos macroeconómicos sólidos. El crecimiento del PIB de Estados Unidos en el tercer trimestre fue revisado al alza hasta 4,3% intertrimestral anualizado, lo que pone en duda la necesidad de recortes inmediatos en las tasas de interés por parte de la Reserva Federal. Turner señaló que “los mercados no prevén el próximo recorte de 25 puntos básicos de la Fed hasta junio y otro de 25 puntos básicos para septiembre”.
La estacionalidad también podría jugar a favor de la divisa durante el primer trimestre. Para Turner, “tras la suave tendencia estacional del dólar en diciembre, la estacionalidad se vuelve más positiva en enero y, especialmente, en febrero”. La resistencia inmediata se ubica en 98,85 en el índice DXY, y una superación de ese nivel podría llevarlo hasta 99,15.













